Coordinación necesaria de la política fiscal y monetaria

ElAvance | 18 febrero 2026

Por Jochi Vicente

En economías pequeñas y abiertas como la de la República Dominicana, la política monetaria y la política fiscal deben operar de forma coordinada. Cuando ambas se coordinan, el resultado es estabilidad macroeconómica, previsibilidad para los agentes económicos y un menor costo de los ajustes que sea necesario realizar. Por el contrario, cuando no lo hacen, los resultados pueden traducirse en una inflación más persistente, tasas de interés innecesariamente altas, mayores niveles de deuda y un menor crecimiento potencial.

Este tema es de especial relevancia de cara al entorno fiscal actual del país, marcado por la vigencia plena de la Ley de Responsabilidad Fiscal y por un horizonte en el que el espacio fiscal (salvo que se produzca una reforma tributaria) será, por diseño, cada vez más limitado.

¿Por qué importa la coordinación entre la política monetaria y la política fiscal?

La política fiscal incide sobre la demanda agregada a través del gasto, los impuestos y el endeudamiento. Por su parte, la política monetaria se enfoca para cumplir el mandato del Banco Central de estabilidad de precios y de estabilidad macroeconómica.

Cuando ambas políticas empujan en la misma dirección, los objetivos se refuerzan. Cuando avanzan en direcciones opuestas sin coordinación, se neutralizan con costos que pueden ser importantes.

Coordinación es sinónimo de coherencia. Y a veces la coherencia puede implicar posturas diferentes. Suena raro, pero me explico a continuación.

El contexto futuro de la política fiscal bajo la Ley de Responsabilidad Fiscal

La Ley de Responsabilidad Fiscal introduce un cambio estructural en la conducción de la política fiscal en la República Dominicana. Reduce la discrecionalidad, establece trayectorias claras de déficit, a través del control del crecimiento del gasto primario, y crea un anclaje gradual de la deuda pública. Esta ley es el equivalente fiscal del Programa de Metas de Inflación implementado por el Banco Central desde el 2012. Es una ley para dar predictibilidad a la política fiscal con mecanismos de escape para cuando la misma necesite utilizarse como herramienta anticíclica.

El gasto primario (gasto sin incluir los intereses de la deuda) crecerá por debajo del PIB nominal en el mediano plazo, será más rígido en el corto plazo y esto presionará para mejoras en la calidad del gasto. Desde el punto de vista macroeconómico, esto significa que el impulso fiscal neto será, en promedio, neutral o moderadamente restrictivo durante varios años.

Es importante mencionar que, en los primeros años de aplicación de la ley, a pesar de esta reducción del crecimiento del gasto primario, su nivel seguirá siendo superior al promedio histórico reciente. Para evitar que este nivel continúe ajustándose a la baja, será necesario un aumento estructural de los ingresos tributarios.

¿Cuál debe ser la postura del Banco Central ante esta trayectoria fiscal?

Esta trayectoria fiscal tiene implicaciones directas para la política monetaria.

El Banco Central debe seguir atendiendo su mandato legal de garantizar la estabilidad de precios. En este punto no puede haber ningún tipo de transigencia. Ahora bien, la autoridad monetaria debe tener en cuenta que, siempre que la inflación esté controlada, la política monetaria debe adoptar un sesgo más expansivo para mitigar los efectos restrictivos que se producirán para cumplir los objetivos de la Ley de Responsabilidad Fiscal.

En otras palabras, la coordinación implicará políticas fiscales y monetarias que no necesariamente se muevan en la misma dirección. Aunque esto pueda parecer una contradicción, en realidad no lo es. Se trata de operar el sistema macroeconómico reconociendo que los objetivos fiscales de mediano plazo son fundamentales para preservar la estabilidad macroeconómica y que estos, a su vez, permitirán mejores condiciones financieras en el futuro.

Esta realidad debe comunicarse de forma clara para reforzar la idea de coherencia macroeconómica y para que quede claro que, aunque las posturas no sean similares, son el resultado de la coordinación y no de su ausencia.

La credibilidad fiscal permitirá una política monetaria más eficiente. Y una política monetaria más eficiente reduce el costo de la consolidación fiscal.

Reflexión final

La coordinación entre la política fiscal y la política monetaria es una condición necesaria para una estabilidad macroeconómica duradera. Con reglas fiscales creíbles y una política monetaria coherente, la República Dominicana puede lograr menor volatilidad macroeconómica, tasas de interés estructuralmente más bajas y un mayor crecimiento potencial.