Las alcaldías vs el peatón

ElAvance | 07 septiembre 2026

Caminar por Santo Domingo se ha convertido en una carrera de obstáculos. Basta intentar recorrer unas cuantas cuadras para encontrarse con vehículos estacionados sobre las aceras, postes colocados en medio del paso, hoyos, desniveles, rampas improvisadas, materiales de construcción, negocios que se apropian del espacio público y edificios que diseñan sus entradas como si la acera también les perteneciera. Si para una persona sin limitaciones físicas resulta complicado desplazarse, para alguien en silla de ruedas, un envejeciente, una persona no vidente o una madre empujando un coche de bebé puede convertirse sencillamente en una tarea imposible. Y Santo Domingo no es la excepción, esta realidad se repite en demasiadas ciudades del país.

Las alcaldías parecen haberse olvidado del ciudadano de a pie. La fiscalización es prácticamente inexistente y cada nueva construcción termina resolviendo su acceso, estacionamiento, rampas y niveles según su propia conveniencia, aunque eso signifique destruir la continuidad de la acera. ¿Quién supervisa? ¿Quién obliga a corregir? ¿Quién sanciona? En demasiados casos, nadie. Construimos edificios modernos mientras mantenemos ciudades hostiles para quienes caminan. Permitimos que el interés particular se apropie del espacio que pertenece a todos y después pretendemos hablar de movilidad, inclusión y ciudades inteligentes. Una ciudad moderna no puede ser aquella donde caminar cien metros exige bajarse de la acera varias veces y exponerse al tránsito porque alguien decidió ocuparla.

Santo Domingo y las principales ciudades del país necesitan un plan serio de recuperación de las aceras, acompañado de fiscalización permanente y consecuencias para quienes violen las normas. No se trata solamente de reconstruir contenes o colocar adoquines bonitos: necesitamos aceras continuas, accesibles, libres de obstáculos y diseñadas pensando primero en las personas. También hay que revisar las nuevas construcciones y dejar claro que ningún proyecto privado tiene derecho a sacrificar el espacio público para resolver sus necesidades particulares. Durante demasiado tiempo hemos diseñado nuestras ciudades alrededor del vehículo, del edificio y del negocio, dejando al peatón para lo último. Las aceras son espacio público, no una extensión de los parqueos ni propiedad del edificio que tienen enfrente. Recuperarlas significa devolverle la ciudad a su verdadero dueño: el ciudadano.