Un golpe a uno, un golpe a to’

ElAvance | 22 abril 2026

Ese lema, repetido con orgullo en calles, redes y sobre los chalecos de los motoristas, retrata una realidad incómoda: para estos "padres de familia", la calle funciona bajo códigos propios, no bajo la ley. “Un golpe a uno, un golpe a to’” no es una consigna inocente; es una declaración de fuerza colectiva que, en la práctica, termina intimidando al resto de los ciudadanos y desafiando a toda ley y autoridad. Lo que comenzó como una solución de movilidad se ha deformado en un fenómeno de desorden, donde las reglas de tránsito son ignoradas y la autoridad es desafiada abiertamente.

El caso ocurrido en Santiago es el resultado de años de permisividad. Persecuciones, agresiones y turbas reaccionando con violencia ante conflictos menores no nacen de la nada; son la consecuencia de un sistema que ha fallado en imponer límites claros. A esto se suma la imagen reciente de caravanas de motoristas ocupando elevados en la capital, como si fueran territorios propios. Esa exhibición no es casual, es una señal de que no hay temor a la autoridad, de que las consecuencias son débiles o inexistentes.

El problema ya dejó de ser de tránsito y pasó a ser de seguridad. No se trata de estigmatizar a todos, sino de reconocer que una parte —la mayoría— de este sector opera fuera de control. Y cuando un grupo se siente por encima de la ley, el riesgo para la convivencia se multiplica. La anarquía sobre dos ruedas no solo provoca accidentes; ahora también genera violencia directa contra otros ciudadanos.

El tiempo de las advertencias suaves y los operativos temporales se agotó. La situación exige acciones, pragmatismo y decisiones firmes, sostenidas y sin excepciones: regulación real, fiscalización constante y un régimen de consecuencias que se cumpla. La calle no puede seguir funcionando bajo el código de “un golpe a uno, un golpe a to’”. Debe volver a regirse por la ley, por el orden y por el respeto a todos. Porque cuando la autoridad cede el espacio, lo ocupa el caos.