La Tesis del Equilibrio

ElAvance | 05 octubre 2026

Rolando Espinal.
Exclusiva para El Avance.

HIPÓTESIS: Si el PRM no neutraliza la asimetría estructural entre el MITUR y el Ayuntamiento del Distrito Nacional antes de su convención interna, la contienda Collado-Mejía no será una competencia democrática sino una guerra de aniquilación mutua. La única salida que garantiza unidad sin vencedores ni vencidos es un ministro de consenso en Turismo: Orlando Jorge Villegas.

Existen alianzas rubricadas mediante sacrificio; otras, a través del mutismo. Quien sepultó políticamente a dicha entonces aspirante edilicia encaja en esta última especie. Quedó zanjada durante el ano 2020, mientras aquel partido gobernante requería una figura aceptable para la metrópoli y el actual titular turístico precisaba cierta plataforma desde donde elevarse. Ningún actor redactó documento alguno. Tampoco dejó registro. Sin embargo, terminó ejecutándose exactamente cual cronómetro helvético.

Esa es la hipótesis que este trabajo somete a prueba. Y como toda hipótesis científica, debe resistir el escrutinio de los hechos, la lógica y la historia.

I. Ecosistemas desiguales: la asimetría no compite, absorbe

Collado abandonó la silla municipal en 2020 con las arcas saneadas y la ciudad remozada. Dejó a Carolina un listón imposible y una estructura administrativa que llevaba su impronta. Ella, honesta hasta la médula, en lugar de desmontar el tinglado y construir el suyo, se dedicó a continuar la obra. Restauró más de doscientas cinco plazas y parques. Sembró luminarias LED en el Ensanche Luperón. Transformó la laguna pestilente de la Urbanización Fernández en un pulmón verde premiado allende los mares. Liquidó la deuda corriente. Aumentó por quinto año consecutivo lo recaudado por recogida de desperdicios. Ganó la reelección con el 61.10% de los votos. Gobernó bien. Gobernó limpio. Y ese fue, precisamente, su pecado original: gobernar bien sin armarse para la guerra que venía.

Porque la guerra venía. Y venía calculada.

Collado no es solo un ministro. Es el arquitecto de un milagro económico que transformó a la República Dominicana en el destino turístico más exitoso del Caribe: once millones de visitantes en 2024, 949,000 empleos directos e indirectos, y una recaudación que solo entre enero y noviembre de 2025 alcanzó los RD$15,357.2 millones por tarjeta de turismo e impuesto de salida de pasajeros. La ONU Turismo lo distinguió como "Ministro de las Américas". Cada feria internacional fue un mitin disfrazado. Cada corte de cinta, un acto proselitista. Y nadie podía acusarlo de hacer campaña porque hacer campaña desde el MITUR es legal, ético y hasta patriótico.

Carolina Mejía, en cambio, administra un cabildo con recursos que son una fracción infinitesimal de lo que maneja el Ministerio de Turismo. Todos sus logros palidecen ante el titilar de las cifras turísticas. Son ecosistemas desiguales, y en la política dominicana, la asimetría no compite: absorbe.

La tarjeta de turista es el análogo perfecto de esta lucha desigual, la metáfora viva de una trampa que se cobra primero y se devuelve nunca. El dominicano residente la paga por adelantado en cada boleto aéreo, aun cuando la Resolución 217-2022 ordenó su eliminación hace cuatro años. El reembolso, en teoría, está disponible a través de la DGII. En la práctica, es un laberinto burocrático. Desde 2020 hasta mediados de agosto de 2024 se aprobaron apenas 37,607 solicitudes de devolución, que suman 376,050 dólares, mientras 10,919 fueron rechazadas. El año pasado la DGII devolvió 118,940 dólares y a junio de este año apenas 63,220. Solo Arajet ha adaptado sus sistemas para eliminar el cobro automático; el resto de las aerolíneas —JetBlue, Copa, American, Delta, United— judicializaron el tema para seguir cobrando la tasa. El dinero entra. El reembolso no sale. La trampa es legal, silenciosa y sistemática.

Exactamente como la trampa que atrapó a Carolina Mejía: una estructura diseñada para que el poder fluya en una sola dirección, sin retorno posible.

