La decencia, la vulgaridad y la gente que no sabe diferenciar los espacios

Martin Severino | 28 septiembre 2026

Por Martín Severino

El caso de la joven que denunció que se le impidió ingresar a Ágora Mall por la forma en que estaba vestida nos ha llevado a analizar con seriedad la diferencia entre la libertad individual y la responsabilidad que tenemos al convivir con los demás.

La libertad es un derecho que nadie puede desconocer, incluyendo la forma en que cada persona decide expresarse a través de su vestimenta. Sin embargo, esa libertad no puede convertirse en una excusa para ignorar que existen espacios con determinadas normas de convivencia, donde también tienen participación familias, niños y personas con distintas formas de pensar.

En la sociedad que vivimos actualmente, algunas personas pretenden utilizar el argumento del derecho a vestir como quieran para justificar presentarse en cualquier lugar sin tomar en cuenta el ambiente que las rodea. Y es precisamente ahí donde debemos detenernos: no todos los espacios funcionan bajo la misma dinámica ni tienen los mismos códigos.

Una plaza comercial no es solamente un lugar de tránsito y compra; es un espacio donde diariamente coinciden padres con sus hijos, familias que buscan compartir y personas que esperan encontrar un ambiente sano. Por eso, además de hablar de derechos, también debemos hablar de valores como la prudencia, el respeto, el pudor y la conciencia sobre el mensaje que transmitimos con nuestras acciones.

El problema de esta sociedad es que muchas veces hemos llegado al punto de creer que cualquier cuestionamiento es una agresión y que establecer límites es sinónimo de discriminación. No todo puede justificarse bajo el argumento de la libertad, porque la convivencia también exige responsabilidad.

Debemos reflexionar sobre el ejemplo que estamos transmitiendo a las nuevas generaciones. La juventud necesita entender que tener derechos no significa desconocer los deberes; que la libertad personal debe caminar de la mano con el respeto hacia los demás y hacia los espacios donde compartimos como sociedad.

Este nos llama a preguntarnos qué tipo de convivencia queremos construir: una sociedad donde todo se permita sin importar el contexto, o una sociedad donde entendamos que la decencia, la prudencia y el respeto siguen siendo valores necesarios en cualquier parte del planeta.