Finetazo: la vida nocturna tiene quien le escriba

ElAvance | 23 septiembre 2026

En mi reciente artículo, “Reinvención y Resiliencia”, abordé los retos que atraviesan los restaurantes y bares de la República Dominicana: mayores costos operativos, cambios en los hábitos de consumo, competencia creciente y un público más selectivo al decidir cómo, cuándo y dónde gastar su tiempo y dinero. Pero también subrayé una idea esencial: las industrias que entienden la transformación no desaparecen; se adaptan.

La vida nocturna dominicana vive precisamente ese momento. No está en riesgo: está cambiando de modelo. El consumidor actual busca más que una mesa, una botella o una pista de baile. Busca una experiencia completa, una historia que contar, una comunidad con la cual identificarse y un entorno que combine música, gastronomía, cultura y entretenimiento de manera auténtica.

En ese contexto surge El Finetazo, una iniciativa organizada por Fineta Records y articulada mediante una colaboración estratégica con medios como la X102. Su propuesta ha encontrado un nicho diverso de consumidores dominicanos y extranjeros que, aparentemente, esperaban una experiencia de esta naturaleza: abierta, desenfadada, musical y profundamente conectada con nuestra identidad.

El Finetazo mezcla el espíritu de un festival musical con una clase colectiva de baile de ritmos criollos. Se celebra al aire libre, con vestimenta informal y acceso a una oferta gastronómica variada, bebidas espirituosas, destilados, cervezas y otros productos que convierten la salida en una experiencia integral. No se trata únicamente de asistir a un evento; se trata de participar en una atmósfera.

La venta de merchandising de El Finetazo y Fineta Records completa esa lógica. Una camiseta, una gorra o cualquier pieza vinculada al concepto no es un simple producto: representa pertenencia. Quienes lo adquieren se convierten, de alguna manera, en portadores del espíritu del evento y en multiplicadores de su comunidad.

Su relevancia también debe medirse en términos económicos. La cadena de valor de una producción de esta magnitud moviliza recursos en producción, montaje, sonido, iluminación, logística, seguridad, servicio, transporte, parqueo y comercios del entorno. Genera oportunidades para DJ’s, músicos, técnicos, creadores de contenido, suplidores y emprendedores. Es una economía cultural en movimiento.

Puerto Rico lo comprobó recientemente con la residencia de Bad Bunny, que produjo ingresos extraordinarios y una visibilidad internacional difícil de igualar. Sin pretender comparar escalas, la lección es clara: el entretenimiento bien concebido tiene un impacto que trasciende el escenario.

También es importante destacar el valor del espacio público. El Malecón Deportivo, activo urbano gestionado por la Alcaldía del Distrito Nacional, sirvió de escenario para El Finetazo. Ojalá que los actores públicos emulen, faciliten y patrocinen más iniciativas de este tipo.

Los bares, cafés y restaurantes seguirán siendo lugares icónicos para una buena conversación, un trago, un desayuno, un almuerzo o una cena. Pero necesitan complementarse con propuestas nuevas. El Finetazo da esperanza: la vida nocturna dominicana tiene quien le escriba.

Redaccion: Orlando Jorge Villegas