La democracia interna no debilita al PRM; lo fortalece

ElAvance | 13 mayo 2026

Vladimir Santana.
Dirigente Político PRM (Santiago).

Desde su nacimiento, el Partido Revolucionario Moderno se presentó ante el país como una organización política distinta. Un partido que hablaba de institucionalidad, participación, transparencia y renovación democrática. Precisamente ahí radica gran parte de la confianza que el pueblo dominicano depositó en nosotros.

Hoy, en medio del debate sobre la renovación de autoridades internas, debemos actuar con la misma madurez política que exigimos durante años desde la oposición. Y eso implica comprender algo esencial: la democracia interna no representa una amenaza para el partido; representa su mayor fortaleza.

Las organizaciones políticas que permiten la participación abierta de sus dirigentes y militantes envían un mensaje poderoso hacia la sociedad: tienen estructuras vivas, liderazgo en movimiento y confianza en sus propios procesos.

Por el contrario, cuando los mecanismos democráticos comienzan a limitarse, la percepción pública cambia. La población empieza a ver estructuras cerradas, agotadas y desconectadas de la realidad social. Y en política, la percepción muchas veces termina convirtiéndose en realidad electoral.

La renovación no debe verse como una confrontación entre compañeros. Debe verse como un proceso natural de evolución institucional. Los liderazgos cumplen etapas, las sociedades cambian, las generaciones cambian y los partidos también deben cambiar si desean mantenerse vigentes.

El desgaste político existe. Es natural. Ninguna figura pública está exenta de él. Precisamente por eso los partidos modernos crean espacios para que nuevas ideas, nuevos métodos y nuevos rostros puedan integrarse a la dinámica institucional sin destruir lo construido anteriormente.

Permitir procesos competitivos y democráticos no divide al PRM. Lo legitima.

Además, debemos recordar algo fundamental: el PRM no es propiedad de un grupo, de una corriente ni de un conjunto específico de dirigentes. El PRM pertenece a miles de hombres y mujeres que caminaron barrios, defendieron votos, enfrentaron momentos difíciles y construyeron esta organización desde abajo.

Las bases no pueden sentirse simples espectadoras de las decisiones partidarias. Deben sentirse parte activa del presente y del futuro institucional.

La fortaleza de un partido no se mide únicamente por los cargos que ocupa en el gobierno. También se mide por su capacidad de renovarse sin fracturarse, de debatir sin dividirse y de evolucionar sin perder su esencia.

La República Dominicana está observando.

Y justamente ahora tenemos la oportunidad de demostrar que el PRM sigue siendo el instrumento político más moderno, democrático y preparado del país.

Porque al final, los partidos que se cierran terminan debilitándose.

Pero los partidos que se renuevan perduran.