A 47 años del huracán David: la tragedia que marcó a República Dominicana

ElAvance | 31 agosto 2026

Un día como hoy, 31 de agosto, pero hace 47 años, República Dominicana vivió uno de los episodios más devastadores de su historia contemporánea: el paso del huracán David.

Aquel monstruoso fenómeno, de categoría 5, tocó tierra por las costas de Nigua, en la provincia San Cristóbal, luego de un inesperado cambio en su trayectoria. Los pronósticos iniciales apuntaban a que el huracán bordearía la zona de Barahona, pero un giro abrupto modificó su rumbo y lo llevó directamente sobre territorio dominicano.

Con vientos sostenidos de hasta 240 kilómetros por hora y lluvias torrenciales, David dejó a su paso un escenario de destrucción. Miles de viviendas fueron destruidas, el tendido eléctrico colapsó y aproximadamente el 70 % de la producción agrícola nacional quedó arrasada, de acuerdo con datos de la época.

Las cifras oficiales y diversas estimaciones sitúan en más de 2,000 el número de personas que perdieron la vida, mientras que más de 200,000 quedaron sin hogar. La magnitud de la tragedia convirtió a David en uno de los desastres naturales más mortíferos del siglo XX, no solo para República Dominicana, sino para todo el Caribe.

Las inundaciones repentinas y el desbordamiento de ríos provocaron escenas dramáticas en numerosas comunidades del país. Entre las tragedias más dolorosas estuvo el colapso de refugios improvisados, donde muchas familias buscaban protección ante la furia del fenómeno.

A casi cinco décadas de aquel desastre, el huracán David permanece en la memoria colectiva dominicana como un recuerdo imborrable de la fuerza de la naturaleza y de la vulnerabilidad de una nación frente a fenómenos meteorológicos de semejante magnitud.

Pero la tragedia no terminó con David.

Apenas cuatro días después, el 4 de septiembre de 1979, cuando el país todavía no había tenido tiempo de iniciar su recuperación, la tormenta tropical Federico impactó nuevamente el territorio nacional, agravando una situación que ya era crítica.

El paso de Federico profundizó las inundaciones, aumentó las pérdidas agrícolas, dejó a más familias a la intemperie y sumó nuevas víctimas a una catástrofe que aún permanecía fresca en la memoria de los dominicanos.

El sistema registró vientos de hasta 135 kilómetros por hora y permaneció sobre territorio dominicano durante aproximadamente seis días, descargando intensas precipitaciones sobre un suelo que ya se encontraba completamente saturado.

David y Federico llegaron con apenas unos días de diferencia, pero sus efectos se extendieron durante mucho más tiempo. Para miles de dominicanos, septiembre de 1979 quedó marcado para siempre como uno de los momentos más dolorosos y devastadores de la historia reciente del país.