Recuperar la credibilidad

ElAvance | 09 junio 2026

Carlos Pérez Tejada.
Director General FAIA Group.


Los políticos criollos y sus interminables quejas se han convertido en una pieza clave en el desarrollo y expansión del pensamiento pesimista que nos arropa como sociedad. Ese pensamiento que nos lleva a buscar defectos incluso en aquello que está bien hecho; a enfocarnos en lo que faltó, en lo que pudo hacerse de otra manera, en por qué fue una persona y no otra. En definitiva, hemos construido una cultura de la crítica permanente.

Lo que muchos de estos “animales” políticos no han comprendido es que esta estrategia es una espada de doble filo. El daño que intentan provocar a sus adversarios termina erosionando la confianza de toda la sociedad en las instituciones, en la política y en quienes aspiran a dirigir los destinos del país. Y cuando la confianza desaparece, todos pierden. En momentos en que los partidos y sus dirigentes están haciendo lo que mejor saben hacer —campaña política—, el gran reto que tienen por delante es recuperar la credibilidad.

Recuperar la credibilidad en ellos mismos. Recuperar la credibilidad en los partidos políticos. Recuperar la credibilidad en las instituciones que diariamente intentan cumplir con su misión utilizando los recursos que tienen a mano. Recuperar la credibilidad en aquellas organizaciones que históricamente han servido para fortalecer la convivencia social, la moral y los valores que sostienen a una sociedad.

Las pasadas elecciones presidenciales y congresuales dejaron señales preocupantes. De acuerdo con los datos oficiales de la Junta Central Electoral, el 45.6 % de los ciudadanos con derecho a voto no acudió a las urnas. Más allá de las múltiples razones que pueden explicar la abstención, el dato refleja una realidad evidente: existe un segmento importante de la población que no se siente representado por los partidos políticos ni por la forma tradicional de hacer política.

Y es comprensible, los únicos culpables son los mismos partidos y políticos. Durante años, gran parte del discurso político ha estado basado en señalar problemas, atacar adversarios y amplificar errores. Pero pocas veces se presentan soluciones claras, propuestas concretas o visiones de futuro que entusiasmen a los ciudadanos. Los políticos de hoy parecen más alejados de la sociedad que representan que en cualquier otro momento reciente. Por eso, recuperar la credibilidad se ha convertido en su principal montaña por escalar.

La misma dinámica de crítica constante también golpea a instituciones fundamentales para el funcionamiento de la sociedad. La Policía Nacional y los cuerpos de seguridad son un ejemplo. Miles de hombres y mujeres se juegan la vida a diario para preservar el orden público y combatir la criminalidad. ¿Qué existen errores? Por supuesto. ¿Qué todavía hay mucho por mejorar? Sin ninguna duda.

Sin embargo, resulta llamativo que muchas veces la conversación pública se enfoque únicamente en los errores y muy pocas veces en los avances. La reforma policial, con todas sus limitaciones, ha permitido mejoras en equipamiento, capacitación, infraestructura y condiciones laborales que durante décadas permanecieron como simples promesas. Criticar es necesario; destruir sin reconocer avances, no.

Lo mismo ocurre con otras instituciones que han servido de soporte moral y social para la convivencia humana. La Iglesia católica, con sus luces y sombras, ha contribuido durante siglos a la construcción de valores, principios y normas de convivencia que han permitido el desarrollo de las sociedades occidentales.

En ese sentido, el papa León XIV ha comenzado a proyectar una visión que parece enfocarse en la recuperación de la credibilidad institucional. Sus primeros mensajes han girado en torno a la necesidad de fortalecer los valores tradicionales, promover el diálogo y construir puentes en una época marcada por la confrontación permanente. Más que una postura basada en la crítica constante, parece apostar por una visión pragmática orientada a la construcción.

Quizás por eso cobran especial vigencia las palabras de Adriano Miguel Tejada, historiador, abogado y periodista, cuando hablaba de la necesidad de “restaurar la credibilidad en la Ley y la Justicia, para que todos descansemos confiados en que los delincuentes tendrán sobre su cabeza la espada de la autoridad y del orden”.

También habló de: “Restaurar la credibilidad, en fin, en nosotros mismos, para que, por fin, nos sintamos dueños de nuestro propio destino y tengamos fe en que podremos realizar nuestros sueños en esta tierra bendita.”

Porque una sociedad que pierde la credibilidad en todo, termina también perdiendo la capacidad de imaginar un futuro mejor.