La libertad exige responsabilidad

ElAvance | 08 julio 2026

La democracia nos ha otorgado a cada uno, uno de los derechos más valiosos: la libertad de expresión, esa libertad que nos permite expresar ideas, cuestionar autoridades y participar activamente en el debate público. Sin embargo, ese derecho nunca ha significado que todo pueda hacerse de cualquier manera en cualquier lugar y bajo cualquier circunstancia. Existe una diferencia fundamental entre ejercer la libertad de expresión y convertirla en libertinaje. Del mismo modo, cuidar las formas, respetar los espacios institucionales y actuar conforme a la responsabilidad que exige un cargo público no representa una limitación a las libertades; constituye un requisito indispensable para preservar el orden democrático.

Las instituciones, los protocolos y el respeto por los cargos no son simples formalidades. Son parte de la estructura que sostiene la convivencia en una sociedad organizada. En una democracia es legítimo disentir, criticar y denunciar, pero también es necesario comprender que el tono, el momento y el escenario en que se hace pueden fortalecer o debilitar las instituciones. Cuando las formas desaparecen y el insulto sustituye al argumento, cuando la confrontación permanente desplaza al diálogo y cuando quienes ocupan posiciones de liderazgo olvidan la responsabilidad que acompaña a sus funciones, no solo se deteriora el debate público; también se erosiona la confianza en el sistema.

La República Dominicana ha logrado construir una democracia estable que, con sus aciertos y desafíos, ha permitido al país avanzar en desarrollo, crecimiento económico e institucionalidad. Esa estabilidad no debe darse por sentada. Preservarla exige ciudadanos responsables, líderes prudentes y servidores públicos conscientes del peso de sus palabras y acciones. Defender la libertad de expresión también implica defender el respeto, la institucionalidad y las formas que hacen posible la vida democrática. Porque cuando se pierde el equilibrio entre libertad y responsabilidad, las instituciones se debilitan y las sociedades comienzan a recorrer caminos que otros países ya han transitado con consecuencias que nadie quisiera repetir.