El valor de las ideas

ElAvance | 19 marzo 2026

Por Eduardo ‘Yayo’ Sanz Lovatón

Durante mucho tiempo se creyó que la riqueza de las naciones dependía únicamente de lo que podían extraer de su suelo o producir en sus fábricas. Hoy sabemos que el verdadero motor del desarrollo también nace de algo menos visible, pero mucho más poderoso: las ideas. En esta nueva etapa de la economía global, la creatividad, el conocimiento y la innovación se han convertido en los recursos más valiosos de los pueblos.

Como dominicano, y como servidor público, he tenido el privilegio de ver de cerca cómo el talento de nuestra gente se está convirtiendo en uno de los activos más prometedores del país. Bajo el liderazgo del presidente Luis Abinader hemos asumido una convicción clara: el futuro económico de la República Dominicana no puede depender únicamente de la manufactura tradicional, sino también de lo que hoy se conoce como la economía de las ideas, donde el ingenio humano se transforma en oportunidades, empleos y crecimiento.

En ese contexto surge con fuerza la llamada economía naranja, que no es otra cosa que la expresión productiva de esa economía de las ideas. Hablamos de un ecosistema donde el talento, la creatividad y la tecnología generan valor: desde el cine, la música y el diseño, hasta el desarrollo de software, los videojuegos y los contenidos digitales. Es una economía que conecta la identidad cultural con la innovación y que permite que el talento dominicano encuentre espacio en mercados globales cada vez más abiertos a la originalidad.

Desde el Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes estamos trabajando para que ese talento tenga las condiciones necesarias para crecer. Por primera vez, las industrias creativas forman parte de la estrategia de desarrollo productivo del país. Un ejemplo concreto es el Directorio Creativo, una plataforma que ya reúne a más de 1,300 empresas y profesionales del sector. Puede parecer un paso sencillo, pero la visibilidad es el primer paso hacia la formalización, el financiamiento y la participación en el comercio internacional.

He tenido la oportunidad de conversar con jóvenes dominicanos que desarrollan aplicaciones, diseñan videojuegos o crean contenido digital que ya se consume fuera de nuestras fronteras. Ver ese entusiasmo confirma algo que siempre he creído: el talento dominicano no tiene límites cuando encuentra las oportunidades adecuadas.

Por eso impulsamos programas de formación como “Bit a Bit”, que ya ha permitido capacitar a cientos de jóvenes en habilidades tecnológicas y creativas. Más de 300 dominicanos han recibido formación en programación de videojuegos bajo estándares internacionales. Cada uno de ellos representa el potencial de una economía que crece a partir del conocimiento y la innovación.

Pero para que las ideas puedan convertirse en oportunidades reales también se necesita confianza. En ese sentido, uno de los logros institucionales más importantes ha sido la exclusión, por segundo año consecutivo, de la Lista de Vigilancia 301 de la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR). Este reconocimiento confirma que la República Dominicana protege la propiedad intelectual, un elemento esencial para cualquier economía basada en la creatividad.

La economía de las ideas también tiene un profundo impacto social. Permite que el desarrollo no se concentre únicamente en las grandes ciudades. Hoy un joven en cualquier provincia puede exportar servicios digitales desde su computadora, rompiendo las barreras geográficas tradicionales y generando oportunidades allí donde antes parecía imposible.

Lo vemos también en eventos culturales y creativos que dinamizan la economía local. El Festival CAYE 2025, por ejemplo, reunió a más de 13,000 personas y activó múltiples eslabones de la actividad económica. Cuando la cultura se mueve, se activan el turismo, el comercio, la gastronomía y el orgullo por nuestras raíces.

La creatividad dominicana es también una forma de identidad nacional. En cada proyecto cultural, en cada emprendimiento tecnológico y en cada expresión artística viajan nuestra historia, nuestra alegría y la capacidad única de los dominicanos para transformar la imaginación en oportunidades.

Nuestra mirada está puesta en un objetivo ambicioso: Meta RD 2036, el compromiso nacional de duplicar el tamaño real de nuestra economía en una generación. Para lograrlo, la productividad tendrá que estar impulsada por la innovación constante.

No es casual que estudios del Harvard Growth Lab sitúen hoy a la República Dominicana entre las economías con mejores perspectivas de crecimiento para la próxima década. Parte importante de ese dinamismo dependerá de nuestra capacidad para integrarnos a las industrias del futuro: los servicios modernos, la manufactura avanzada y las tecnologías emergentes.

La mayor riqueza de República Dominicana está en el talento, la creatividad y la capacidad de nuestra gente para imaginar un futuro mejor. Si logramos proteger esas ideas, impulsarlas y conectarlas con el mundo, seguiremos construyendo el país próspero y digno que todos queremos Si logramos protegerla, impulsarla y conectarla con el mundo, las ideas dominicanas seguirán recorriendo el planeta. Y con ellas, seguiremos construyendo el país próspero y digno que todos queremos.