Reino Unido y el fin del bipartidismo

ElAvance | 11 mayo 2026

Edgar Raffa.
Comunicador.

El fin de semana pasado se dieron a conocer los resultados de las elecciones locales celebradas en el Reino Unido, en las que los partidos tradicionales, el oficialista Partido Laborista, de tendencia socialdemócrata, y el Partido Conservador, representante de la derecha tradicional han quedado rezagados frente al conservador Reform UK y las formaciones nacionalistas de Gales y Escocia.

El batacazo electoral rompe con más de un siglo de tradición política británica, caracterizada por una relativa estabilidad partidaria y considerada un modelo para democracias consolidadas. Sin embargo, desde 2019, tras el Brexit, la confianza en las organizaciones políticas tradicionales se ha visto cada vez más cuestionada.

El Reino Unido hoy parece más desunido que nunca y amenaza con poner fin al modelo que ha dominado la política del país europeo. El escenario deja al primer ministro laborista, Keir Starmer, vulnerable y en malas condiciones para mantenerse en el cargo. En el caso de la lideresa tory, Kemi Badenoch, su incursión parece no haber atraído a los conservadores decepcionados tras las administraciones de sus predecesores. Hoy, muchos de sus votantes están dando apoyo al líder de Reform UK, Nigel Farage, una figura estridente y promotora de la singularidad inglesa a toda costa, lo que hace recordar la era de Margaret Thatcher.

Farage también está conquistando no solo antiguos bastiones Tory, sino también sectores obreros, algo impensable antaño para una formación conservadora. Su crecimiento ya lo sitúa como un posible ganador en la carrera para convertirse en el primer ministro fuera de los partidos políticos tradicionales.

Aunque no ganaron, y los laboristas continúan en un debilitado segundo lugar, el crecimiento abrupto de los verdes también les afecta y los perfila como un posible sustituto del partido oficialista en el futuro.

La lectura que deja esta elección es la de un Reino Unido que parece encaminarse hacia el multipartidismo, sin que todavía se sepa hasta dónde se expandirá este sentimiento. El reto de los partidos tradicionales es ahora reconquistar la confianza perdida ante un electorado que ha preferido los extremos en lugar de la centralidad propia de la política británica.