Las siete de mayo: los feminicidios que han teñido de sangre a RD 

Martin Severino | 17 mayo 2026

Santo Domingo. – El mes de mayo ha estado marcado por una dolorosa cadena de feminicidios que ha dejado al menos siete mujeres asesinadas en distintos puntos de la República Dominicana. Detrás de cada caso hay una historia de lucha, maternidad, trabajo y sueños que quedaron interrumpidos de manera brutal. 

La más reciente víctima fue Indhira Carolina Beltré, de 33 años, asesinada presuntamente por su pareja en el sector Las Toronjas, en Santo Domingo Este. Madre de dos niñas, su mayor anhelo era ver crecer a sus hijas y continuar construyendo un futuro estable para ellas. Su muerte dejó a dos menores en la orfandad, mientras el presunto agresor permanece prófugo. 

Esmeralda Moronta de los Santos, también madre de dos niños había logrado cumplir uno de sus grandes sueños: abrir su propio negocio de repostería, “Estilo Pastelero”. Tras años de esfuerzo, inauguró su local en diciembre de 2025. Fue asesinada a tiros por su expareja en un colmado del sector Alma Rosa I, poco después de denunciarlo por acoso y hostigamiento. 

Yessika Álvarez Jiménez, de 26 años, vivía dedicada a su hijo con síndrome de Down. Su mayor deseo era alejarlo de un ambiente de violencia y ofrecerle una vida tranquila y segura. Había comenzado a organizar su separación, pero fue asesinada de dos disparos por su pareja, un sargento de la Policía Nacional, en su vivienda del sector Las Caobas. 

Diana Elena Evangelista, de apenas 18 años, cursaba la carrera de Administración de Empresas. Soñaba con graduarse para ayudar económicamente a sus padres y convertirse en el sostén de su familia. Su vida terminó cuando presuntamente su novio la atacó con un arma blanca en Villa Duarte. 

Providencia Marte era conocida en La Higuera, en El Seibo, por su fe cristiana y su entrega al hogar. Su mayor deseo era que su pareja superara su adicción a las drogas y recuperar la tranquilidad familiar. Según las investigaciones, fue rociada con gasolina y quemada viva dentro de su vivienda por el hombre al que intentaba ayudar. 

Nikaury Alicia Heredia Taveras, de 27 años, luchó durante semanas por sobrevivir tras recibir un disparo de su expareja, un agente de la Digesett, quien presuntamente intentó obligarla a retomar la relación. La joven quería rehacer su vida lejos del acoso y las amenazas, pero las graves heridas le provocaron la muerte. 

En Salcedo, Alfania Manuela Hernández, de 29 años, perdió la vida tras recibir un disparo de un hombre con el que mantenía una relación sentimental. Madre de una niña de seis años, trabajaba para sacar adelante a su pequeña y brindarle un mejor futuro. Su hija quedó huérfana tras el crimen. 

Estos casos reflejan las trágicas historias de siete mujeres, siete familias destrozadas y decenas de niños que quedaron sin sus madres, en los cuales a manera combinada los familiares y allegados coinciden en una misma exigencia: que se haga justicia y que las instituciones del Estado fortalezcan los mecanismos de protección para evitar que más sueños terminen apagados por la violencia.