La diplomacia tiene una prueba de fuego

ElAvance | 24 julio 2026

Los nuevos aranceles impuestos por Estados Unidos bajo criterios relacionados con la prevención del trabajo forzoso representan un desafío que la República Dominicana debe asumir con inteligencia y visión estratégica. Más allá del impacto económico inmediato, esta situación pone a prueba la capacidad del país para defender sus intereses en su principal mercado de exportación. La respuesta no puede limitarse a expresar desacuerdo. Por el contrario, debemos combinar argumentos, evidencia y voluntad de fortalecer los mecanismos de control que garanticen la integridad de nuestras cadenas de suministro. El presidente inteligentemente lanzó el decreto que pone en marcha una serie de medidas que fortalecen las acciones del país para evitar importar productos con sospechas de producción a través del trabajo forzado. En un mundo donde el comercio está cada vez más vinculado a estándares laborales y de transparencia, la diplomacia económica se convierte en una herramienta tan importante como la competitividad.

Este es el momento para que el Ministerio de Relaciones Exteriores demuestre el valor de su trabajo. La Cancillería, junto al Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes, la Dirección General de Aduanas y el sector privado, debe encabezar una ofensiva diplomática que permita explicar los avances institucionales del país y negociar una revisión de esta medida. La República Dominicana es uno de los aliados más confiables de Estados Unidos en el Caribe, un socio estratégico en materia de comercio, seguridad e inversión. Esa relación debe traducirse en un diálogo franco que permita presentar soluciones concretas, fortalecer la cooperación bilateral y despejar cualquier duda sobre el compromiso del país con el combate al trabajo forzoso.

Las grandes negociaciones internacionales se ganan con credibilidad, resultados y capacidad de construir confianza. Esta coyuntura puede convertirse en una oportunidad para modernizar nuestra legislación, fortalecer la supervisión de las cadenas de suministro y consolidar la imagen de la República Dominicana como un socio comercial seguro y responsable. El país ha demostrado en otras ocasiones que sabe convertir los desafíos en oportunidades. El presidente ya puso en acción la respuesta técnica y pragmática; pero ahora le corresponde a nuestra diplomacia hacer lo propio y demostrar que proteger el acceso de los productos dominicanos al mercado estadounidense también es una forma de proteger el empleo, la inversión y el futuro económico de miles de familias.