II. La celada aterciopelada: cómo se monta una asechanza impecable

El ideario de Maquiavelo posee un axioma que los planificadores del ministro usaron con sangre fría de operadores: el gobernante jamás debe entregar el espacio que necesitará después. La alcaldesa no lo captó. El ministro sí. Mientras ella se sacrificaba por la urbe, él tejía el entramado que luego lo sostendría: hombres de negocios que costearon su ayuntamiento, magnates que jugaron por su nombre, aparato comunicacional que lo transformó en secretario de números deslumbrantes.

El golpe magistral arribó en 2024. El ministro no apoyó al presidente por convencimiento ni fidelidad. Lo apoyó por cálculo. Aguardó hasta el último instante, pesó el costo y el provecho, y cuando el mandatario requirió certezas, puso su maquinaria a la orden. No fue abrazo. Fue trueque. El precio: que la alcaldesa no fuera la vicepresidenta. El propósito: competir solo al 2028, sin sombras que lo molestaran, sin sucesores que le disputaran el sitial. El presidente aceptó. Y la alcaldesa, la regidora más votada de la historia capitalina, la primera mujer en regir Santo Domingo, quedó fuera de la papeleta vicepresidencial sin que nadie le explicara el motivo.

Esa es la intención dañina que se proyectó en 2020 y se ejecutó en 2024. No fue casualidad. Fue diseño. El ministro requería que la alcaldesa reluciera lo bastante para no eclipsar su propio ascenso, pero no tanto como para reclamar la vicepresidencia. La quería potente en el cabildo y frágil en la convención. La quería eficaz para legitimar el partido y dócil para no disputarle el porvenir. Y la alcaldesa, atrapada en la celada de la buena fe, cumplió el libreto sin saber que era el libreto.

La píldora envenenada se ingirió forzada. En febrero de 2024, la alcaldesa aceptó la reelección empujada por un aparato que la necesitaba como figura ornamental, como la edil eficiente que legitimaba una estructura de poder ajena. El veneno hizo efecto lento, implacable. El premio de consuelo tiene nombre: una vicepresidencia decorativa. Pero incluso ese consuelo está en disputa. La vicepresidenta actual es la carta del grupo económico de Santiago de los Caballeros, ese oligopolio que ha sabido administrar el poder con la frialdad de un consejo de administración. Si la alcaldesa aspira a la vicepresidencia, no será por méritos propios: será porque el grupo de Santiago se lo permita. Y ese permiso nunca es gratis.

La historia política universal está repleta de figuras que aceptaron la celada de la vicepresidencia decorativa. En Argentina, a una dirigente se le ofreció una vicepresidencia "falsa" para que se apartara de la Ciudad de Buenos Aires y se pudriera en las sombras del poder. En Guatemala, un vicepresidente fue una figura ausente e invisible durante la administración de un mandatario. En Kenia, el cargo de vicepresidente se convirtió durante décadas en una jaula dorada donde se encerraba a los rivales internos del presidente de turno, quienes aceptaban el título creyendo que era un trampolín y descubrían, demasiado tarde, que era un sepulcro con honores. En Filipinas, la vicepresidencia es constitucionalmente un cargo sin poder efectivo, diseñado precisamente para neutralizar al adversario más fuerte del presidente. El patrón se repite con precisión quirúrgica: te dan un título sin poder, te sepultan en la irrelevancia, y cuando intentas volar, descubres que las alas te las cortaron antes de que aprendieras a usarlas.

El gran fraude de 2020 fue creer que la eficiencia municipal se mide con los mismos parámetros que la eficiencia ministerial. La gran farsa de 2024 fue la vil reelección, un trámite formal para mantener la fachada mientras el poder real se consolidaba en otras manos. En 2020, el refajo se dejó ver: la maquinaria política necesitaba una alcaldesa que no hiciera sombra al proyecto presidencial. En 2024, el refajo se cayó del todo.

III. La táctica bélica trasladada al tablero dominicano

Los grandes tratadistas de la guerra legaron principios que, aplicados a la política interna del PRM, alumbran la salida.

Sun Tzu enseñó en El Arte de la Guerra: "La victoria suprema es vencer sin combatir". El ministro venció a la alcaldesa sin necesidad de enfrentarla: la encapsuló en un cabildo mientras él ocupaba el centro del escenario nacional. Pero Sun Tzu también advirtió: "Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no temas el resultado de cien batallas". El PRM conoce a sus adversarios externos. Pero no se conoce a sí mismo.

