Lo preocupante no es solo el combustible: es que nadie “viera” las estructuras clandestinas

ElAvance | 14 mayo 2026

Idalia Cabrera

El reciente cierre de estaciones de combustibles por irregularidades en la calidad del producto ha abierto un debate necesario sobre fiscalización, controles y transparencia en el mercado dominicano de hidrocarburos. Pero quizás el tema más delicado no sea únicamente el combustible adulterado.

La verdadera inquietud surge cuando comienzan a aparecer instalaciones clandestinas, sistemas de almacenamiento ocultos y estructuras operativas de gran escala que, por su dimensión logística, difícilmente pudieron haber pasado desapercibidas durante años.

Porque una cosa es detectar alteraciones técnicas en un laboratorio. Otra muy distinta es descubrir negocios paralelos que requieren tanques, tuberías, transporte, movimiento constante de combustibles y operaciones que, inevitablemente, dejan huellas físicas, comerciales y operativas.

Y ahí aparece la pregunta que muchos se hacen en voz baja: ¿cómo es posible que estructuras de esa magnitud sean “encontradas” ahora como si hubiesen surgido de repente?

En un sector tan regulado como el de los combustibles, donde intervienen permisos, seguridad industrial, manejo ambiental, transporte especializado y monitoreo tributario, resulta difícil imaginar que operaciones clandestinas complejas puedan sostenerse completamente invisibles ante todos los actores del sistema.

Eso no significa necesariamente complicidad directa. Pero sí obliga a discutir algo incómodo: durante años pudo existir una combinación de debilidad institucional, falta de inspección efectiva, tolerancia informal o ausencia de voluntad para mirar con profundidad ciertas prácticas del mercado.

Lo que hoy está ocurriendo parece revelar que el problema no nació recientemente. Más bien, lo nuevo es que comenzaron a hacerse operativos con mayor alcance, inspecciones más agresivas y acciones públicas que antes rara vez se conocían.

Y aunque el panorama genera preocupación, también hay un elemento positivo que debe reconocerse: finalmente se están mostrando situaciones que históricamente parecían permanecer debajo de la alfombra. Y también hay que decir que este proceso de fiscalización y descubrimiento de irregularidades se está produciendo bajo la gestión del ministro Yayo Sanz Lovatón y del director del CECCOm , general Orlando Jerez, en un contexto donde los operativos han comenzado a exhibir una profundidad y una visibilidad pública poco habituales dentro del sector.

La transparencia, incluso cuando expone fallas graves, fortalece más que el silencio.

Porque si hoy aparecen estaciones clausuradas, depósitos irregulares y redes clandestinas, el debate nacional no debería limitarse únicamente a castigar a quienes incumplen. También debe preguntarse por qué ciertas estructuras pudieron operar durante tanto tiempo sin ser detectadas o sin que nadie pareciera querer detectarlas.

El mercado de combustibles mueve millones de pesos diariamente y tiene impacto directo en transporte, generación eléctrica, industria y costo de vida. Precisamente por eso, la supervisión no puede depender únicamente de operativos ocasionales o hallazgos sorpresivos.

La gran oportunidad que tiene ahora el país es convertir esta ola de fiscalización en una política permanente y creíble, donde las inspecciones sean constantes, los controles técnicos transparentes y las irregularidades imposibles de normalizar.

Porque más alarmante que encontrar estructuras clandestinas, sería aceptar que durante años parecieron invisibles para todos.