Del dinero rápido a una muerte prematura: los riesgos detrás de la ilusión de la vida fácil

Martin Severino | 21 octubre 2026

La búsqueda de riqueza, reconocimiento y aceptación social puede llevar a algunos jóvenes a involucrarse en actividades delictivas. Especialistas advierten sobre la influencia de las redes sociales, la presión del entorno y la falta de acompañamiento familiar, mientras programas de formación buscan ofrecer alternativas para construir un futuro.

Por Martín Severino

Santo Domingo. — Dinero rápido, vehículos de lujo, prendas costosas, reconocimiento y una vida aparentemente sin límites. Para algunos jóvenes dominicanos, estos elementos representan una imagen idealizada del éxito, una aspiración que, cuando se combina con la presión social y la falta de oportunidades, puede convertir la delincuencia en una alternativa aparentemente atractiva.

Detrás de esa promesa de riqueza inmediata, sin embargo, se esconde una realidad muy distinta: violencia, conflictos con la justicia, pérdida de oportunidades y, en los casos más extremos, una muerte prematura.

La llamada vida fácil puede convertirse en un camino de consecuencias irreversibles para quienes buscan obtener en poco tiempo aquello que, por vías convencionales, requiere años de preparación, trabajo y esfuerzo.

Pero ¿qué lleva a un joven a considerar la delincuencia como una opción para alcanzar el éxito? ¿Qué papel desempeñan la familia, las redes sociales, la presión de grupo y las oportunidades disponibles?

Para comprender este fenómeno, El Avance Media consultó a especialistas de la conducta humana y la orientación familiar, quienes coinciden en que no existe una causa única que explique el acercamiento de algunos jóvenes a las actividades delictivas.

La necesidad de pertenencia, la búsqueda de reconocimiento, la exposición constante a estilos de vida ostentosos y las dificultades para construir un proyecto personal pueden influir en determinadas decisiones.

Sin embargo, las expertas advierten que estos factores no deben analizarse de manera aislada ni utilizarse para estigmatizar a una generación completa.

La necesidad de pertenecer y aparentar

Para la especialista en conducta humana y psiquiatría Francis Báez, uno de los principales factores que pueden influir en estas decisiones es la dificultad de algunos jóvenes para tolerar la espera y comprender que alcanzar determinadas metas requiere tiempo, preparación y disciplina.

Francis Báez, psiquiatra.

La experta considera que la ausencia de supervisión, orientación y límites durante la crianza puede afectar la capacidad de los adolescentes para evaluar las consecuencias de sus acciones.

“Un joven puede elegir la delincuencia cuando este joven no ha sido estimulado, no ha sido corregido o no ha sido supervisado por sus tutores”, explicó Báez.

A su juicio, elementos como la baja autoestima, la necesidad de aceptación y la influencia del entorno pueden aumentar la vulnerabilidad de determinados jóvenes frente a propuestas que prometen beneficios económicos inmediatos.

La especialista identifica también el exhibicionismo y la competencia social como factores que alimentan la búsqueda de resultados rápidos.

Observar a otros jóvenes mostrando vehículos, cadenas, ropa de marca, bebidas costosas y otros bienes materiales puede generar frustración en quienes sienten que no cuentan con los mismos recursos.

Esa comparación constante puede transformarse en una presión personal por alcanzar un estilo de vida similar, independientemente de los medios utilizados para conseguirlo.

“Si él lo tiene a esta edad, yo también lo tendré a esa edad y yo tengo que buscar la forma de cómo conseguirlo rápido”, expresó Báez al describir el razonamiento que pueden desarrollar algunos jóvenes frente a esas comparaciones.

Para la especialista, el problema surge cuando la aspiración de progreso se convierte en una obsesión por obtener resultados inmediatos, sin considerar los riesgos ni las consecuencias de determinadas decisiones.

La familia como primer espacio de prevención

Báez aclara que la pobreza, por sí sola, no explica la participación de jóvenes en actividades delictivas.

Recuerda que numerosas personas provenientes de comunidades vulnerables han logrado desarrollarse profesionalmente mediante el estudio y el trabajo, mientras que contar con recursos económicos tampoco garantiza una formación basada en valores y responsabilidad.

Desde su perspectiva, uno de los principales desafíos se encuentra en el acompañamiento familiar.

La especialista advierte que, en algunos hogares, las responsabilidades económicas pueden desplazar el tiempo destinado a la orientación, la supervisión y la formación emocional de los hijos.

Aunque reconoce la importancia de garantizar el sustento familiar, considera necesario mantener un equilibrio entre proveer recursos materiales y ofrecer afecto, límites y acompañamiento.

La ausencia de referentes positivos puede dejar a determinados adolescentes más expuestos a la influencia de grupos que promueven conductas de riesgo.

