Los políticos tradicionales excluyeron de su discurso a la generación que vive de su trabajo 

ElAvance | 05 julio 2026

Carlos del Pozo.
Comunicador y analista político.

Los políticos tradicionales dominicanos han asumido que quien no depende de ayudas del Estado no necesita ser conquistado. Mientras el voto del esfuerzo desapareció de sus discursos, probablemente cerca de 1.8 millones de dominicanos han dejado de sentirse interpretados por quienes siguen hablando de supervivencia, pero cada vez menos de progreso, patrimonio y movilidad social.

Las transformaciones más profundas de una sociedad casi nunca comienzan en la política. Empiezan mucho antes, cuando cambian las aspiraciones de la gente y quienes toman las decisiones continúan respondiendo preguntas que ya dejaron de ser las más importantes. 

Ese desfase parece haberse instalado en la política dominicana, donde una parte creciente de la población siente que sus prioridades dejaron de ocupar un lugar relevante dentro del debate público.

Durante años, la discusión política giró alrededor de problemas que siguen siendo reales: el costo de la vida, el empleo, los subsidios y la asistencia estatal. Sin embargo, una generación que ha construido su vida alrededor del trabajo, el emprendimiento y la preparación profesional comenzó a formular preguntas diferentes. Ya no busca únicamente estabilidad para el presente; quiere condiciones que le permitan construir un futuro.

El politólogo Ronald Inglehart explicó que, a medida que las sociedades alcanzan mayores niveles de desarrollo, también evolucionan las prioridades de sus ciudadanos. 

La preocupación deja de concentrarse exclusivamente en la supervivencia para abrir espacio a nuevas aspiraciones como la autonomía, la realización personal y la posibilidad de construir un proyecto de vida propio. Esa transición parece estar ocurriendo silenciosamente en la República Dominicana.

Quienes viven de su esfuerzo no están esperando que el Estado les resuelva la vida. Lo que esperan es un país donde el trabajo vuelva a ser suficiente para progresar, donde ahorrar tenga sentido, acceder a una vivienda no parezca una meta inalcanzable y emprender no implique convivir permanentemente con la incertidumbre. En otras palabras, demandan menos dependencia y más oportunidades para construir su propio futuro.

Ese cambio de prioridades explica por qué muchos ciudadanos ya no se sienten convocados por discursos que continúan ofreciendo respuestas para problemas que, aunque importantes, no resumen sus principales inquietudes. 

La expectativa dejó de ser únicamente recibir apoyo en momentos difíciles; ahora también consiste en saber si el esfuerzo personal seguirá siendo un camino real hacia la movilidad social.

Los datos reflejan parte de esa realidad. La Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples (ENHOGAR 2025) reveló que el 55.7 % de los hogares reside en una vivienda que no pertenece a ninguno de sus integrantes. Detrás de esa cifra no solo existe un problema habitacional; también aparece la dificultad de transformar años de trabajo y ahorro en patrimonio familiar, una aspiración que define buena parte de esta generación.

Por eso las preguntas comenzaron a cambiar. El costo de la canasta familiar continúa siendo importante, pero hoy convive con otras preocupaciones: cuándo será posible comprar una vivienda, acceder a financiamiento en condiciones razonables, ahorrar sin perder poder adquisitivo o emprender sin que cualquier cambio económico obligue a comenzar desde cero.

Esas son las conversaciones que ocupan a millones de dominicanos y que rara vez encuentran espacio en los discursos políticos.

La abstención no siempre expresa indiferencia. En muchas ocasiones refleja una desconexión entre lo que la ciudadanía espera y lo que la política ofrece. Cuando una generación deja de encontrar respuestas para las decisiones que marcan su vida cotidiana, comienza a sentirse distante de quienes aspiran a representarla. 

Ese distanciamiento no surge de un día para otro; se acumula lentamente hasta manifestarse en las urnas.

Quizá el mayor desafío de la política dominicana ya no consista en diseñar mejores programas de asistencia, sino en volver a convencer a quienes creen en el trabajo, el ahorro y el mérito de que todavía es posible construir un proyecto de vida sin depender permanentemente del Estado. 

El dirigente que comprenda esa transformación no solo habrá identificado un nuevo electorado; también habrá entendido hacia dónde está cambiando la sociedad dominicana.