Una ciudad detenida

ElAvance | 06 febrero 2026

Salir a las calles se ha convertido en una tarea de supervivencia, pero no porque los crímenes o asaltos hayan aumentado, sino por el peligro en que se han transformado los motoristas. Lo que está llamado a ser uno de los medios de transporte más económicos y una fuente de sustento para muchas familias se ha convertido, en demasiados casos, en una conducta kamikaze.

Los motoristas son hoy protagonistas constantes de imprudencias y, tristemente, de la mayoría de los accidentes que se reportan a diario. Circular sin casco, en vía contraria, saltarse semáforos o zigzaguear entre vehículos se ha normalizado, mientras la fiscalización de las autoridades no da abasto y, en ocasiones, brilla por su ausencia.

A este problema se suma otro que pocos quieren enfrentar con seriedad: el modelo de dejar y recoger estudiantes en los centros educativos. En horas pico, colegios y escuelas convierten calles y avenidas completas en filas interminables de vehículos mal estacionados, dobles filas y tapones que se extienden hacia vías principales, afectando sectores enteros de la ciudad. Lo que debería ser un proceso organizado se transforma en un cuello de botella que paraliza el tránsito y expone a peatones, estudiantes y conductores a riesgos innecesarios.

Las soluciones existen, pero requieren decisión y coordinación. Es urgente aplicar un régimen real de consecuencias para los motoristas, con fiscalización constante, educación vial obligatoria y controles efectivos. En el caso de los centros educativos, se impone la necesidad de rutas escolares, horarios escalonados, zonas de ascenso y descenso bien definidas y acuerdos claros con las autoridades municipales y de tránsito. A esto debe sumarse la mejora del transporte público y una planificación urbana que priorice la movilidad.

Mientras esto no se resuelva, seguiremos viviendo en una ciudad detenida.