Haití no necesita más promesas

ElAvance | 26 agosto 2026

La tragedia haitiana parece haberse convertido en parte del paisaje internacional. Se anuncian misiones, se aprueban resoluciones, se celebran reuniones diplomáticas y se prometen recursos, pero mientras tanto las bandas continúan asesinando, secuestrando y desplazando comunidades enteras. Los datos más recientes son estremecedores: más de 1,400 personas murieron entre abril y junio de este año, alrededor de 1.5 millones permanecen desplazadas y el reciente ataque en Kenscoff volvió a demostrar la capacidad de las organizaciones criminales para sembrar terror.

La comunidad internacional conoce perfectamente la magnitud del problema. Lo imperdonable es que, después de tantos años, continúe reaccionando con una lentitud incompatible con la emergencia que dice querer resolver.

El ejemplo más evidente está en la propia fuerza internacional creada para combatir las bandas. Se autorizó una estructura de hasta 5,550 efectivos, pero para julio apenas se habían desplegado poco más de mil. Esa distancia entre lo prometido y lo ejecutado resume buena parte de la historia reciente de Haití. No basta con aprobar soldados que nunca llegan, anunciar recursos que tardan meses en materializarse o hablar de elecciones mientras existen territorios donde el Estado apenas puede garantizar la seguridad.

Haití necesita recuperar el control territorial, fortalecer su Policía y su sistema judicial, reconstruir instituciones y ofrecer alternativas económicas y sociales a una población que lleva demasiado tiempo sobreviviendo entre la violencia y la desesperanza. Nada de eso será posible mientras la respuesta internacional continúe llegando a cuentagotas.

Y mientras el mundo se acostumbra a mirar hacia otro lado, el problema permanece, crece y termina repercutiendo especialmente sobre la República Dominicana, que comparte la isla y una extensa frontera con un Estado profundamente debilitado. Nuestro país puede reforzar sus controles y tiene el derecho de proteger su territorio, pero no puede resolver una crisis que corresponde fundamentalmente a los haitianos con un acompañamiento internacional serio.

Haití no necesita otra declaración de buenas intenciones. Necesita que quienes prometieron efectivos los envíen, quienes ofrecieron recursos los desembolsen y quienes hablan de reconstrucción institucional contribuyan realmente a hacerla posible. Olvidarse de Haití no hará desaparecer el problema; solamente permitirá que la próxima crisis sea todavía peor.