Terremotos en Venezuela: la catástrofe que mostró la vulnerabilidad de un país y la solidaridad del mundo

Victor Herasme | 22 julio 2026

Por Víctor Herasme

La tarde del 24 de junio de 2026, Venezuela fue sacudida por dos potentes terremotos de magnitudes 7.2 y 7.5 que impactaron el centro-norte del país, con apenas 39 segundos de diferencia.  

De acuerdo con expertos, los sismos estuvieron asociados a la actividad de las fallas geológicas de Boconó y San Sebastián, dos de las más importantes del sistema tectónico venezolano.

La energía liberada se sintió en múltiples estados, incluyendo La Guaira, Miranda, Aragua y Caracas, generando uno de los desastres naturales más devastadores en la historia reciente del país.

Las zonas más afectadas fueron La Guaira —particularmente Macuto—, sectores del Distrito Capital y áreas densamente pobladas de Miranda, donde se registró el colapso de al menos 190 edificios y daños severos en otros 856, según reportes oficiales. La magnitud de la tragedia continúa actualizándose: al menos 4,300 personas han fallecido, más de 16,700 resultaron heridas y miles permanecen desaparecidas o desplazadas.

Equipos de rescate han logrado salvar a más de 6,400 personas entre los escombros, en medio de una operación internacional sin precedentes que ha involucrado a más de una docena de países y miles de rescatistas.

Una dominicana entre las víctimas

Entre las víctimas se encuentran ciudadanos de diversas nacionalidades, incluidos dominicanos. Magaly del Valle Sid Serrano, de 49 años, oriunda de San Cristóbal falleció producto de los terremotos, mientras que varios connacionales fueron evacuados y trasladados de regreso al país como parte de operativos humanitarios.

Entretanto, Portugal reportó la mayor cantidad de víctimas extranjeras. El Ministerio de Relaciones Exteriores de ese país informó la muerte de 28 ciudadanos portugueses o descendientes de portugueses, además de 85 personas desaparecidas.

Asimismo, la embajada en Venezuela confirmó el fallecimiento de siete ciudadanos chinos, en tanto, al menos cinco españoles murieron.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, país que comparte frontera con Venezuela, informó que dos de sus ciudadanos -un hombre y una mujer- fallecieron en la tragedia, mientras que Chile confirmó la muerte de al menos uno de sus nacionales.

Mala calidad de las edificaciones

Analistas y expertos han señalado que la magnitud de los daños estuvo agravada por la precariedad en la calidad de muchas edificaciones, especialmente aquellas construidas durante programas habitacionales impulsados en el gobierno de Hugo Chávez.

La falta de controles rigurosos, supervisión técnica y mantenimiento habría incrementado la vulnerabilidad estructural de miles de viviendas, contribuyendo al alto número de colapsos.

Emergencia sanitaria

A nivel sanitario y social, organismos como la Organización Panamericana de la Salud han declarado una emergencia crítica, ante el colapso parcial del sistema hospitalario, la escasez de recursos y el riesgo de brotes epidemiológicos en albergues improvisados.

Se estima que cientos de miles de personas requieren asistencia urgente, mientras la reconstrucción se perfila como un desafío de largo plazo para Venezuela.

Solidaridad de RD

La República Dominicana se convirtió en el primer país en enviar ayuda humanitaria y equipos de rescate a Venezuela tras la catástrofe. Horas después de conocerse la magnitud del desastre, el Gobierno dominicano activó la misión "Quisqueya Solidaria 2026″, enviando al primer contingente de especialistas en búsqueda y rescate de las Fuerzas Armadas.

Posteriormente, se despachó por vía marítima el buque K Marine V con cargamentos de alimentos, hidratación y medicamentos, los cuales fueron recolectados a través de instituciones y el movimiento civil dominicano.

Diversas organizaciones y ciudadanos organizaron también el envío de ayuda a los hermanos venezolanos.

Más de 37 mil millones de dólares para la reconstrucción

En cuanto al costo de la reconstrucción, las estimaciones varían según los organismos y el alcance de los daños. De acuerdo con Naciones Unidas, los terremotos provocaron daños físicos directos en viviendas e infraestructura que ascienden a unos 37,000 millones de dólares, una cifra que no incluye pérdidas económicas indirectas ni los costos totales de recuperación a largo plazo, por lo que el impacto real sería aún mayor. 

Asimismo, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) había estimado inicialmente pérdidas de al menos 6,700 millones de dólares en daños inmediatos, equivalentes a cerca del 6 % del PIB del país.

Por su parte, el gobierno venezolano ha señalado que la reconstrucción requerirá no solo miles de millones de dólares, sino también un amplio programa de vivienda, estimando la necesidad de al menos 25,000 nuevas casas para reubicar a los damnificados, además de la rehabilitación de servicios básicos e infraestructura crítica.

Historias de supervivencia y solidaridad

Los terremotos que sacudieron Venezuela dejaron una de las escenas más dramáticas registradas en ese país, en particular la zona de La Guaira, donde edificios colapsaron, familias quedaron atrapadas y cientos de rescatistas se movilizaron entre los escombros para encontrar sobrevivientes.

En tal sentido, la tragedia estuvo marcada por relatos de angustia, pero también de resistencia y solidaridad protagonizados por víctimas, voluntarios y equipos de emergencia.

