¿Dónde están los padres?

ElAvance | 06 octubre 2026

El caso de las dos adolescentes de Navarrete, una de ellas todavía desaparecida tras un episodio que las autoridades investigan, provoca indignación, tristeza y también preguntas incómodas que como sociedad tenemos que atrevernos a formular. ¿dónde estaban los adultos responsables de proteger a esas menores? Independientemente de no conocer las circunstancias familiares, pero esas jóvenes tienen que tener a adultos que velen por ellas; esta situación no debe de obligar a discutir seriamente la supervisión, los horarios, las compañías y los riesgos a los que están expuestos nuestros adolescentes.

Ser padre no consiste solamente en alimentar, vestir, pagar un colegio o entregar un teléfono celular. Implica saber dónde están nuestros hijos, con quién están, establecer límites, conversar con ellos y detectar cambios de conducta que puedan advertirnos de situaciones peligrosas. El Estado tampoco puede sustituir a la familia, pero sí debe intervenir cuando existen indicios de negligencia o desprotección. Si una investigación determina que hubo incumplimientos graves de los deberes de cuidado, las instituciones correspondientes deben aplicar las consecuencias previstas por la ley. No como espectáculo ni como venganza, sino porque la protección de un menor es una responsabilidad legal además de moral. Y nada de esto disminuye un ápice la responsabilidad de cualquier adulto que abuse, agreda o se aproveche de la vulnerabilidad de un niño o adolescente.

Este caso también debería hacernos mirar más profundamente hacia nuestras familias. Necesitamos recuperar la conversación, los límites, la disciplina responsable y la presencia de los padres, pero también normalizar algo que durante demasiado tiempo hemos tratado como excepcional, la asistencia psicológica y la terapia familiar. No tenemos que esperar una tragedia para buscar ayuda. Escuelas, familias e instituciones públicas deberían incorporar la salud mental, la orientación a padres y el acompañamiento de adolescentes como herramientas habituales de prevención. Nuestros hijos necesitan libertad para crecer, pero también adultos presentes para protegerlos mientras aprenden a ejercerla.