Los hombres monos de la montaña; familia de Los Tramojos, Ocoa, vive entre la incertidumbre, la pobreza extrema y una enfermedad sin diagnóstico

Julissa Reyes | 24 junio 2026

Yulissa Reyes

En una apartada comunidad rural del municipio de San José de Ocoa, una familia enfrenta desde hace décadas una realidad difícil y desconocida. Se trata de una situación marcada por una extraña enfermedad que ha afectado a cuatro de siete hermanos y que, hasta la fecha, permanece sin diagnóstico médico definido, debido principalmente a la falta de recursos económicos y al limitado acceso a servicios especializados de salud.

Son conocidos como los hombres monos de la montaña. El más reciente falleció hace apenas un año y medio, lo que ha afectado en gran manera a Marcialito, el único que aún vive, aunque sus condiciones de salud no son las mejores.

En el paraje Los Tramojos, una zona montañosa y de difícil acceso ubicada en la parte sur del país, esta familia ha tenido que aprender a convivir con una condición que ha limitado profundamente la vida de varios de sus miembros. Los cuatro hermanos afectados nacieron con una enfermedad que les ha impedido caminar y hablar con normalidad, condicionando su desarrollo desde la infancia y reduciendo significativamente sus oportunidades de integración social, educativa y laboral.

La situación ha despertado preocupación entre residentes de la comunidad y personas que han conocido el caso, debido a que durante años la familia ha permanecido prácticamente aislada, sin acceso a estudios médicos especializados que permitan determinar el origen de la condición que padecen. La incertidumbre ha sido una constante en sus vidas, al igual que la impotencia de no contar con respuestas sobre una enfermedad que continúa afectando a varias generaciones del mismo núcleo familiar.

De acuerdo con Adelsa Minyeti, hermana mayor de los hombres monos, estos nunca tuvieron la oportunidad de recibir atención médica integral que permitiera investigar a profundidad el origen del padecimiento. Según explicó, la situación económica de la familia siempre fue un obstáculo para trasladarse a centros de salud especializados, realizar análisis clínicos o someterse a evaluaciones médicas más avanzadas que pudieran arrojar un diagnóstico concluyente.

La periodista Yulissa Reyes aborda con Adelsa Minyeti, hermana mayor de los hombres monos.

Relató que en distintas ocasiones algunos profesionales de la salud acudieron a la vivienda para observar la condición de sus hermanos y realizar evaluaciones preliminares. Sin embargo, ninguno pudo determinar con precisión cuál es la enfermedad que los afecta. Aunque Marcialito fue diagnosticado con hemorroides, condición que también ha complicado su estado general de salud, la principal patología que les impide movilizarse y comunicarse continúa siendo un misterio para la familia.

“Siempre hemos querido saber qué tienen, pero nunca hemos tenido los recursos para llevarlos a donde puedan hacerles los estudios necesarios”, expresó con visible preocupación, mientras describía las dificultades que enfrentan día tras día para atender las necesidades básicas de sus familiares.

Además, manifestó que no ha sido fácil asumir el cuidado de su hermano y que permanentemente debe estar vigilante de cada uno de sus movimientos, bañarlo, alimentarlo y todo lo demás.

No obstante, la tragedia de esta familia no se limita únicamente a la enfermedad. A la difícil condición física de cuatro de sus integrantes se suma una realidad económica extremadamente precaria que ha convertido la supervivencia diaria en un verdadero desafío. La escasez de ingresos ha impedido que puedan acceder no solo a servicios médicos especializados, sino también a elementos fundamentales para una vida digna, como una alimentación adecuada, medicamentos, ropa, transporte y mejores condiciones de vivienda.

Con el propósito de conocer de cerca la situación, un equipo de El Avance Media se trasladó hasta esta remota comunidad ocoeña para constatar personalmente las condiciones en que vive la familia. El recorrido permitió comprobar una realidad que, para muchos, podría parecer propia de décadas pasadas, pero que continúa existiendo en pleno siglo XXI en algunas de las zonas más vulnerables del territorio nacional.

Lo observado durante la visita fue descrito como desgarrador. La familia reside en una vivienda construida con materiales sumamente deteriorados, donde predominan tablas de madera envejecidas y láminas de zinc afectadas por el paso del tiempo y las inclemencias del clima. El inmueble presenta visibles signos de deterioro estructural y carece de muchas de las condiciones mínimas que garanticen seguridad y bienestar a sus ocupantes.

Uno de los aspectos que más impacta al llegar al lugar es el piso de tierra sobre el que transcurre la vida cotidiana de la familia. Mientras gran parte del país avanza hacia mejores estándares de infraestructura y calidad de vida, esta vivienda se mantiene prácticamente intacta frente al paso de los años, evidenciando las profundas desigualdades que aún persisten en determinadas comunidades rurales.

La precariedad económica es tan severa que, según relataron los propios familiares, en numerosas ocasiones no logran consumir las tres comidas diarias recomendadas para una nutrición adecuada. La falta de ingresos obliga a los miembros del hogar a sobrevivir con una sola comida al día, situación que afecta especialmente a las personas que enfrentan problemas de salud y que requieren una alimentación balanceada para mantener una mejor calidad de vida.

Esta realidad genera un círculo de vulnerabilidad difícil de romper. La falta de recursos limita el acceso a alimentos, la alimentación insuficiente deteriora aún más la salud y la ausencia de atención médica especializada impide encontrar soluciones que puedan mejorar las condiciones de los afectados. Todo ello ocurre en un contexto donde las oportunidades económicas son escasas y las ayudas llegan de manera limitada.

A las dificultades de salud y pobreza se suma otro elemento que contribuye al aislamiento de la familia: la complejidad para acceder a la comunidad donde residen. Llegar hasta Los Tramojos representa un reto considerable debido a las condiciones del camino. El trayecto es largo, accidentado y en varios tramos carece de asfaltado, lo que dificulta el desplazamiento de vehículos y complica aún más el acceso a servicios básicos, emergencias médicas y asistencia gubernamental.

Durante épocas de lluvia, las condiciones de la vía pueden empeorar significativamente, aumentando el riesgo de incomunicación temporal y dificultando que cualquier ayuda llegue con rapidez a la zona. Para una familia con integrantes que presentan movilidad reducida, esta situación representa una barrera adicional que agrava aún más su vulnerabilidad.

El caso de esta familia pone de manifiesto la necesidad de fortalecer la atención médica especializada en comunidades rurales, así como de implementar mecanismos que permitan identificar enfermedades raras o poco comunes que afectan a ciudadanos en situación de pobreza extrema. Asimismo, evidencia la importancia de ampliar los programas de asistencia social dirigidos a familias que enfrentan simultáneamente problemas de salud, discapacidad y exclusión económica.

Mientras continúan esperando respuestas sobre la enfermedad que ha marcado la vida de cuatro de sus siete hermanos, esta familia de Los Tramojos sigue enfrentando cada día una dura batalla contra las limitaciones físicas, la pobreza y el abandono. Su historia refleja una realidad que, aunque muchas veces permanece invisible para gran parte de la sociedad, continúa afectando a numerosas familias dominicanas que luchan silenciosamente por sobrevivir en condiciones extremadamente difíciles.