¿Educación de Vangardia o aulas vacías de alma?

ElAvance | 16 octubre 2026

El urgente grito por el rescate humano del sistema escolar.

El 4% del PIB en República Dominicana ha construido paredes y repartido pantallas, pero ha dejado solo al maestro y desarmada a la familia.

¿Por qué la verdadera crisis no es tecnológica, sino de valores, autoridad e integración?

Por: Lic. Arelis García López

Terapeuta Familiar, Educadora y Orientadora Escolar

En la era de la inteligencia artificial y los presupuestos millonarios para la modernización tecnológica, la educación global atraviesa un paradoja peligrosa: estamos conectando aulas a la red, pero desconectando al ser humano.

En la República Dominicana, la asignación del 4% del PIB para el gasto en educación se prometió como la panacea que transformaría nuestra realidad. Sin embargo, años después, la experiencia cotidiana en las aulas nos demuestra una verdad insoslayable: ofrecer modernización tecnológica en un sistema desgastado y deshumanizado es pintar la fachada de un edificio cuyos cimientos se están derrumbando.

La metamorfosis del aula: De la escasez con valores al caos sobrepoblado

Quienes crecimos y nos formamos en décadas pasadas recordamos aulas con limitaciones económicas infinitamente más marcadas que las de hoy. Sin embargo, en aulas de 30 o más niños existía un motor invisible pero poderoso que impulsaba a la sociedad: el respeto al maestro, la colaboración activa de los padres desde el hogar y el deseo genuino de cambiar la realidad social a través de la educación.

Hoy, la autoridad y el respeto se perciben como reliquias del pasado.

Nos enfrentamos a aulas sobrepobladas, marcadas por profundas desigualdades y por una multiculturalidad sin el debido acompañamiento pedagógico.

Asignarle a un solo maestro la tarea de gestionar la conducta, contener crisis socioemocionales, atender la diversidad inclusiva y transmitir contenidos a más de 30 o 40 estudiantes es condenarlo al agotamiento y al colapso.

“El problema de nuestra educación no es la falta de pantallas digitales; es la pérdida progresiva de la humanidad, el respeto y los límites que antes nacían en hogares seguros.”

Cuatro pilares para una transformación real y global.

Para que la escuela vuelva a ser el eje de la sociedad, debemos cambiar la dirección del currículo e integrar directrices que respondan a los requerimientos del mundo actual, rescatando la crianza en valores. Propongo cuatro transformaciones urgentes:

1- Dos maestros por aula (Co-docencia):

La complejidad actual exige superar el modelo del docente solitario. Contar con dos maestros o con un profesional de apoyo socioemocional en el aula reduce el agotamiento, personaliza la enseñanza y restablece el orden pedagógico.

2-Formación e integración en Lengua de Señas:

La inclusión real no es sentar a un estudiante con necesidades especiales al fondo del aula. Enseñar Lengua de Señas a docentes y alumnos derriba barreras y siembra desde la infancia empatía, sensibilidad y respeto por la diversidad.

3- Recuperar la autoridad y el respaldo docente:

El maestro debe volver a sentirse respaldado por el Estado y por las familias. Rescatar la autoridad no es autoritarismo; es restaurar la disciplina consciente, los límites saludables y el pacto de confianza entre el hogar y la escuela.

4- Proyecto de Autoestima contra el Acoso Escolar:

El bullying no se elimina con charlas ni sanciones tardías. Se erradica cuando dótamos al estudiante del conocimiento de su propio valor. Un niño que sabe quién es y reconoce su dignidad se vuelve inmune al acoso y no necesita la violencia para reafirmarse.

Un llamado a la consciencia colectiva, proponer esto no es una utopía.

Quimera es seguir creyendo que el futuro de la infancia se resuelve distribuyendo dispositivos electrónicos en aulas donde falta el abrazo socioemocional, la escucha activa y la estructura moral.

El rescate de la educación no es un tema exclusivo de un ministerio o de un país; es un debate urgente para toda la región y para nuestra diáspora, que contempla con preocupación cómo la pérdida de valores carcome los cimientos de la familia.

Es hora de redirigir los recursos de la nación hacia donde verdaderamente importa: el corazón, la mente y la dignidad de nuestros maestros y de nuestros hijos.

¿Qué opina sobre esta propuesta para el sistema educativo?