Uno de los testimonios más impactantes es el de Edy Añez, de 61 años, quien quedó atrapado en el quinto piso de un edificio en Caraballeda luego de que la estructura se desplomara durante el fuerte movimiento telúrico. Añez relató que observó cómo una pared se le venía encima hasta quedar detenida en un ángulo de 45 grados entre el piso y el techo. Su pierna derecha quedó atrapada por un mueble, mientras permanecía rodeado de concreto y con pocas posibilidades de salir.

En medio de la desesperación, Añez encontró un sobre blanco, un lápiz y una pelota de béisbol. Con esos elementos escribió un mensaje para sus familiares: “Es Edy. Estoy en último piso. El piso 6 y 7 cayeron encima mío. Estoy bien, veo el cielo. Llamen a mi familia”. Luego envolvió la nota en el sobre y la lanzó por una ventana con la esperanza de que alguien pudiera encontrarla.

Mientras esperaba ayuda, el sobreviviente aseguró que una de las imágenes que más lo marcó fue observar el cielo desde el espacio que quedó abierto entre los escombros. “Vi el cielo y lo más impresionante fue la cantidad de pájaros y el sonido. Esa imagen no se me va a olvidar nunca”, relató. Después de liberarse empujando el mueble con la pierna que tenía libre, logró salir por la ventana hacia una montaña de escombros que había quedado sobre la calle. “Yo fui un milagro de la tragedia”, expresó.

Otro testimonio de angustia fue el de Rafael Durand, residente de Camurichico, quien observó cómo edificios cercanos se desplomaban mientras el suyo se movía violentamente como un péndulo. 

Durante la emergencia, Durand contó que su esposa Diana Álvarez estaba en la ducha cuando comenzó el terremoto y le pidió que sacara a su hija Arantxa, de cuatro años. El hombre se levantó justo antes de que una vitrina del comedor cayera sobre el lugar donde estaba. Al intentar evacuar, tuvo que regresar por las llaves del vehículo que habían quedado atrapadas debajo del mueble.

El momento quedó reflejado en un video grabado por Diana mientras descendía por el edificio junto a su hija, aterrorizada por las grietas en las paredes. En medio del miedo, la niña intentaba tranquilizarla con una frase que quedó registrada: “Mamá, tranquila”. Luego le pidió: “Apúrate, no te distraigas”.

El guardia de seguridad Hernán Gil protagonizó otro de los episodios considerados milagrosos. Después de más de 100 horas de labores ininterrumpidas, equipos de rescate lograron rescatarlo tras quedar confinado en un pequeño espacio de un sótano del estacionamiento cercano al centro comercial Galerías Playa Grande, luego de que dos fuertes movimientos telúricos provocaran el derrumbe de la estructura. Los rescatistas explicaron que el lugar donde quedó atrapado funcionó como una especie de “sarcófago”, al protegerlo de mayores daños mientras esperaba ayuda.

El sobreviviente fue localizado con vida cinco días después del colapso. A partir de ese momento, equipos de Venezuela, Chile, Costa Rica, El Salvador, México, Portugal y Estados Unidos trabajaron en una operación considerada de alta complejidad y riesgo para mantenerlo hidratado y abrir un acceso seguro hasta liberarlo.

El rescatista chileno Vincenzo Borgna explicó que, tras ubicarlo mediante cámaras introducidas entre los escombros, lograron suministrarle agua a través de una manguera para garantizar su hidratación mientras avanzaban los trabajos de extracción.

Durante los días bajo tierra, Gil mantuvo una actitud positiva y llegó incluso a motivar a los equipos que intentaban rescatarlo. Los socorristas destacaron que permaneció consciente, conversando con ellos sobre su familia y alentándolos a continuar.

La operación involucró a unas 200 personas entre rescatistas, bomberos, paramédicos y voluntarios, quienes retiraron cuidadosamente bloques de concreto para evitar nuevos derrumbes. Según los especialistas, la posición en la que se encontraba hizo que el rescate fuera especialmente complicado.

Finalmente, Hernán Gil fue sacado a la superficie en buen estado físico. La Cruz Roja informó que no presentaba lesiones graves e incluso los equipos médicos señalaron que no tenía “ni una uña aplastada”.

El rescate fue calificado por familiares y socorristas como un milagro. Su esposa expresó que la supervivencia de Gil tras ocho días sepultado era una muestra de esperanza en medio de la tragedia provocada por los terremotos, que dejaron miles de afectados en Venezuela.

Lecciones de vulnerabilidad, solidaridad y resiliencia

Los terremotos que golpearon a Venezuela no solo dejaron una profunda huella por la pérdida de miles de vidas humanas, sino que también revelaron la fragilidad de las sociedades frente a los desastres naturales cuando existen debilidades en la planificación urbana, la calidad de las construcciones y la capacidad de respuesta institucional.

Al mismo tiempo, esta emergencia mostró la otra cara de la humanidad: la solidaridad. Las historias de sobrevivientes como Edy Añez y Hernán Gil recuerdan la capacidad de resistencia del ser humano, mientras que la participación de rescatistas nacionales e internacionales evidenció que, en los momentos más difíciles, la cooperación se convierte en una herramienta fundamental para salvar vidas.

Para República Dominicana, la respuesta humanitaria enviada a Venezuela representa una muestra de hermandad regional y compromiso con los pueblos afectados. 

Entretanto, la tragedia deja una enseñanza clara: la prevención, la preparación y la solidaridad no deben activarse únicamente después de una emergencia, sino convertirse en políticas permanentes para proteger a las comunidades y reducir el impacto de futuros desastres.