Joven, no votar también es votar

ElAvance | 21 septiembre 2026

A ti, joven, que tal vez piensas que la política no va contigo. A ti, que no has votado porque ningún candidato te convence. A ti, que crees que todos son iguales y que tu voto no cambia nada. Te tengo una noticia incómoda: si no votas, otros votan por ti. Y no siempre votan pensando en ti.

No es que la política no sea contigo. Es que alguien se beneficia de que lo creas. La abstención nacional en 2024 fue del 45.6%, la más alta en décadas. En el exterior, el 81% de los dominicanos inscritos no votó. Solo un 19% de más de 864,000 electores ejerció su derecho. ¿Y sabes qué? El 70.2% de los dominicanos en el exterior envía remesas, sostiene a sus familias, sostiene comunidades. Pero ese esfuerzo económico no se traduce en poder político. Es como pagar la fiesta y no tener voz ni voto en quién la organiza.

Los que no votan dicen: “Es que no creo en nadie”. Y tienen razón en desconfiar. Pero no votar no castiga a los políticos; castiga a tu familia, a tu barrio, a tu futuro. La abstención no es paz. Es silencio. Y el silencio otorga poder a quienes no merecen gobernar.

Ahora, ¿qué puedes hacer tú, joven, que no eres político ni quieres serlo? Aquí va una guía práctica, sin discursos largos.

Empieza por aceptar que no votar es una decisión. No es neutralidad. Es una forma de votar, pero a favor de lo que ya criticas. Si no te gusta lo que hay, no votar no lo cambia. Lo perpetúa.

No vendas tu voto. Ni por un saco de cemento, ni por una gorra, ni por una promesa de empleo que nunca llega. El clientelismo no es un favor; es una hipoteca sobre tu futuro. Te dan hoy para quitarte mañana. Tu dignidad no tiene precio. Y si alguien te ofrece algo por tu voto, pregúntate: ¿por qué tiene tanto interés en comprarlo?

Infórmate sin obsesionarte. No necesitas leer diez programas de gobierno. Con revisar tres cosas basta: qué propone el candidato sobre empleo, educación y seguridad; qué ha hecho antes; y con quién se rodea. No te quedes con el discurso. Mira la trayectoria. Mira los hechos.

Pregunta sin miedo. Pregunta a tus padres, a tus profesores, a tus amigos. Pregunta en redes sociales. Pregunta a los candidatos. Un ciudadano que pregunta es un ciudadano que no se deja engañar. Y si nadie te responde, eso también es una respuesta.

Habla con tu familia. La mesa familiar es la primera urna. Ahí se aprende a discutir sin pelear, a escuchar sin imponer, a decidir sin vender la conciencia. Si en tu casa no se habla de política, empieza tú. No se trata de pelear por un partido. Se trata de decidir juntos qué país queremos.

Vota por convicción, no por miedo. No votes por el “menos malo” solo porque te da miedo el otro. Vota por el que te convenza, por el que tenga propuestas claras, por el que no te haya comprado. Si ninguno te convence, vota en blanco o nulo, pero no dejes de votar. La derrota con dignidad es mejor que la indiferencia cómplice.

Entiende que tu voto no lo cambia todo, pero sin él nada cambia. La democracia no es un edificio que se construye de una vez. Es una casa que se arregla todos los días. A veces se gana, a veces se pierde. Pero el que participa con conciencia nunca pierde del todo: conserva su dignidad.

Los clásicos lo sabían. Confucio decía: “El hombre que no gobierna bien su casa, ¿cómo gobernará un reino?”. Y honrar a tu padre y a tu madre no es solo respetarlos en casa; es construir un país donde ellos y tus hijos puedan vivir con dignidad. No necesitas ser político. Necesitas ser ciudadano.

El futuro no se espera. Se construye. Y se construye con cada voto consciente, con cada joven que deja de ser espectador y se convierte en protagonista. No votes por moda, no votes por presión, no votes por dádiva. Vota por convicción. Porque el verdadero legado no es lo que dejamos, sino lo que despertamos en otros.

Redaccion: Rolando Espinal