Disminución de feminicidios; una deuda pendiente con la sociedad

Julissa Reyes | 24 junio 2026

Las estadísticas actuales ponen en tela de juicio el trabajo que las autoridades han predicado que se está realizando en procura de que los números en materia de feminicidios disminuyan, ya que hay cierta contradicción entre el discurso y las cifras que reportan los organismos correspondientes respecto a estos hechos de violencia extrema que ocurren en el núcleo familiar.

Durante los últimos cinco años, el país ha mantenido una lucha constante contra este fenómeno, considerado por especialistas como la expresión más extrema de la violencia de género, lo que refleja que la igualdad no existe. Cada feminicidio representa una tragedia individual, pero también un fracaso colectivo de las instituciones y de la sociedad en su conjunto para detectar, prevenir y detener las señales de violencia antes de que sea demasiado tarde.

Los feminicidios constituyen una de las formas más graves de violación de los derechos humanos de las mujeres. En República Dominicana, la mayoría de estos crímenes ocurre dentro del entorno íntimo de la víctima, generalmente llevados a cabo por parejas o exparejas que ejercían control, violencia física, psicológica o económica.

Ante la preocupación que esto provoca, El Avance Media, en su interés de contribuir con la solución de las diferentes situaciones que ocurren en la República Dominicana, consultó a la psicóloga Angie Santana, quien afirmó que diversos estudios y análisis de organismos especializados han señalado que, en una gran cantidad de los casos, existían antecedentes de violencia, amenazas, agresiones previas o denuncias que evidenciaban el riesgo al que estaban expuestas las víctimas, mucho antes de que se llegara a la violencia física.

Psicóloga Angie Santana

Sin embargo, la mayoría de las mujeres no denuncian su situación ante las entidades correspondientes en busca de ayuda para evitar que continúe el maltrato, lo que, de cierta manera, tendría repercusión para frenar las intenciones de sus agresores.

La también directora del centro de apoyo y asistencia psicológica expresó que la violencia de género no surge de manera repentina. Por el contrario, suele desarrollarse mediante un proceso progresivo de control, intimidación y agresión que, cuando no es identificado ni detenido oportunamente, puede culminar en un feminicidio.

La experta en la conducta humana igualmente advirtió que las familias afectadas por feminicidios suelen experimentar trastornos de ansiedad, depresión, estrés postraumático y procesos de duelo mucho más complejos debido a la naturaleza violenta del crimen, lo que permanece en el tiempo y se traspasa a nuevas generaciones, de no tratarse oportunamente con un especialista de la salud mental.

En estas tragedias no solo muere una mujer. También se destruye una estructura familiar completa que, a partir de lo ocurrido, vive un antes y un después, y es que las madres pierden a sus hijas. Los hijos pierden a sus madres y, en muchos casos, a sus padres también. Igualmente, los hermanos pierden una parte esencial de sus vidas. Los abuelos, tíos y otros familiares suelen asumir responsabilidades inesperadas en medio de una profunda crisis emocional y económica provocada por esto.

Además del dolor emocional, muchas familias enfrentan dificultades económicas considerables. En numerosos casos, la víctima era uno de los principales sustentos del hogar, por lo que su ausencia genera una situación de vulnerabilidad para quienes dependían de ella.

En una de las declaraciones más contundentes realizadas por la ministra de Interior y Policía, Faride Raful, sobre este tema, reconoció públicamente que el sistema ha fallado en la prevención de muchos de estos crímenes. Las declaraciones de la funcionaria se realizaron partiendo de las víctimas más recientes, que rondan cerca de las 34 mujeres, solo en lo que va del año 2026.

Faride Raful, ministra de Interior y Policía.

"Hemos fallado como sistema para dar respuesta en materia preventiva para que muchas mujeres sean salvadas y puedan hacer las denuncias de lugar y ser protegidas a tiempo por nuestro sistema", expresó Raful ante el incremento de casos y las debilidades existentes en la detección temprana de situaciones de riesgo.

Las declaraciones de Raful generaron amplio debate nacional debido a que representaron una admisión directa de que, pese a los esfuerzos institucionales, todavía existen vacíos en los mecanismos de protección y respuesta. La ministra también destacó que detrás de muchos feminicidios existen señales previas que no siempre son identificadas o atendidas de manera oportuna por las autoridades, familiares o comunidades cercanas a las víctimas.

Su reflexión puso sobre la mesa una realidad que organizaciones de mujeres sí han denunciado durante años y la necesidad urgente de fortalecer la prevención, aumentar la capacidad de respuesta de las instituciones y garantizar protección efectiva a las mujeres que denuncian violencia.

A pesar de los esfuerzos institucionales, las campañas de prevención, el fortalecimiento de los mecanismos de protección y el aumento de la inversión pública para combatir la violencia de género, decenas de mujeres siguen perdiendo la vida cada año a manos de sus parejas o exparejas, dejando tras de sí familias devastadas, hijos huérfanos y comunidades enteras marcadas por el dolor.

Los huérfanos de los feminicidios

Uno de los aspectos más dramáticos de esta problemática es la situación de los niños, niñas y adolescentes que quedan huérfanos, quienes pagan de forma indirecta las consecuencias de esto. Muchos de estos niños suelen desviar su atención de cosas positivas, como su formación integral y su inserción adecuada en la sociedad. Cada feminicidio genera una cadena de consecuencias que impacta directamente a los hijos de las víctimas. Muchos de ellos presencian episodios de violencia antes del crimen e incluso algunos son testigos directos del asesinato de sus madres.

