Las Terrenas: lo peor de nosotros

ElAvance | 06 abril 2026

Lo que se vivió en Las Terrenas, Samaná, durante las festividades de Semana Santa es el reflejo de lo peor que podemos llegar a ser como sociedad. Desorganización, ruido en exceso, irrespeto por los espacios comunes y la ley misma, basura en toda la zona, y la preocupante indiferencia de todos los que participaron allí. Lo que está llamado a ser un destino turístico de alta calidad y paradisíaco, se convirtió en un escenario de caos y libertinaje que dejó al descubierto las fallas profundas de nuestra cultura ciudadana.

Pero este no fue solo un problema del comportamiento de un grupo, sino una clara señal de la falta de planificación y aplicación de las leyes por parte de las autoridades competentes. Con el tiempo a su favor, debieron prever la magnitud -ya conocida- del flujo de visitantes y establecer controles que garantizaran el orden, la seguridad y la protección ambiental. Como siempre, la improvisación y la falta de coordinación terminan pasando factura, y el resultado de Las Terrenas fue el de un destino desbordado y sin capacidad de respuesta a la realidad que enfrentaba.

Sin embargo, sería un error colocar toda la responsabilidad sobre las instituciones de la ley. La sociedad dominicana debe hacer una reflexión; la Semana Santa es para eso. ¿Con qué moral podemos exigir orden mientras contribuimos al desorden? No podemos pedir respeto si no somos capaces de practicarlo. Todo el que contribuyó al desorden y caos vivido allí no debe tener el derecho de exigir ni quejarse cuando el mismo caos y libertinaje le toque a su puerta.

Las Terrenas debe servir como una advertencia. No es el país que aspiramos a ser ni la imagen que queremos proyectar. Corregir este rumbo implica asumir responsabilidades desde todos los niveles: autoridades más preparadas y ciudadanos más conscientes. Porque al final, el verdadero desarrollo no se mide solo en infraestructura o turismo, sino en la capacidad de convivir con orden, respeto y sentido colectivo.