Carl von Clausewitz habría reconocido la maniobra del ministro como una aplicación perfecta del principio de "concentración de fuerzas en el punto decisivo": concentró todos sus recursos —mediáticos, empresariales, presupuestarios— en un solo objetivo, mientras la alcaldesa dispersaba los suyos en la gestión municipal. Pero Clausewitz también advirtió que "la guerra es la continuación de la política por otros medios". En el PRM, la política interna ha sido la continuación de la guerra por otros medios. La salida es invertir esa máxima: la paz interna como continuación de la política por medios institucionales.

Antoine-Henri Jomini, el gran teórico de la logística militar, advirtió que "ninguna posición es indefendible si el adversario carece de líneas de comunicación interiores". La alcaldesa tiene una línea interior que el ministro no puede cortar: el clan de la alcaldesa. El expresidente de la República ha recorrido este país más veces de las que sus enemigos quisieran contar. Sabe de bellaquerías políticas lo que no saben juntos todos los asesores de imagen del ministro. Sabe que en política el que se va no vuelve, y que el que cede una vez cede siempre. Sabe que a ese clan le toca el turno porque es el segundo sector del PRM, porque apoyó al presidente en dos campañas, porque ha dado más batallas internas que cualquier tecnócrata de escritorio. Y su nieto, vástago de la alcaldesa, acaba de renunciar a un viceministerio para sentarse en la Secretaría General del PRM. No es un gesto decorativo. Es un apostadero.

Basil Liddell Hart, en su teoría de la "aproximación indirecta", escribió: "La verdadera victoria no consiste en vencer al enemigo, sino en dejarlo sin capacidad de resistencia". El ministro puede tener la cúpula, pero no tiene la calle. Puede tener el MITUR, pero no tiene el apellido. Puede tener el respaldo presidencial, pero no tiene la historia. Y en la política dominicana, la historia pesa más que cualquier encuesta pagada.

Maquiavelo escribió en sus Discursos sobre la primera década de Tito Livio: "El que desea reformar una ciudad y no quiere que le salgan mal las cosas, debe retener la sombra de las antiguas costumbres". La sombra de las viejas prácticas del PRM tiene un rostro: el líder que se fue a destiempo. Y tiene un continuador: su heredero natural.

IV. Deducción: las predicciones verificables

Aplicando el método científico, deducimos las siguientes predicciones:

Predicción 1: Si Collado permanece en el MITUR durante la convención interna, la contienda no será entre dos candidatos sino entre un ministerio y un cabildo. Carolina Mejía, víctima de haber jugado limpio en un tablero donde los demás jugaban sucio, será derrotada no por falta de méritos sino por falta de vitrina.

Predicción 2: Si Carolina Mejía es derrotada en condiciones de asimetría, la familia Mejía —que es dura de matar— no aceptará el resultado. La fractura será inevitable.

Predicción 3: Si el PRM se fractura, Abinader —proclamado presidente del partido para 2026-2030— tendrá que elegir entre la lealtad y la conveniencia, entre el partido y el proyecto. Y cualquiera que sea su elección, el costo será la unidad.

Predicción 4: La única salida que evita las tres predicciones anteriores es la designación de un ministro de consenso en MITUR: una figura técnica, sin ambiciones electorales, con pedigree familiar y peso moral suficiente para pacificar ambos bandos.

V. El silogismo de la unidad

La política dominicana tiene una máxima cruel que se cumple con precisión matemática: quien controla el relato, controla el poder. Y en la confrontación silenciosa entre el Ayuntamiento y el MITUR, el relato lo escribió Collado. Pero los relatos, como las trampas, pueden reescribirse.

La salida es quirúrgica. Collado debe salir del MITUR un año antes de la convención. Debe dejar el ministerio en manos de un técnico sin apellido, sin ambiciones, sin deudas con los empresarios. Solo entonces la contienda sería entre iguales. Solo entonces podría celebrarse una verdadera competencia interna, y que Dios reparta suerte.

¿Quién puede ocupar ese espacio? La respuesta, por lógica aristotélica, es una sola: Orlando Jorge Villegas.

Premisa mayor: El PRM necesita un ministro de consenso en MITUR que garantice neutralidad, competencia técnica y peso moral.

Premisa menor: Orlando Jorge Villegas —nieto del expresidente Salvador Jorge Blanco, hijo de Orlando Jorge Mera, el líder que el PRM perdió a destiempo— reúne todas esas condiciones.

Conclusión: Por lo tanto, Orlando Jorge Villegas es la figura idónea para dirigir el MITUR durante el período de transición hacia la convención.

