¿Dónde están los padres de los jóvenes delincuentes?

ElAvance | 23 octubre 2026

Cada vez que un joven delincuente pierde la vida durante un enfrentamiento con la Policía, vemos escenas de padres y familiares llorando desconsoladamente su partida. Es un dolor que merece respeto, porque ninguna familia debería tener que enterrar a un hijo. Pero también debemos hacernos una pregunta incómoda: ¿dónde estaban esos padres cuando sus hijos sembraban el miedo en los barrios, atracaban a ciudadanos y convertían la tranquilidad de familias trabajadoras en una pesadilla? ¿Dónde quedaron la disciplina, los valores, la rectitud y la responsabilidad del hogar? No podemos pretender que toda la responsabilidad de corregir las conductas de nuestros jóvenes recaiga sobre el Estado, cuando es precisamente en la familia donde comienza la formación del carácter y del respeto por los demás.

Existe una historia que cuenta cómo dos hermanos crecieron con un padre alcohólico. Uno terminó siguiendo sus pasos, mientras el otro decidió rechazar completamente ese camino. Ambos tuvieron el mismo ejemplo, pero tomaron decisiones diferentes. Esta reflexión nos recuerda que nuestro entorno influye, pero no determina inevitablemente nuestro destino. La pobreza, las dificultades familiares y la falta de oportunidades pueden condicionar nuestras vidas, pero no justifican hacer daño a los demás. Cada persona tiene responsabilidad sobre sus decisiones, y los padres tienen el deber de orientar, corregir y acompañar a sus hijos antes de que sea demasiado tarde.

Necesitamos recuperar el valor de la familia como primera escuela de ciudadanía. Los padres no pueden desentenderse de la conducta de sus hijos, como tampoco podemos asumir que toda familia conoce o puede controlar cada una de sus decisiones. El Estado debe prevenir el delito, ofrecer oportunidades y garantizar que toda actuación policial respete la ley, porque ninguna sospecha convierte una muerte en una condena legítima. Pero la responsabilidad familiar tampoco puede desaparecer del debate. La pregunta no debe surgir solamente cuando llega la tragedia, sino mucho antes, cuando todavía estamos a tiempo de corregir el rumbo. Porque educar, poner límites y enseñar valores también es una forma de salvar vidas.

Equilibra mejor las responsabilidadesRefuerza la responsabilidad estatal