“Yo siempre he tenido mi talento y he querido echar para adelante”

Martin Severino | 20 marzo 2025

Santo Domingo. – Quien hoy luce una estabilidad familiar y económica, y entre risas y directrices firmes guía y es ejemplo de cerca de 80 niños que sueñan con convertirse en jugadores profesionales de béisbol, el camino hasta donde se encuentra ahora Manolo Lara Alcántara estuvo minado de dificultades y grandes obstáculos.

El hombre de 39 años, oriundo de la provincia de San Juan, ubicada al sur de la República Dominicana, narra que su vida de pequeño no fue para nada fácil, producto de la separación de sus padres cuando aún era muy pequeño y tuvo que vivir el maltrato en diferentes modalidades de parte de quien en ese entonces era su madrastra.

“Tuve una infancia maligna con ella porque fue un ser humano que no me trató como debe tratarse a alguien”, manifestó Lara, quien también indicó que hoy en día no siente rencor por nadie y que ha aprendido a perdonar.

Narra que, en busca de salir de la difícil situación en la que se encontraba en casa de su padre, decidió un 17 de marzo partir hacia la casa de su madre, pero fue recibido de una manera inesperada, dado que ella no quiso recibirlo. Fue allí cuando una de las personas con las que estará de por vida agradecido intervino para que ella lo aceptara y le diera cobijo en su hogar, tal y como lo hacía con una de sus hermanas que vivía con ella.

Dijo que el esposo de su progenitora y la madre de este intervinieron como “ángeles celestiales”, y que vio en la figura de su padrastro el verdadero ejemplo de un padre, llegando incluso este a enseñarle labores para ganarse la vida. Trabajó en la construcción con él durante muchos años, pero fue este quien le recomendó dedicarse a otras labores, ya que estaba en conocimiento de su amor y pasión por el béisbol.

Fue entonces cuando el ahora entrenador y propietario de su propia academia de béisbol dice haber encontrado en el “juego de pelota” una de las mayores motivaciones para seguir adelante, y que fue por el deporte rey de la República Dominicana que encontró su primer amor.

Confiesa que los conocimientos que obtuvo del béisbol, los que hoy transmite a sus discípulos, fueron gracias a las enseñanzas de tres grandes dirigentes de Santo Domingo Este, con quienes en su juventud practicó por varios años.

Dijo que conoció a esos dirigentes luego de que se mudara de Los Mina a Villa Liberación. “A mi abuela le entregaron un apartamento allá y vinimos a vivir para allá, y fue cuando mi infancia comenzó a rendir”.

Entristecido al recordar esos dolorosos años de su vida, dijo que fue en ese entonces, para los primeros años de la década del 2000, cuando comenzó a recibir amor de madre y afecto de padre, en la persona de su padrastro, emociones y sentimientos que, para él, a la edad de 13 años eran desconocidos.

Como todo niño que juega béisbol en el país, su sueño era firmar con uno de los treinta equipos de las Grandes Ligas y, de esa manera, poder ayudar a su abuela, quien trabajaba arduamente para sostenerlo. Al ver a su querida abuela tan forzada, se sentía comprometido a hacerlo a mayor escala.

Pero a pesar de esa situación y ante las precariedades que existían en su hogar, se vio en la necesidad de tratar de contribuir en el hogar de alguna manera. “Me inventé un carrito y comencé a vender helados de crema a cinco pesos”, y a esas tareas les añadía las labores de limpia botas los fines de semana. Para poder conseguir un poco de dinero, debía trasladarse a pie a sectores muy distantes al suyo.

“En mi vida he estado trabajando desde los 7 años, y no solo vendía helado y limpia botas, sino que también organizaba comparsas en los carnavales y sacaba las historias de un libro para presentarlas y tratar de reunir dinero con otros compañeros”.

“He tenido la convicción de que puedo hacer grandes cosas”, cuenta Lara, quien dijo que, aunque no pudo llegar a ser un jugador profesional de béisbol, agradece lo mucho que ha avanzado en la vida, al tiempo que califica de increíble el hecho de haberse posicionado donde se encuentra actualmente, a pesar de las dificultades y los pronósticos en contra que se auguraban para su persona desde muy pequeño.

“El béisbol es mi vida, es mi pasión”, afirma Manolo Lara, quien, a pesar de ser propietario de dos comercios en Santo Domingo Norte, de tener un edificio de cuatro apartamentos alquilados y un garaje en la autopista de San Isidro, dice que lo mejor que hace es instruir a promesas del béisbol, que ahora, al igual que él en el pasado, sueñan con convertirse en profesionales del juego que aman.

“Cuando veo a un niño que uno agarra y lo ayuda, me acuerdo de mi infancia, de mis managers y de cómo ellos me ayudaban. Hoy en día trato de hacer lo mismo”, se expresa en esos términos tras cuestionarlo sobre cómo se siente con su labor, la que dijo no ver así sino como una forma de contribuir con la nación y aportar de manera significativa al país que tanto ama.

Aseguró que siempre ha estado consciente de la importancia de los estudios en la vida de los jóvenes, y que por ello siempre hace esa exhortación a los niños, porque, aunque en su caso particular no pudo terminar el bachillerato por trabajar de manera intensa en busca de la soñada firma, sabe que los estudios son una vía segura de avanzar y conquistar el éxito.

En medio de la conversación, volviendo atrás entre sus memorias, dijo que tuvo dos oportunidades de fichar como profesional, pero que por “cosas de Dios” no se pudo. Fue allí cuando empezó a trabajar en un colmado, luego de ganarse la confianza de un señor que le enseñó sobre el manejo de un comercio, donde inició ganando 7,000 pesos al mes.

Allí se instruyó de manera excepcional, ganando las habilidades que hoy en día le han permitido progresar y avanzar contra todo pronóstico, ante las dificultades que le ha presentado la vida. Da gracias a Dios porque, a pesar de todas esas situaciones negativas, hoy en día es un ejemplo para sus hijos, a quienes ama y protege con todas sus fuerzas y, sin ninguna duda, les da el amor que su padre le negó desde temprana edad.

Manifestó que de todo lo negativo que le sucedió en los primeros años de su vida, lo más doloroso que sufrió fue la pérdida de su querida abuela, situación que para superarla incluso tuvo que recibir la ayuda de profesionales de la psicología, ya que fue la primera persona en el mundo que le brindó amor, cariño y lo trató como la gente, pero que comprendió que hay que entender los designios de Dios.

Dice que no se considera una persona fuera de lo común, pero invita a todos los seres vivos a no repetir conductas negativas que vivieron en su niñez con sus hijos, a que vean el deporte no solo como una actividad física, sino también como una forma de vida, y a comprender que lo único que permite avanzar y progresar en la vida es el amor y el perdón.