“El examen interno y el favor externo: los precandidatos del PRM ante el espejo del 2028”

ElAvance | 22 junio 2026

Rolando Espinal.
En exclusiva para El Avance.

El PRM se enfrenta a su propia Odisea. No la del regreso a Ítaca, sino la más peligrosa: la de elegir al sucesor sin que el viaje devore a la tripulación. El partido oficialista, que llegó al poder como la promesa del cambio, debe ahora demostrar que sabe gestionar la transición sin fracturarse. Y en ese trance, dos exámenes se superponen: el favor externo, medido en encuestas y respaldo ciudadano; y la elección interna cerrada, esa prueba de fuego que quitará la máscara para revelar la verdad de los apoyos reales dentro de la estructura.

La pregunta que flota en cada conversación de los cenáculos políticos, la que todo lector perspicaz se formula al observar el panorama del 2026 con la mira en febrero y mayo del 2028, es la siguiente: ¿quién paga el precio de la división y quién cosecha la ganancia de la unidad monolítica? Y en el centro de esa interrogante, las declaraciones del ministro Yayo Sanz Lovatón han encendido una mecha que ya no se puede apagar.

El favor externo: David Collado y el examen de las encuestas

La más reciente encuesta de Gallup República Dominicana ha dibujado un panorama que pocos se atreven a discutir en voz alta, aunque todos lo susurran en los pasillos del poder. David Collado, el ministro de Turismo que ha colocado a la República Dominicana en el mapamundi de la industria sin chimeneas, alcanza un 61.8% de preferencia entre los simpatizantes perremeístas, muy por encima de la alcaldesa del Distrito Nacional, Carolina Mejía, que registra 21.1%, y de la vicepresidenta Raquel Peña, con apenas 2.5% .

El favor externo, ese que se mide en las urnas de la opinión pública, es innegablemente favorable a Collado. Su imagen positiva alcanza un 60.8%, posicionándolo como la figura de mayor aceptación entre los liderazgos evaluados . La narrativa de gestión, eficiencia y resultados, más que los discursos ideológicos tradicionales, parece haber calado en un electorado que valora la administración pragmática y gerencial.

Pero el favor externo, como bien saben los antiguos, es una moneda que se devalúa con facilidad. La popularidad no siempre se traduce en votos cuando la maquinaria interna se activa en su contra.

El examen interno: Carolina Mejía y el peso de la estructura

Carolina Mejía juega en otro campo. Su estrategia, como bien lo han señalado los analistas, ha concentrado sus esfuerzos en consolidar las estructuras internas del partido . No busca el aplauso de las masas, sino el control de las bases que votan en las internas. Y en ese terreno, el apellido Mejía —con el respaldo innegociable de su padre, el expresidente Hipólito Mejía— pesa como una losa de granito .

El método de escogencia del candidato no es un detalle menor: si la decisión se toma mediante votación interna cerrada, Carolina Mejía podría resultar más fuerte, pero con menor sintonía popular. Si, por el contrario, se opta por una consulta abierta a la ciudadanía, Collado podría capitalizar su amplia ventaja en las encuestas . La definición del método, pues, es el campo de batalla donde se librará la primera escaramuza.

El factor Yayo: declaraciones descarnadas y el peso del sector empresarial

Y aquí entra la figura de Eduardo "Yayo" Sanz Lovatón, ministro de Industria, Comercio y Mipymes, que ha irrumpido en el debate con la fuerza de quien ya no tiene nada que perder. En una entrevista reciente, Yayo soltó la frase que ha puesto a medio PRM a buscar pastillas para la presión: "En todas las encuestas que yo veo, David está arriba" .

Pero no se quedó ahí. Yayo, con una energía recién renovada, afirmó que no será jefe de campaña ni candidato a la vicepresidencia de ningún aspirante, y fue más lejos: "Esa mojiganga de ‘yo tengo más liderazgo’ hay que dejarla. Aquí lo único sensato es ayudar a Luis. Y quien no respete eso, lo vamos a decir con nombre y apellido. No vamos a permitir que se juegue con el PRM" .

