Si tienes miedo, mira en el espejo 

ElAvance | 10 marzo 2026

ANALIA HENRIQUEZ CROSS.

Nos hemos hecho expertos en apuntar hacia afuera al momento de nombrar aquello a lo que tememos. Me he dado cuenta de que señalamos situaciones y personas como si la amenaza fuera esa. Es simplista y popular hacerlo así. Con el tiempo aprendimos sin darnos cuenta a decir ‘le tengo miedo a hablar en público’, ‘me asusta manejar’, ‘me da miedo ir a citas’, ‘me da miedo cometer un error’, ‘me da miedo pelear con mi hermana’. Parece ser tranquilizante, porque así, el problema está visible, en el mundo material, y hasta aparentemente fácil de eliminar o de salirle corriendo. 

Hoy mira dentro de ti. Lo que parece miedo a hablar en público, a la gente, a la sala, al micrófono, si miras hacia adentro, lo que está en juego es otra cosa: es miedo a que te evalúen, miedo a no saber manejar una audiencia, miedo a sentir vergüenza. A veces dices que te da miedo manejar, pero el tráfico no es el enemigo, aunque así lo pienses, podrías tener miedo a perder el control, a la evaluación negativa de los otros conductores, a la incertidumbre. En una cita, el miedo puede parecer fácil de identificar, la cita misma, cuando el enemigo es interno: miedo a la vulnerabilidad, a sentirte rechazado o insuficiente, a repetir heridas. 

La mente humana logra convertir enemigos internos en externos porque los puede ver, controlar y eliminar. Dicho de otra forma, tus más profundas ansiedades suelen ser proyecciones de inseguridades internas, y reconocer esto implica mucho menos control y mucha más dificultad para salir corriendo o eliminar la amenaza. 

El miedo rara vez está donde los ojos buscan primero, no suele vivir en los lugares ni en las personas que evitas. El origen del miedo casi siempre es interno. El miedo a no ser capaz de manejar cosas difíciles. El miedo a sentir cosas terribles, a pensar cosas aterradoras, nuevas, complicadas. El miedo a que la vida sea demasiado para mí. El miedo a que ciertas situaciones confirmen mis creencias sobre mí mismo. 

Por eso, a veces, basta mirar cómo eliminas la situación a la que le tienes miedo y, aun así, la ansiedad no se te va. Es que no era el escenario, era la relación que tenías con lo que podía pasar dentro de ti si eso ocurría. Como interpretaste mal el origen del miedo, diseñaste mal la estrategia para enfrentarlo, y organizaste tu vida y el mundo para salvarte de esa situación, y sigues ansioso y temeroso. Lo que te asusta sigue adentro, por tanto, te persigue a donde vayas, aunque muevas cielo y tierra. 

Veo en consulta todo el tiempo como al momento de tomar acción para superar los miedos, intentamos superarlos apuntando hacia afuera. Cuando el mundo a confrontar y dominar es el mundo interno. Tomar acción implica ampliar tu capacidad para habitarte en experiencias internas incómodas. 

Cuando el mundo tenga riesgos reales, actúas frente a riesgos reales, pero muchas de las ansiedades que te persiguen se alimentan de fenómenos que se activan dentro. Si tienes miedo antes de organizar el mundo, detente frente al espejo un momento: preguntate con honestidad si estás huyendo de la situación, o de la sensación. Porque hasta que no te mires de frente, el miedo seguirá encontrando formas de tocar tu puerta.