Si cae la teocracia en Irán ¿Quiénes podrían llegar a asumir el poder?

Max Herrera | 06 mayo 2026

Santo Domingo.- La República Islámica de Irán atraviesa la crisis existencial más severa desde su fundación en 1979. Tras los devastadores bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel a principios de marzo, que resultaron en la muerte confirmada de su líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, el régimen ha quedado profundamente desestabilizado. Con una cúpula clerical diezmada por la incertidumbre, y rumores persistentes sobre el paradero y estado de salud de los posibles sucesores (como Mojtaba Jamenei), la comunidad internacional se pregunta qué ocurriría si el sistema teocrático colapsa por completo.

Si el monopolio político de los clérigos chiíes se desmorona, Irán se enfrentará a un peligroso y complejo vacío de poder. El país es un mosaico de fuerzas militares institucionalizadas, facciones en el exilio, grupos organizados y una sociedad civil exhausta pero resiliente. A continuación, analizamos los principales actores que podrían intentar tomar las riendas del país en un escenario post-teocrático.

La Guardia Revolucionaria (IRGC)

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) es mucho más que una fuerza militar de élite; es un vasto conglomerado industrial, financiero y de inteligencia que controla, según estimaciones, más de un tercio de la economía iraní. Si bien su mandato fundacional es proteger la Revolución Islámica, muchos analistas coinciden en que, ante el colapso inminente del clero, el IRGC no dudaría en marginar a los ayatolás para preservar sus intereses y su propia supervivencia.

En un escenario de caída teocrática, el IRGC podría intentar establecer una junta militar directa o un régimen autoritario de corte nacionalista. Esto implicaría abandonar gran parte de la estricta retórica religiosa para apelar al orgullo histórico persa y a la "seguridad nacional" frente al riesgo de guerra civil. Sin embargo, la reciente "Operación Furia Épica" ha descabezado a gran parte de sus altos mandos, lo que podría generar intensas luchas fratricidas dentro de la propia organización por el control de la estructura del Estado.

Nostalgia Monárquica: Reza Pahlaví, hijo del último sah de Irán

La cara más visible de la oposición en la diáspora es Reza Pahlaví, hijo del último sah de Irán. Desde su exilio, Pahlaví ha intentado posicionarse como una figura de transición unificadora, promoviendo la idea de un país secular, democrático y alineado con Occidente, dejando en manos de los ciudadanos decidir mediante un referéndum si desean una república o una monarquía parlamentaria.

A su favor, cuenta con el respaldo de importantes sectores del exilio, acceso fluido a los medios internacionales y la nostalgia de algunos ciudadanos que asocian la era pre-1979 con la modernidad. No obstante, su figura enfrenta enormes limitaciones. Analistas apuntan que carece de una red política sólida dentro del territorio iraní actual. Además, gran parte de la juventud que ha arriesgado su vida en las calles rechaza la idea de reemplazar una dictadura teocrática por el heredero de un régimen monárquico que también estuvo marcado por la censura y la brutalidad de su policía secreta (la SAVAK).

La oposición: El MEK y el Consejo Nacional de Resistencia

El Consejo Nacional de Resistencia de Irán (CNRI), y su núcleo principal, la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán (MEK), conforman el bloque disidente más organizado en el extranjero. Tienen una capacidad de movilización logística incuestionable en capitales europeas y un fuerte cabildeo político en Washington.

Dentro de Irán, operan a través de células clandestinas conocidas como "Unidades de Resistencia", responsables de sabotajes y de intentar canalizar el descontento popular. Sin embargo, su viabilidad para gobernar el país es casi nula a nivel de legitimidad.

El reclamo popular y las minorías

El factor más transformador y legítimo es la propia sociedad civil. Desde las históricas revueltas bajo el lema "Mujer, Vida, Libertad" desencadenadas por la muerte de Mahsa Amini, una nueva generación ha dejado claro que no busca reformas, sino un cambio de régimen hacia una democracia laica. El principal obstáculo es que este movimiento carece de un liderazgo estructurado; esa naturaleza descentralizada fue su mejor defensa contra la represión, pero ahora es su gran debilidad política.

A esto se suma la enorme diversidad del país. Minorías como los kurdos en el oeste, los baluches en Sistán y Baluchistán, y los azeríes han sufrido el peso del centralismo represivo. Si el gobierno cae, estos grupos podrían exigir un modelo federalista con alta autonomía.

El riesgo del vacío del poder

Derrocar a una teocracia autoritaria es solo la primera mitad del desafío. Sin una coalición amplia que logre unificar a la diáspora con la dirigencia interna, ganarse la confianza de una sociedad fracturada y neutralizar el poder armado que aún retiene la Guardia Revolucionaria, la caída del régimen podría no abrir automáticamente las puertas a la democracia. En cambio, Irán corre el riesgo de enfrentarse a un prolongado y violento vacío de poder en el corazón de Medio Oriente.