Nadie está por encima de la ley

ElAvance | 06 julio 2026

La tragedia ocurrida en el sector de Herrera, entre un agente policial y un joven, merece el rechazo absoluto de la sociedad. Pero también deja expuestos los diferentes matices, positivos y negativos, en este caso y en la sociedad misma.

Primero, está la evidencia de que todavía persisten dentro de algunos agentes de la Policía Nacional conductas incompatibles con el uniforme que representan. El arma de reglamento no puede convertirse en un símbolo de poder, aunque lo sea, ni de poder absoluto, ni en una licencia para actuar al margen de la ley. Todo uniformado tiene el deber de entender que su autoridad nace del respeto de la ley y no de la fuerza.

La segunda evidencia tiene que ver con la forma de actuar de la ciudadanía frente a los agentes del orden. Las respuestas agresivas a los agentes del orden solo llevan a una respuesta más agresiva. Esto no es algo exclusivo a nuestro país, en todas las fuerzas del orden ese ha sido el manual. La ciudadanía debe de también saber responder y cumplir su cuota ante la ley.

La tercera, tiene que ver con la respuesta de las autoridades, quizás en otra época el oficial involucrado estuviera fugitivo, quizás las evidencias pudieran no ser tan contundentes, quizás la historia que contamos fuera otra. Pero, la respuesta fue contundente, las autoridades policiales apresaron y pusieron a disposición de la justicia y del Ministerio Público al oficial. Además, expresaron su rechazo total al hecho. Esto envía un mensaje claro de que la transformación en la policía esta sucediendo. El mensaje está claro, nadie está por encima de la ley, no importa el rango ni el uniforme que porte.

La reforma policial no puede detenerse. Casos como este demuestran que aún queda mucho camino por recorrer en materia de formación, protocolos de actuación, manejo del uso proporcional de la fuerza y preparación emocional de los agentes frente a situaciones de alta tensión. Fortalecer la Policía no significa tolerar abusos; significa dotarla de mejores herramientas, mayor capacitación y mecanismos de supervisión más efectivos. Solo así será posible construir una institución más profesional, más humana y más cercana a los ciudadanos, donde el uniforme represente protección y no temor.