Los especialistas coinciden en que estos menores presentan mayores riesgos de sufrir trastornos emocionales, dificultades académicas, problemas de conducta, ansiedad, depresión y afectaciones en su desarrollo psicológico.

Además del trauma, enfrentan cambios abruptos en sus condiciones de vida. Muchos pasan a vivir con abuelos u otros familiares, deben cambiar de escuela y adaptarse a nuevas dinámicas familiares mientras intentan comprender la pérdida de una figura fundamental en sus vidas.

Estas situaciones que viven en su núcleo familiar llevan a estas víctimas a necesitar atención psicológica especializada, acompañamiento permanente y programas estatales de apoyo que les permitan reconstruir sus proyectos de vida.

La respuesta de las autoridades

Se recuerda que, a la llegada al poder, en agosto del año 2020, el presidente Luis Abinader anunció la lucha contra los feminicidios como una prioridad de Estado. Ese mismo año, el mandatario calificó los feminicidios como una "tragedia nacional" y llamó a todos los sectores del país a unirse para enfrentar la violencia contra las mujeres.

Durante un acto oficial, el mandatario anunció la creación de nuevas casas de acogida, el fortalecimiento de los mecanismos de protección y la incorporación de mujeres víctimas de violencia a programas de asistencia social. Igualmente, sostuvo que la violencia de género debía ser enfrentada mediante un esfuerzo conjunto de las instituciones públicas, el sistema judicial y la sociedad civil.

Además, fue enfático en que había que redefinir e implementar políticas públicas orientadas a reducir los feminicidios y garantizar una vida libre de violencia para las mujeres dominicanas; sin embargo, desde el Gobierno hay debilidades en este sentido que no han permitido que lo que hasta el momento se ha ejecutado pueda tener los resultados planteados en beneficio de las víctimas de violencia de género.

Todo lo anterior se integra en la campaña lanzada por el jefe de Estado, que se tituló: "NI UNA MÁS".

Uno de los mensajes más reiterados durante el inicio de la gestión gubernamental fue el compromiso con esta campaña, concebida como una estrategia de sensibilización y movilización social contra la violencia de género.

La iniciativa buscó generar conciencia pública sobre la necesidad de denunciar la violencia, fortalecer la protección de las víctimas y promover cambios culturales orientados a erradicar prácticas machistas profundamente arraigadas en la sociedad. El lema se convirtió en un llamado nacional para evitar que nuevas mujeres perdieran la vida a manos de sus agresores.

Las Casas de Acogida; refugios para salvar vidas

Uno de los principales instrumentos de protección implementados por el Estado dominicano son las casas de acogida o refugios. Estos espacios ofrecen protección a mujeres que enfrentan riesgo extremo de violencia, así como a sus hijos menores de edad.

Las usuarias reciben alojamiento, asistencia legal, atención psicológica, apoyo social, acompañamiento médico y programas de capacitación para facilitar su reintegración social y económica.

De acuerdo con datos oficiales, el sistema de refugios ha experimentado una expansión significativa durante los últimos años. Las autoridades han informado que el número de casas de acogida pasó de apenas tres instalaciones a aproximadamente dieciocho centros operativos a nivel nacional, ampliando considerablemente la capacidad de respuesta ante situaciones de emergencia.

Esta expansión ha sido presentada por el Gobierno como una de las principales medidas para prevenir feminicidios y proteger vidas.

Pero, a pesar de todo lo ya expuesto, se hace necesario cuestionar si realmente estas casas de acogida funcionan dentro de un marco normativo que permita verdaderamente ayudar a las mujeres que se ven en la necesidad de acudir a una de ellas para protegerse y evitar ser una más entre las cifras.

Presupuesto del Ministerio de la Mujer

La lucha contra la violencia de género requiere recursos económicos importantes para sostener programas de prevención, asistencia, capacitación y protección.

Según documentos presupuestarios oficiales, el Ministerio de la Mujer dispone para el año 2025 de recursos que superan los RD$1,000 millones para financiar sus programas institucionales, incluyendo acciones dirigidas a la prevención de la violencia, la protección de víctimas y el fortalecimiento de las casas de acogida.

Las autoridades han sostenido que el incremento de recursos durante los últimos años ha permitido ampliar servicios, fortalecer programas comunitarios y aumentar la cobertura territorial de las iniciativas orientadas a las mujeres.

Las campañas de concienciación

Los números que se reportan sobre feminicidios suben y bajan por mes sin ningún control, esto a pesar de que, desde el Ministerio de la Mujer, de acuerdo con lo que en reiteradas ocasiones ha desarrollado de manera permanente, se realizan campañas educativas enfocadas en prevenir la violencia de género y promover relaciones basadas en el respeto y la igualdad, así lo ha expresado en reiteradas ocasiones la ministra de la Mujer, Gloria Reyes.

Reyes aseguró que, ante el drama que esto representa, el ministerio presentó al Sistema Nacional de Emergencias una propuesta de asistencia, asegurando que la segunda causa de llamadas al 9-1-1 son para denunciar violencia intrafamiliar.

De acuerdo con la ministra, estas iniciativas incluyen jornadas comunitarias, talleres en centros educativos, programas de orientación familiar, campañas en medios de comunicación y acciones de sensibilización en instituciones públicas y privadas e impulsan programas de capacitación dirigidos a policías, fiscales, personal de salud y otros actores vinculados a la atención de víctimas, con el propósito de mejorar la detección temprana de situaciones de riesgo.

A pesar de los avances institucionales, la expansión de las casas de acogida, el aumento presupuestario y las campañas de sensibilización, los feminicidios continúan representando uno de los mayores desafíos sociales del país.