En ese escenario, las redes sociales también desempeñan un papel importante.

Báez señala que las plataformas digitales muestran constantemente estilos de vida asociados con la riqueza, el consumo y el reconocimiento público, muchas veces sin explicar los procesos que permitieron alcanzar esos resultados.

Esa exposición puede alimentar, en algunos jóvenes, “la ambición del dinero, mas no la ambición de los estudios”.

Según la especialista, cuando esa aspiración se combina con otros factores de vulnerabilidad, algunos adolescentes pueden terminar vinculándose con actividades como la venta de drogas, los atracos y otras formas de delincuencia.

Lo que inicialmente parece una oportunidad para obtener dinero rápido puede convertirse en una sucesión de decisiones con consecuencias graves para su futuro.

Una sociedad que exige resultados inmediatos

La terapeuta familiar, educadora y orientadora escolar Arelis García López considera que la delincuencia juvenil no puede analizarse únicamente como una elección entre hacer lo correcto o lo incorrecto.

Arelis García López, terapeuta familiar.

A su juicio, se trata de un fenómeno multifactorial en el que intervienen la crianza, el entorno social, las oportunidades disponibles, las experiencias personales y los modelos de comportamiento.

La especialista explica que la adolescencia constituye una etapa de construcción de identidad, durante la cual los jóvenes buscan aceptación, reconocimiento y sentido de pertenencia.

En ese proceso, la influencia de los grupos puede resultar determinante.

Cuando un adolescente carece de referentes familiares sólidos, supervisión adecuada o herramientas emocionales para enfrentar la presión social, puede encontrar mayor dificultad para resistir conductas perjudiciales.

Sin embargo, García López insiste en que las condiciones económicas no determinan automáticamente el comportamiento de una persona.

Un joven criado en un entorno vulnerable, pero acompañado de valores, reglas claras, autoestima saludable y figuras familiares comprometidas, puede desarrollar herramientas para enfrentar las presiones externas.

“No son todos los que están ni están todos los que son”, afirmó al referirse a la necesidad de evitar generalizaciones sobre los jóvenes de los barrios dominicanos.

Para la terapeuta, uno de los cambios más importantes en las expectativas de las nuevas generaciones está relacionado con la inmediatez.

La búsqueda del éxito económico no constituye un problema en sí misma. La dificultad aparece cuando se instala la idea de que ese éxito debe alcanzarse rápidamente y demostrarse mediante bienes materiales.

“Ya nadie quiere vivir procesos”, sostuvo.

La especialista advierte que las redes sociales pueden transmitir la impresión de que cualquier persona tiene la posibilidad de convertirse en millonaria de un día para otro, simplemente porque un video se hizo viral o porque alcanzó notoriedad en internet.

Ese mensaje puede distorsionar las expectativas de algunos jóvenes sobre el tiempo y el esfuerzo necesarios para construir estabilidad económica.

Cuando aparentar se convierte en una prioridad

Vehículos de lujo, prendas costosas, fiestas, viviendas exclusivas y grandes cantidades de dinero se han convertido en símbolos de éxito dentro de determinados espacios digitales.

Para García López, el problema aparece cuando esos elementos comienzan a utilizarse como parámetros para medir el valor de las personas.

En ese contexto, el reconocimiento social puede quedar asociado exclusivamente con la capacidad adquisitiva, mientras pierden visibilidad otros indicadores de desarrollo personal, como la educación, la estabilidad emocional, el trabajo y las relaciones familiares.

La terapeuta considera que las figuras públicas y los creadores de contenido pueden desempeñar un papel positivo si utilizan sus plataformas para mostrar que detrás de los logros también existen procesos de formación, sacrificios y dificultades.

Entiende que los jóvenes necesitan referentes que expliquen que el éxito no consiste únicamente en acumular bienes ni en sentirse superiores a los demás por tener mayores recursos económicos.

García López también insiste en que la prevención requiere una responsabilidad compartida entre las familias, las escuelas, las comunidades y las instituciones públicas.

Aunque reconoce que determinados entornos pueden aumentar los factores de riesgo, considera que el acompañamiento adecuado también puede transformar las oportunidades de una persona.

“Un sistema bien estructurado con figuras que asuman su rol en la crianza saludable pueden sacar la flor de loto del peor pantano”, concluyó.

Oportunidad 14-24: una alternativa frente a la delincuencia juvenil

Frente a los factores sociales y económicos que pueden aumentar la vulnerabilidad de determinados jóvenes, las políticas de prevención y generación de oportunidades adquieren especial importancia.

En República Dominicana, una de las iniciativas gubernamentales dirigidas a esta población es el programa Oportunidad 14-24, orientado a ofrecer alternativas de formación, inserción laboral y emprendimiento a jóvenes de entre 14 y 24 años.

