No todo gira a tu alrededor

ElAvance | 13 mayo 2026

Orlando Jorge Villegas

Vivimos en una época donde el egoísmo ha dejado de ser un rasgo individual para convertirse en un fenómeno social cada vez más extendido. Lo preocupante no es solo su presencia, sino su normalización. Hoy vemos cómo muchas personas —desde líderes políticos y figuras públicas hasta individuos en nuestra vida cotidiana— actúan bajo la premisa de que todo gira en torno a ellos, ignorando sistemáticamente las perspectivas, necesidades y emociones de los demás.

Este comportamiento no distingue estatus ni profesión. Se manifiesta en quienes toman decisiones de alto impacto, pero también en conversaciones comunes, en debates entre amigos o colegas, e incluso en discusiones familiares. El denominador común es la incapacidad de reconocer que el otro también tiene una voz válida, una experiencia distinta y, sobre todo, un derecho legítimo a ser escuchado.

Una de las expresiones más claras de este fenómeno es la pérdida de la capacidad de escuchar. Escuchar de verdad, no simplemente esperar el turno para hablar. Quienes viven atrapados en la idea de que todo gira a su alrededor terminan convirtiéndose en cajas de resonancia de sus propios pensamientos. Repiten los mismos argumentos, las mismas opiniones, sin abrir espacio a la duda ni a la reflexión. En muchos casos, este patrón se acompaña de un evidente complejo de superioridad, donde el desacuerdo ajeno no se interpreta como una oportunidad de diálogo, sino como una amenaza o un error que debe ser corregido.

En sus formas más extremas, este comportamiento puede incluso reflejar desequilibrios más profundos que ameritan atención profesional. Sin embargo, en su versión más cotidiana, ya es suficientemente dañino. Porque erosiona las relaciones, rompe la confianza y convierte cualquier intercambio en una competencia estéril, donde lo importante no es entender, sino imponer.

El problema se agrava cuando quienes adoptan estas actitudes ocupan posiciones de liderazgo, tanto en el ámbito público como privado. En sus manos descansan decisiones que afectan a equipos de trabajo, instituciones y, en muchos casos, a comunidades enteras. Cuando un líder pierde la capacidad de escuchar, también pierde la prudencia, la empatía y la sensibilidad humana que definen a un liderazgo auténtico. En lugar de construir, termina imponiendo; en lugar de guiar, termina aislándose.

Ojalá quienes viven bajo la ilusión de que todo gira a su alrededor no pierdan lo más valioso: la presencia de personas cercanas que sean capaces de decirles la verdad, aunque incomode. Porque solo rompiendo esa caja de resonancia es posible recuperar la conexión con la realidad, con los demás y con una sociedad que, aunque imperfecta, no existe para girar alrededor de nadie.