Un nuevo contrato social

ElAvance | 15 julio 2026

Orlando Jorge Villegas

Coincidencia histórica o no, los gobiernos del PRD y del PRM han sido períodos de transición política, y en muchos casos, de redefinición de nuevos contratos sociales en la República Dominicana. En el caso, por ejemplo, del gobierno de Juan Bosch en el 1963, el entonces mandatario intentó impulsar una agenda que implicaba cambios en la sociedad, los cuales fueron rechazados en su mayoría por las élites (empresariado, militares y la Iglesia Católica) que aún llevaban en sus venas los esquemas impuestos por el trujillismo.

Los ocho años del PRD (1978-1986) ampliaron las libertades públicas y estimularon nuevos renglones económicos que sirvieron como base para la sociedad dominicana de hoy día. El regreso de Balaguer en el 1986 encontró un país diferente al que había moldeado, en ciertos aspectos, en su mandato de 12 años (1966-1978). Ya no podía imponer un autoritarismo represivo, y el turismo y las zonas francas comenzaban a motorizar nuestra economía, para ilustrar algunas de las cosas que cambiaron mientras estuvo fuera del poder.

La crisis de Baninter, gestada durante años, pero enfrentada por el gobierno de Hipólito Mejía (2000-2004), reformó nuestro sistema bancario, generando una nueva interacción entre usuarios e instituciones financieras. De igual manera, nuestro sistema de seguridad social, debe agradecérsele a dicho gobierno, que impulsó la Ley 87-01. Ambas realidades cambiaron dinámicas sociales.

La llegada del PRM al poder, en el 2020, con Luis Abinader, encuentra nuevamente a la sociedad dominicana y al mundo en una época de transición, bastante compleja. El primer cuatrienio (2020-2024), le permitió al gobierno asentar las bases para retomar una convivencia post pandemia covid-19. En el medio surgieron otras crisis, como la guerra de Rusia y Ucrania. Pero mientras todo esto se gestaba y a la vez se enfrentaba, la dinámica social de los dominicanos iba cambiando. Tenemos más acceso a información, más redes sociales con presencia local, más “comunicadores” o “influencers” vociferando desde realidades hasta incongruencias, pasando por chantaje y extorsión, generando diferentes narrativas que contrastan con la realidad de la data fría del gobierno.

En este último punto, muchos hoy dicen que el PRM utilizó estas tácticas para llegar al poder. Puede ser. A pesar de eso, el gobierno anterior (2016-2020), no hacia caso de las críticas y los medios digitales no tenían el impulso que hoy tienen. Todavía en los gobiernos de Danilo Medina, había un monopolio de los principales medios de comunicación. La irrupción y predominio de lo digital y alternativo, comenzó en medio del cuatrienio 2020-2024.

La sociedad dominicana se encuentra hoy enfrascada en una lucha de narrativas. Esa batalla solo revela una realidad: estamos ante la generación de un nuevo contrato social. El presidente Abinader ha impulsado muchas reformas institucionales y legislativas, como por ejemplo el Código Penal, que buscan actualizar normas y leyes que por años estaban frisadas. Los cambios siempre traen resistencia, sobre todo de los que provocan ruido. El tema está en navegar las circunstancias, sin que el ruido te obstaculice. El ruido se puede escuchar, pero hay que saberlo distinguir, para que no evapore el resultado.

El peligro que representan algunos acontecimientos recientes, como la lucha de influencers por el protagonismo de modificaciones al Código Penal, puede terminar en provocar que en nuestra sociedad, no se crea en nadie ni en nada. Por otro lado, el PRM no puede permitir que se estimule el sentimiento de que el cambio que se propuso en el 2020 nunca llegó, y que ya se demostró que todos los políticos y partidos “son iguales”. En la región, nuevos fenómenos ajenos a la partidocracia tradicional se van imponiendo. La democracia es cada vez más cuestionada. Diariamente los gobiernos enfrentan crisis, productos de choques narrativos.

Necesitamos un nuevo contrato social. Con orden y respeto. Sino, un abismo trágico pudiera avecinarse, con una recuperación lenta y difícil.