Con nuestra frontera no se juega

ElAvance | 26 octubre 2026

La crisis que vive Haití dejó de ser exclusivamente un problema interno de esa nación para convertirse en una amenaza permanente a la estabilidad de la región. Las pandillas armadas han extendido su dominio sobre amplias zonas del territorio haitiano, sembrando el terror entre una población que lleva años esperando una solución. Los recientes acontecimientos, que han obligado al Gobierno dominicano a reforzar la presencia militar en nuestra frontera, confirman la gravedad de una situación que no podemos subestimar. República Dominicana tiene que actuar con mano dura, firmeza y determinación para proteger su soberanía, su territorio y la seguridad de sus ciudadanos. No podemos permitir que la violencia y el descontrol del otro lado de la isla comprometan la tranquilidad que tanto esfuerzo nos ha costado construir.

Mientras tanto, la comunidad internacional continúa acumulando reuniones, resoluciones y promesas que no se han traducido en resultados suficientes para devolverles la seguridad a los haitianos. Aunque se han desplegado misiones y recursos, las pandillas siguen aterrorizando comunidades enteras y desafiando a las fuerzas del orden. Haití no necesita más declaraciones de buenas intenciones: necesita acciones concretas, recursos suficientes y una intervención internacional efectiva que permita recuperar el control territorial y reconstruir sus instituciones. El pueblo haitiano ha quedado demasiado tiempo expuesto a la violencia, y República Dominicana no puede cargar sola con las consecuencias de una crisis cuya solución requiere una responsabilidad internacional compartida.

Nuestro Gobierno debe mantener una política fronteriza firme, con vigilancia militar, controles migratorios efectivos, inteligencia y capacidad de respuesta ante cualquier amenaza, siempre dentro del marco de la ley. La solidaridad con el pueblo haitiano no puede confundirse con renunciar a nuestra seguridad nacional. Tampoco debemos permitir que el abandono internacional termine convirtiéndose en una carga insostenible para los dominicanos. La paz de Haití es indispensable para la estabilidad de toda la isla, pero la defensa de República Dominicana es una responsabilidad que no admite vacilaciones. La comunidad internacional tiene que pasar de las palabras a los hechos. Y mientras eso ocurre, nuestra frontera debe permanecer protegida, vigilada y bajo el control absoluto de las autoridades dominicanas.