El programa busca facilitar herramientas que permitan a sus participantes desarrollar capacidades productivas, continuar su educación y acceder a oportunidades económicas.

El presidente Luis Abinader destacó recientemente la importancia de esta iniciativa al referirse a las estrategias de prevención de la criminalidad durante las entrevistas a aspirantes a jueces de la Suprema Corte de Justicia, realizadas por el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM).

“Lo ideal es la prevención, tener planes de prevención. Nosotros hicimos el programa 14-24 y cuando se habla de 14-24 es por esas edades”, expresó el mandatario.

Abinader señaló que las políticas preventivas deben complementar las actuaciones del sistema de justicia, de manera que la respuesta frente a la criminalidad no se limite a las sanciones penales.

Los resultados del programa

De acuerdo con las cifras acumuladas divulgadas por el Gobierno, 35,812 jóvenes han culminado su participación en Oportunidad 14-24.

Entre los resultados reportados se encuentran:

  • 12,412 jóvenes que consiguieron empleos formales y cotizan en la Tesorería de la Seguridad Social (TSS).
  • 30,104 participantes incorporados al sistema bancario.
  • Alrededor de 6,000 jóvenes que realizaron pasantías.
  • 1,059 participantes que iniciaron emprendimientos.
  • 1,648 jóvenes referidos al sistema de educación formal.

Estos indicadores reflejan las oportunidades de capacitación, empleo y desarrollo económico que el programa ha facilitado a sus participantes.

Sin embargo, las cifras corresponden a resultados acumulados y no permiten establecer, por sí solas, una relación directa entre la ejecución del programa y una reducción de la delincuencia juvenil.

Para determinar ese impacto serían necesarias evaluaciones específicas que permitan medir cambios en las condiciones de vida de los participantes y en los factores asociados con la participación en actividades delictivas.

Aun así, la iniciativa representa un ejemplo de cómo las políticas públicas pueden abordar algunos de los factores sociales y económicos vinculados con la vulnerabilidad juvenil.

La prevención comienza antes del delito

Las especialistas consultadas coinciden en que enfrentar la delincuencia juvenil requiere actuar mucho antes de que un adolescente o joven se involucre en actividades criminales.

El acompañamiento familiar, la educación, el fortalecimiento de la autoestima, la orientación emocional y la existencia de oportunidades reales de desarrollo constituyen herramientas importantes para reducir los factores de riesgo.

También resulta fundamental promover una visión del éxito que no esté determinada exclusivamente por la riqueza o la capacidad de consumo.

En una sociedad donde las redes sociales permiten exhibir estilos de vida ostentosos y alcanzar reconocimiento en cuestión de horas, enseñar el valor de los procesos personales representa un desafío cada vez mayor.

No obstante, la responsabilidad tampoco puede recaer únicamente sobre los jóvenes o sus familias.

Las condiciones sociales, la calidad de la educación, las oportunidades laborales, el acceso a espacios culturales y deportivos y la presencia de instituciones comunitarias también influyen en las posibilidades de construir proyectos de vida alejados de la delincuencia.

Por eso, las respuestas deben combinar prevención, acompañamiento y oportunidades con la aplicación efectiva de la ley.

El verdadero precio de la vida fácil

La delincuencia puede presentarse ante algunos jóvenes como un atajo hacia el dinero, el reconocimiento y los bienes materiales.

Sin embargo, detrás de esa aparente facilidad existen riesgos que pueden transformar radicalmente sus vidas.

La participación en actividades criminales puede conducir a procesos judiciales, condenas de prisión, exposición a situaciones violentas, conflictos familiares y pérdida de oportunidades educativas y laborales.

En los escenarios más graves, también puede terminar con la muerte.

Las experiencias y planteamientos de las especialistas consultadas muestran que no existe una explicación única para este fenómeno.

La crianza, el entorno, la presión social, las oportunidades económicas, la necesidad de pertenencia y la cultura de la inmediatez pueden interactuar de distintas maneras en las decisiones individuales.

Por ello, reducir la delincuencia juvenil requiere algo más que advertir sobre sus consecuencias.

Es necesario construir alternativas capaces de demostrar que existen caminos legítimos para alcanzar estabilidad, reconocimiento y bienestar.

Programas como Oportunidad 14-24 forman parte de esa respuesta, pero el desafío trasciende cualquier iniciativa individual.

Requiere que las familias, las escuelas, las comunidades, las instituciones públicas y la sociedad en su conjunto asuman un compromiso sostenido con el desarrollo de las nuevas generaciones.

Porque la verdadera oportunidad para un joven no debería ser conseguir dinero rápidamente a cualquier precio, sino contar con las herramientas necesarias para construir un futuro que no termine detrás de las rejas ni de manera prematura en un cementerio.