La campaña que nunca termina

ElAvance | 02 junio 2026

La República Dominicana es un país pequeño en territorio, pero con una inmensa pasión política. Aquí la política y los deportes dominan buena parte de las conversaciones cotidianas, ocupan titulares, programas de radio, redes sociales y hasta reuniones familiares. Sin embargo, mientras los deportes tienen temporadas definidas, la política dominicana parece haberse convertido en una campaña permanente. Aunque la ley electoral establece límites claros para el proselitismo fuera de los períodos oficiales, los partidos y sus dirigentes siempre encuentran la manera de mantenerse en promoción, posicionamiento y búsqueda de ventajas con miras al próximo proceso electoral.

Precisamente para combatir ese desgaste constante, años atrás se tomó una decisión acertada de unificar las elecciones. La intención era sencilla y lógica: evitar que el país viviera inmerso en procesos electorales cada dos años y permitir que los gobiernos se concentraran en gobernar. Sin embargo, la práctica ha demostrado que la cultura política no cambió al mismo ritmo que la legislación. Apenas concluye una elección, comienzan las maniobras para la siguiente. Se organizan estructuras, se promueven figuras, se miden aspiraciones y se construyen narrativas electorales cuando todavía faltan años para acudir a las urnas.

Lo preocupante es que, mientras gran parte de la clase política vive enfocada en la próxima candidatura, los ciudadanos siguen esperando soluciones a problemas reales. El Congreso y sus incumbentes deben ponerle atención al sentir de la sociedad, pues le puede pasar factura. La política debería ser una herramienta para construir políticas públicas y transformar realidades, no una campaña infinita donde el objetivo principal sea acumular capital electoral. Quizás el país comenzará a dar un salto de calidad cuando sus dirigentes dediquen más tiempo a gobernar y menos tiempo a calcular votos que todavía están a años de distancia.