El mensaje es claro y tiene múltiples capas. Primero, Yayo se desmarca de cualquier aspiración personal, lo que le da autoridad para hablar sin que se le acuse de buscar beneficio propio. Segundo, al reconocer abiertamente la posición de Collado en las encuestas, legitima su candidatura y la coloca como un hecho consumado. Y tercero, al hacer un llamado a la unidad alrededor de Luis Abinader, está cerrando filas en torno al liderazgo del presidente actual, sugiriendo que cualquier otra opción que no siga esa línea es una traición a la disciplina partidaria.

Pero el peso de Yayo va más allá de sus declaraciones. Como ministro de Industria y Comercio, está a cargo de levantar los recursos financieros del importante sector empresarial, esa fuerza que mueve la economía y que hoy tiene una duda razonable: si el cambio continuará en el poder . Su reciente viaje a Alemania para captar inversiones en la industria de semiconductores, y su participación en el Congreso Mundial de Zonas Francas en Panamá junto al presidente Abinader, lo colocan en el centro de la estrategia económica del gobierno . Su palabra, por tanto, no es solo la de un dirigente político, sino la de un actor económico clave que maneja las fichas del desarrollo.

El sector empresarial observa con atención. La continuidad de las políticas de atracción de inversión, nearshoring y desarrollo productivo depende de que el PRM mantenga el poder . Y en ese cálculo, la duda se disipa cuando el propio encargado de gestionar esas relaciones señala el camino: David Collado es la opción que garantiza la continuidad. Yayo, al reconocerlo públicamente, está alineando al sector empresarial detrás de esa candidatura, antes incluso de que la interna se resuelva.

El costo de la división y la ganancia de la unidad monolítica

Los costos de la división son conocidos en la historia política dominicana: partidos que se desangran en disputas internas y entregan el poder a una oposición que observaba desde la barrera. El PRM, que ya tuvo su experiencia con las fracturas del PRD original, no puede permitirse el lujo de repetir la historia.

El reto del PRM, como bien lo han señalado los analistas, no es solo elegir un candidato, sino demostrar que puede gestionar la transición del poder interno sin fracturarse . La cultura del caudillismo persiste: quien alcanza la cima del liderazgo en un partido difícilmente acepta que otro, surgido de sus propias filas, ocupe ese espacio . Y en el PRM, ese factor está presente, aunque se disimule bajo el discurso de la unidad.

La ganancia de la unidad monolítica, en cambio, es clara: la continuidad del proyecto político, la protección de los suyos —ese "ayudar a Luis" que mencionó Yayo— y la garantía de que el legado del cambio no se diluya en disputas intestinas .

La realidad que se impone tras las declaraciones

Luego de las declaraciones de Yayo, la realidad que se impone es más nítida. El ministro de Industria y Comercio, alineado explícitamente con la candidatura de Collado y haciendo un llamado a la disciplina en torno a Abinader, ha marcado una ruta. No es una ruta forzada, sino la que emerge de la evidencia de las encuestas y de la necesidad de preservar la unidad.

Los dos grandes líderes que tienen las riendas del destino electoral del PRM son Luis Abinader e Hipólito Mejía . La tensión entre ambos —Abinader que debe decidir a quién señala con el dedo, y Mejía que defiende a su hija como su delfín— es el eje que determinará el desenlace . Yayo, al pronunciarse, ha colocado su peso detrás de la opción que parece más natural desde la lógica de la continuidad y la popularidad.

El sector empresarial, que observa la duda razonable de si el cambio continuará en el poder, encuentra en las declaraciones de Yayo una respuesta parcial. Si el PRM logra mantener la unidad en torno a un candidato que garantice la continuidad de las políticas económicas —y ese candidato parece ser Collado—, la incertidumbre se disipa. Si, por el contrario, la interna se convierte en una guerra de desgaste que deja heridas abiertas, la duda se transforma en desconfianza.

La elección interna, ese examen que quitará la máscara, será el momento decisivo. En esa prueba se revelará si el PRM es capaz de escoger a su candidato sin fracturarse, si las bases respaldan la lógica de la unidad o si la división se impone. Y esa decisión, más que cualquier encuesta, determinará si el partido oficialista puede mantener el poder más allá del 2028.

El Crono electoral se acerca. El Kairos de la decisión está en la mesa. Y los actores, como en la tragedia griega, saben que el tiempo no espera a nadie. La pregunta es si el PRM habrá aprendido la lección de la historia o si, como Crono, devorará a sus propios hijos en el afán de preservar el poder.