La lógica es implacable. Orlando Jorge Villegas no es un recién llegado. Es heredero de dos legados: el de su abuelo, el presidente que enfrentó al FMI y pagó el precio de la dignidad; y el de su padre, Orlando Jorge Mera, el político íntegro que el PRM honraría al colocarlo en un cargo de responsabilidad. Su designación no sería un premio de consolación: sería un acto de justicia histórica.

Collado no puede rechazarlo. Tiene la cúpula. Tiene los empresarios. Tiene el MITUR con sus cifras relucientes. Pero no tiene la calle. No tiene el apellido. No tiene la historia. Si rechaza la designación, se expone a una guerra interna que no puede ganar sin destruir el partido que pretende liderar. Y un líder que destruye su partido para salvar su ambición no es un líder: es un pirómano.

La familia Mejía tampoco puede rechazarla. Orlando Jorge Villegas no es un adversario: es un puente. No es un candidato: es un árbitro. No es una amenaza: es una garantía. Su designación permitiría a Carolina Mejía competir en igualdad de condiciones, sin la losa de la asimetría estructural, sin la sombra del ministerio convertido en plataforma electoral.

VI. Prueba de la tesis: reducción al absurdo

La tesis se prueba por reducción al absurdo. Supongamos que el PRM no designa a Orlando Jorge Villegas en MITUR:

Collado permanece en el ministerio durante la convención. La contienda se convierte en una farsa anunciada. Carolina Mejía, la alcaldesa más votada de la historia capitalina, es derrotada no por méritos sino por asimetría. La familia Mejía, que apoya a Abinader desde dos campañas, no acepta el resultado. El PRM se fractura. Abinader pierde la unidad del partido que lo llevó al poder. La oposición, que observa desde las gradas, se frota las manos.

Conclusión del absurdo: El PRM no puede permitirse no designar a Orlando Jorge Villegas.

Supongamos ahora que sí lo designa:

Collado sale del MITUR un año antes, con su legado intacto y sus cifras récord como aval. Orlando Jorge Villegas asume el ministerio con un perfil técnico, neutral y moralmente incuestionable. La competencia interna se celebra entre iguales: Carolina con su cabildo, Collado con su historia, ninguno con el Estado como plataforma. Don Hipólito, el viejo zorro, reconoce el gesto y baja la guardia. Los Mejía, que son duros de matar, pero también saben reconocer cuando se les tiende un puente, aceptan el resultado. Abinader preserva la unidad del partido y proyecta su liderazgo hacia 2028. La oposición, que observa desde las gradas, se queda sin argumentos.

Conclusión de la tesis: La designación de Orlando Jorge Villegas en MITUR es la única salida que garantiza unidad, competitividad y justicia histórica.

La hora de los estrategas

La política dominicana ha tenido pocos momentos de lucidez estratégica. Este es uno de ellos. El PRM tiene en sus manos la oportunidad de honrar a Orlando Jorge Mera —el líder que se fue a destiempo— colocando a su hijo en un cargo de consenso que garantice la unidad del partido. Tiene en sus manos la oportunidad de demostrar que la familia Mejía no es un obstáculo sino un pilar. Tiene en sus manos la oportunidad de probar que David Collado no es un ambicioso sin escrúpulos sino un estratega que sabe cuándo ceder terreno para ganar la guerra.

Como escribió Sun Tzu: "No es la mejor de todas las victorias la que se obtiene sobre el enemigo después de una larga guerra, sino la que se obtiene sin necesidad de combatir". La designación de Orlando Jorge Villegas en MITUR sería esa victoria: la victoria sin bajas, la paz sin rendición, la unidad sin imposición.

La trampa se armó en 2020. Se cerró en 2024. Y ahora empieza a abrirse sola, porque las trampas, como los imperios, caen cuando menos se espera. Collado baja lento en las encuestas que no son suyas. Carolina sube. El círculo se estrecha. Y en el centro del círculo, Abinader tiene la llave.

La pregunta no es si el PRM designará a Orlando Jorge Villegas en MITUR. La pregunta es si lo hará antes de que la trampa se convierta en tumba, o después de que la unidad sea un recuerdo.

La lógica es implacable. La historia lo exige. Y los estrategas, como los imperios, caen cuando menos se espera.

Orlando Jorge Villegas no es la solución porque sea el único. Es la solución porque, por lógica, es el único que garantiza la unidad.

No se marche. Esto se pone bueno.