¿De quién son las aceras de Santo Domingo?

ElAvance | 30 octubre 2026

Jorge Juan Feliz Pacheco
El autor es regidor del Distrito Nacional

Cuando una madre tiene que bajar a la calle con un coche de bebé porque un vehículo bloquea la acera, no estamos ante una simple incomodidad. Estamos ante un problema de ciudad.

En Santo Domingo hemos llegado a una contradicción preocupante: construimos modernos edificios, grandes plazas comerciales y amplias avenidas, pero todavía tenemos ciudadanos que deben arriesgar sus vidas para caminar unos pocos metros.

La ocupación de las aceras por vehículos, talleres, colmados, comercios y construcciones se ha convertido en uno de los símbolos más visibles de nuestro desorden urbano. Pero existe otra realidad igualmente preocupante: personas que, por decisión propia, colocan conos, cadenas, jardineras y obstáculos para apropiarse de espacios que no les pertenecen.

En numerosos sectores encontramos colmados que extienden sus negocios hacia las aceras, colocando neveras, mesas, sillas y mercancías. También vemos propietarios de viviendas que utilizan el frente de sus casas como estacionamientos privados, olvidando que la acera no forma parte de su propiedad.

¿En qué momento confundimos vivir frente a un espacio público con tener derecho a adueñarnos de él?

Lo más preocupante es que hemos normalizado estas prácticas. Nos acostumbramos a caminar por la calle, esquivar vehículos y aceptar que el peatón sea siempre el último en las prioridades urbanas.

Las recientes intervenciones del Ayuntamiento del Distrito Nacional para recuperar espacios públicos son positivas y necesarias. Sin embargo, recuperar una acera no puede convertirse en una acción de unos pocos días. El verdadero reto es garantizar que permanezca libre.

Por eso, considero necesario impulsar un Plan Integral de Aceras Seguras, comenzando por escuelas, hospitales, estaciones del Metro y corredores comerciales. Este plan debe contemplar un inventario de espacios ocupados, supervisión permanente, educación ciudadana, medidas contra la reincidencia y resultados públicos que permitan evaluar los avances.

Desde el Concejo de Regidores debemos fortalecer las normativas municipales y ejercer nuestra responsabilidad de fiscalización, trabajando conjuntamente con la Alcaldía para garantizar su cumplimiento.

No se trata de perseguir a los comerciantes ni de enfrentar a los vecinos. Se trata de comprender que el desarrollo económico y el derecho a transitar libremente deben coexistir bajo reglas claras.

Una ciudad moderna no se mide solamente por la altura de sus edificios, sino por la facilidad con que un niño, una familia con un coche de bebé, una persona que pasea su mascota, un adulto mayor o alguien con discapacidad puede desplazarse con seguridad.

La acera que alguien ocupa indebidamente es el espacio que otro ciudadano pierde para caminar.

Santo Domingo necesita recuperar algo más importante que sus aceras: el respeto por lo que nos pertenece a todos.

Porque las ciudades se cambian una calle a la vez.