SENASA me hizo recordar

ElAvance | 22 diciembre 2025

Gabriel López
Cristiano, creativo, atleta y docente.

No se cuántos de ustedes pensarán como yo, pero no recuerdo la última vez que he utilizado el seno, coseno y tangente fuera del ámbito escolar secundario. Son de esos conocimientos “importantes” pero que (al menos) en nuestra cultura no son muy utilizados a menos que se desenvuelvan en escenarios técnicos y ricos en cálculo y matemáticas, como la ingeniería, ciencias exactas o matemática pura. Al mismo tiempo me pregunto cuántos de ustedes si prestaron atención a las clases de ciencias naturales, especialmente a Biología, porque sin saberlo, nos dieron las bases de lo que hoy manejamos diario e incluso con mayor cuidado y reverencia desde aquel infame 1 de marzo del 2020.

Nuestros maestros de Ciencias Naturales se esforzaron en reforzar conceptos como: sistema digestivo, sistema energético, anatomía, sistema nervioso, pero a través de los años, un concepto muy particular a través de los años: el sistema digestivo. El sistema educativo dominicano nos ha “enseñado a comer” por medio de la enseñanza de las diversas pirámides, los tipos de alimentos y cómo afectan nuestro organismo.

El caso SENASA me hizo recordar todas estas clases de Ciencias Naturales.

El caso SENASA me hizo recordar la dieta cultural dominicana que nos enseñaron en la escuela: arroz, habichuelas y carne. Me hizo recordar esos 8 vasos de agua al día que se supone nos toca tomar. Me hizo recordar los hábitos alimenticios que nos han inculcado a través del tiempo: el alto énfasis en carbohidratos en las 3 comidas del día, aceites vegetales altamente procesados y consumo de alcohol masivo. Me hizo recordar que el ejercicio físico “ayuda” al cuerpo humano. Tristemente, también me hizo recordar los informes recientes del Ministerio de Salud Pública donde afirman que un alto porcentaje de la población dominicana lucha con sobrepeso y obesidad (y todos sus riesgos): 70% de los ciudadanos. Me hizo recordar los 4,384 muertos por COVID y sus comorbidades clínicas. Me hizo recordar el poco acceso de las comunidades más vulnerables a espacios de esparcimiento y movimiento. Me hizo recordar cómo el Estado dominicano se rindió a la producción de alimento local y vendió su alma al DR-CAFTA, obligando al dominicano a comer lo procesado, lo extranjero y la línea blanca de dudosa procedencia mientras nuestra producción agrícola y ganadera es echada a perder.

En momentos como este, nuestra nación siente e incluso piensa que no hay alternativas y que la esperanza de vivir una vida digna y saludable ya está perdida. Vemos los casos de pacientes a los que le fueron denegados tratamientos y medicamentos mientras los oligarcas y duques mostraban sus lujos en público, y se nos rompe el alma. Pero la mentira está precisamente ahí: de que no hay esperanza ni salida. Permítanme mostrarles una nueva alternativa.

Es cierto: a través de los años, generaciones de dominicanos le han entregado al Estado la potestad y la toma de decisiones sobre su salud, cuando siempre ha sido una responsabilidad personal. La salud no inicia con un seguro médico. La salud inicia con nuestras decisiones diarias. Hemos dependido del Estado para cuidarnos y proveernos de servicios dignos (como se supone que debería de ser), y tristemente hemos sido engañados por el mismo sistema que nunca ha invertido en lo que ha necesitado invertir desde el inicio: educación familiar integral en salud, espacios de esparcimiento y movilidad física y reforma alimentaria pública. Incluyo servicios de salud mental: manejo de estrés y trastornos alimentarios a nivel nacional.

El sobrepeso, la obesidad, la diabetes y enfermedades cardiovasculares son la verdadera pandemia en nuestra nación. Y nos ha tomado de sorpresa.

El caso SENASA me ha enseñado que no tengo que depender de lo que me falla; y que debo asumir la verdad en poder, entendiendo que como ciudadano, tengo la capacidad de cuidarme, protegerme, sanar desde adentro y vivir una vida plena dentro de mis posibilidades. El caso SENASA me ha enseñado que nuestro país tiene la capacidad de trabajar en comunidad y desarrollar redes de apoyo entre ciudadanos, entrenadores personales, profesionales de la nutrición, profesores de educación física, educadores y comunicadores para concientizar al país de los pasos que pueden dar para mejorar su salud paso a paso. El caso SENASA me ha enseñado que tenemos muchos recursos (incluso gratuitos) con los cuáles podemos reeducarnos y fortalecer nuestras convicciones y decisiones sobre alimentación, ejercicio, control de enfermedades y fortalecimiento. El caso SENASA me enseñó que ya es hora de reformular las clases de Ciencias Naturales, para darles nuevas, mejores y verdaderas herramientas a nuestros jovenes respecto al sistema digestivo, anatomía, músculo, calorías y alimentos. Que la experiencia escolar sea una plataforma de vitalidad, fortaleza, empoderamiento personal y salud integral para nuestros futuros dominicanos y dominicanas.

Quizás no sepan usar el seno, consejo y tangente, pero serán capaces de vivir vidas plenas, saludables y llenas de vigor, evitando convertirse en una víctima más de un sistema nacional de salud capturado por villanos viles y sin escrúpulos; tanto en las esferas políticas y administrativas, así también como médicos, farmacias y empresas de servicios diagnósticos que aún no salen a la luz.

Poder de decisión al dominicano. Eso se logra con educación. Eduquemos sobre salud. Le debemos eso a nuestra nación.