El mundo volvió a dejar solo a Haití

ElAvance | 07 octubre 2026

Haití continúa siendo un Estado profundamente debilitado, con instituciones incapaces de ejercer plenamente su autoridad sobre buena parte de su territorio mientras las bandas criminales controlan amplias zonas de Puerto Príncipe y corredores estratégicos. Cerca de 1.5 millones de personas permanecen desplazadas y unos 6.4 millones necesitan asistencia humanitaria. Entre abril y junio de este año, Naciones Unidas documentó 1,408 muertos y 656 heridos, y en agosto una nueva masacre en Kenscoff dejó al menos 47 fallecidos. El mundo conoce perfectamente estas cifras. Las ha discutido en Nueva York, ha aprobado resoluciones, diseñado misiones y pronunciado discursos. Sin embargo, las bandas siguen ahí. El propio António Guterres reconoció durante su visita de junio que Haití necesita que el mundo cumpla su palabra.

Las palabras pronunciadas en Naciones Unidas no han tenido la misma velocidad que las armas de las bandas. En septiembre de 2025, el Consejo de Seguridad autorizó una Fuerza de Represión de Bandas de hasta 5,550 efectivos para enfrentar a los grupos criminales y respaldar a la Policía haitiana. Un año después, al renovarse su mandato, apenas unos 1,500 efectivos estaban desplegados. Mientras la comunidad internacional discute financiamiento, contingentes y logística, República Dominicana continúa recibiendo de manera directa las consecuencias de compartir una frontera de casi 400 kilómetros con un país sumido en semejante crisis. Podemos reforzar nuestra frontera, aplicar nuestras leyes migratorias y defender nuestro territorio, como corresponde a cualquier Estado soberano; pero ninguna política dominicana podrá sustituir la responsabilidad de reconstruir la seguridad y las instituciones del lado haitiano.

La comunidad internacional tiene que volver a colocar a Haití entre sus prioridades y, esta vez, pasar de las resoluciones a la ejecución. Completar la fuerza prometida, garantizar su financiamiento, respaldar efectivamente a la Policía haitiana, cortar el flujo de armas y dinero hacia las bandas, recuperar territorios e infraestructura y acompañar la reconstrucción institucional del país. República Dominicana puede colaborar y seguirá inevitablemente involucrada por razones geográficas, humanitarias, económicas y de seguridad, pero no puede cargar sobre sus hombros con una crisis que corresponde resolver primero a Haití y que requiere un verdadero compromiso internacional. Haití no necesita otra reunión para escuchar nuevas promesas. Necesita que finalmente se cumplan las que ya le hicieron. Y República Dominicana necesita que el mundo entienda que cada día de inacción al otro lado de nuestra frontera también tiene consecuencias de este lado de la isla.