Las lluvias y el deber ciudadano

ElAvance | 28 octubre 2026

Cada año, para esta época, las lluvias vuelven a caer sobre la República Dominicana. Para muchos representan una bendición, especialmente para nuestros campos y la producción agrícola; para otros, se convierten en una verdadera pesadilla. Calles inundadas, vehículos atrapados, viviendas afectadas y comunidades incomunicadas son escenas que se repiten con cada aguacero. Sin embargo, más allá de la intensidad de las precipitaciones y de las deficiencias de nuestra infraestructura pluvial, existe una realidad que debemos reconocer que muchas de estas inundaciones también son consecuencia de nuestras propias acciones como ciudadanos.

Resulta indignante observar cómo todavía hay personas que lanzan basura a las calles, cañadas y contenes, sin pensar en las consecuencias. Esos desperdicios terminan obstruyendo los imbornales y desagües, impidiendo que el agua circule correctamente. Hay que reconocer los esfuerzos que realizan las alcaldías en la recogida de residuos y la limpieza de espacios públicos, aunque todavía existen importantes retos en el mantenimiento y ampliación de los sistemas de drenaje. Pero ninguna alcaldía, por eficiente que sea, podrá mantener limpia una ciudad si sus propios habitantes insisten en ensuciarla. No podemos exigir soluciones a las autoridades mientras como ciudadanos contribuimos diariamente a crear los problemas.

Necesitamos recuperar el sentido de responsabilidad ciudadana. Mantener limpias nuestras calles, disponer correctamente de la basura y respetar los horarios de recogida son acciones sencillas que pueden evitar grandes consecuencias. Las autoridades deben continuar invirtiendo en infraestructura, mantenimiento y educación ambiental, pero los ciudadanos también tenemos que hacer nuestra parte. Porque las lluvias son un fenómeno natural, pero muchas de las inundaciones que sufrimos son agravadas por nuestra falta de conciencia. Y hasta que no entendamos que cuidar nuestra ciudad es responsabilidad de todos, seguiremos lamentando, año tras año, las mismas consecuencias de nuestros propios errores.