Búrlate Más

ElAvance | 14 mayo 2026

Gabriel López.

La chercha y la burla es nuestro pan y vino diario para sobrevivir la presión de la injusticia a la que somos expuestos desde nuestro nacimiento en esta isla.

Nuestro humor se construye a costa de otros: sus inseguridades, defectos, particularidades y carismas. Estoy convencido que muchos de nosotros hemos tenido un apodo parcialmente derogatorio apuntando a alguna particularidad física o psicológica de nuestro ser y hasta el sol de hoy, ha permanecido en el “lore” familiar.

Esto lo hemos aprendido desde que somos niños; sea en la escuela, sea en el barrio. Es un mecanismo de defensa que utilizamos para ocultar o proyectar nuestras propias debilidades e inseguridades; el cual hemos arrastrado incluso hasta nuestra adultez para marcar límites, definir valor social y elevar nuestro ego.

Sin embargo, hay chistes y burlas muy nuestras que cuando las escuchas no tienen ningún sentido. ¿Estás insultándome o… elogiándome?

Popi: utilizamos esta frase; cuyo origen aún no se define bien de donde sale, para referirnos a aquella persona (usualmente del sexo femenino) de “alta casta” en nuestra sociedad: clase media, media-alta, nivel educativo universitario plus, gustos marcados por la transculturación, dominio del inglés y/u otros idiomas; la cuál posee poca “inteligencia urbana” y prefiere mantenerse en su esfera de comodidad, y aprecia su estilo de vida. Seamos honestos: todos los dominicanos perseguimos el ser popis. Nos burlamos de aquella jovencita que estudia en UNIBE mientras maldecimos el día que tenemos que pasar lucha con la plataforma de otras universidades más accesibles pero con menos privilegios. Nos burlamos del jovencito que tiene la oportunidad de estudiar en el Carol Morgan, cuando nuestro sistema educativo nos mantiene en la Edad Oscura con recursos y profesionales de la educación en pleno y mordaz atraso. Condenamos a la madre que tiene a su servicio una nana, cuando no sabemos a qué hora podremos regresar a casa para acostar a nuestros niños después de una jornada de 12 horas a sueldo mínimo.

Hijo de papi y mami: referente al joven que, por causa del cuidado y control de AMBOS padres en su vida, no se le permite disfrutar de los placeres callejeros o las experiencias juveniles rebeldes, naturales a ciertas edades. Deduzco que esos que se burlan del “hijo de papi y mami”, no tienen a papi y a mami para guiarles a tomar decisiones; o si los tienen no han sido lo suficientemente responsables como para hacerlo. Tomando en cuenta los 1.5 millones de madres solteras en nuestro país ¿desde cuando tener a ambos padres presentes en nuestra vida es digno de burla?

Vivelejos: epíteto acuñado para aquellas personas que dentro de la geografía demográfica de nuestro Santo Domingo, deben cruzar algún puente, pagar algún peaje o salir de los linderos encerrados entre la Luperón, la Kennedy y cualquiera de los puentes que dirigen al este. Nos olvidamos que muchos de esos “vivelejos” se dirigen a casas propias, en residenciales seguros y limpios; lejos del caos casi parasitario de los “barrios populosos” del Distrito Nacional.

Estos son apenas algunos ejemplos básicos de cómo proyectamos nuestra envidia, frustración, carencia y dolor ante aquellos que han podido elevar su modo de vida a pesar de la presión de vivir en República Dominicana.

Somos una ciudad de hipócritas. Despreciamos lo que deseamos. Minimizamos aquello a lo que apuntamos convertirnos. Tanto el dembowsero, el “chipero”, la jovencita que vende su cuerpo por redes, el colmadero, el Moto Uber, el influencer, la maestra de escuela primaria, el profesional clase media explotado, el joven político que inicia su carrera; en fin, todo el dominicano de a pie desea la dignidad de la calidad de vida: recibir educación y salud de manera eficiente y excelente, sueldos que le permitan elevar su estilo de vida y adquirir mejores bienes a su nombre, y proveer a la futura generación de herencia material e inmaterial.

Las cosas de las que nos burlamos no son malas. Son nuestro deseo embotellado en nuestra incapacidad de expresar nuestro dolor generacional.

Burlémonos de otras cosas: burlémonos del “tiguere” que cree que robando y aterrorizando a su sector alcanzará algo en su vida. Hagamos comedia de la música urbana con letras anti-vida, anti-mujer y anti-sociedad, ya que no ofrecen nada más que bailes dignos de medicación para epilepsia, memes y degradación cultural. Hagámosle bullying al desorden: a aquellos que tiran basura, a los “musicólogos” que no respetan el espacio común, al hombre machista que cree que por su dinero y su voz gruesa ya es considerado un hombre, a la mujer chismosa que no trae paz a su hogar.

Esas cosas no son “bacanas”. Tener a ambos padres en nuestras vidas si es “bacano”. El sentirnos como pariguayos por no ir a las fiestas del barrio si es “bacano”. Haber tenido la oportunidad de recibir educación de calidad (sea aquí o en el extranjero) si es “bacano”. Llegar a nuestra casa luego del tapón, sabiendo que no le debemos al banco ni pagamos alquiler si es “bacano”.

Búrlate más. Así nos demuestras lo que hay en tu corazón. Busca en tu corazón y usa tu sentido de chercha y escape a la realidad para luchar por lo que realmente deseas.