Reglas sin fiscalización

ElAvance | 18 agosto 2026

El accidente ocurrido en el Malecón de Santo Domingo, donde un camión tanquero cargado de combustible terminó incendiado y dejó dos personas fallecidas, debe obligarnos a mirar más allá de la tragedia. Las autoridades han establecido restricciones, horarios y rutas para la circulación de vehículos pesados precisamente porque un camión de estas características representa un riesgo mucho mayor que cualquier vehículo convencional.

Sin embargo, basta recorrer las principales avenidas del Gran Santo Domingo para comprobar que las violaciones de camioneros a las normas de tránsito son frecuentes: circulan por carriles indebidos, utilizan vías restringidas y, en ocasiones, lo hacen en horarios que deberían estar sujetos a controles especiales.

El problema, entonces, no parece ser únicamente la ausencia de reglas, sino la debilidad de la fiscalización. La DIGESETT tiene la responsabilidad de hacer cumplir las disposiciones existentes y su presencia debe sentirse especialmente en vías estratégicas como el Malecón, donde confluyen miles de vehículos y peatones diariamente. Si existe una prohibición o restricción, debe existir también una autoridad que la haga cumplir.

No podemos acostumbrarnos a que la fiscalización aparezca después de una tragedia. Las investigaciones deberán determinar las circunstancias y responsabilidades específicas del accidente de ayer, pero el hecho vuelve a poner frente a nosotros una realidad que vemos todos los días: demasiados vehículos pesados circulan como si las reglas fueran opcionales.

Dos vidas perdidas deben ser razón suficiente para revisar lo que estamos haciendo. Hace falta mayor presencia de la DIGESETT, controles permanentes, tecnología para detectar infracciones y sanciones capaces de desincentivar el incumplimiento. También las empresas propietarias de estos vehículos tienen una enorme responsabilidad sobre las rutas, condiciones y comportamiento de sus conductores.

Transportar combustible por una ciudad densamente poblada no puede asumirse como una operación cualquiera. Las reglas ya existen; ahora corresponde hacerlas cumplir. Porque una regulación que nadie fiscaliza termina siendo apenas un documento, y cuando hablamos de vehículos capaces de convertir un accidente en una tragedia de enormes proporciones, ese lujo simplemente no nos lo podemos permitir.