Sebastián Campiz; el drama de un joven que sigue su lucha contra el cáncer en RD luego de que en EE.UU. le negaran una visa humanitaria

Ruth Encarnacion | 22 julio 2025

Santo Domingo, RD.-Sebastián Campiz tiene 23 años y desde hace dos, lucha con todo lo que tiene contra la leucemia linfoblástica aguda. Hoy está ingresado en el área de oncohematología de la Plaza de la Salud, donde libra otra intensa batalla por su vida. Pero detrás de su cuerpo cansado por los tratamientos, se esconde un espíritu fuerte, una fe firme y el amor incondicional de sus padres, que no se rinden.

Un joven lleno de vida

Antes del diagnóstico, Sebastián era un joven alegre, sociable y entusiasta. Estudiaba Administración Internacional en la Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) y tenía una vida activa en el gimnasio. Tenía muchos amigos y una relación cercana con su familia. Su energía era contagiosa, según recuerdan sus padres con ternura.

Pero esa vitalidad empezó a disminuir. Sebastián comenzó a quejarse de fuertes dolores de cabeza y notaba que no tenía fuerzas para levantar las pesas como antes. Fue entonces cuando su madre, preocupada, lo llevó al médico. Tras varios análisis, llegó la noticia que nadie espera: el diagnóstico de leucemia linfoblástica aguda.

El diagnóstico que cambió la familia

El correo con los resultados llegó a su madre, Joannie. Al leerlo, sintió que el mundo se le detenía. Llamó a su esposo, Thomas, devastada. A partir de ahí, todo cambió. “Fue como entrar en un túnel sin dirección”, dijo Thomas. Inmediatamente se apoyaron en su círculo familiar y de fe, y comenzaron un proceso doloroso, lleno de incertidumbre, pero también de esperanza.

La lucha en Boston

Gracias al apoyo de allegados, Sebastián y su padre lograron viajar a Boston, Estados Unidos, en busca de un tratamiento especializado. Allí comenzó otra travesía, lejos de casa y de sus seres queridos. Sin embargo, apenas tres días después de haber ingresado al primer hospital, los médicos les informaron que no contaban con los recursos necesarios para tratar el tipo de leucemia que tenía Sebastián.

Pero Dios, dice la familia, nunca los desamparó. En cuestión de minutos, lo trasladaron al Brigham and Women’s Hospital, uno de los mejores de Boston. Thomas vivió allí con su hijo por dos meses, con sus maletas al lado de la cama, sin separarse de él. Recibieron apoyo de muchas personas, lo cual consideran una muestra clara de la mano de Dios.

Los tratamientos funcionaron. El cáncer desapareció. Pero entonces surgió un nuevo obstáculo: el estatus migratorio.

Un nuevo revés: el regreso al país

La visa de turista de Sebastián venció apenas tres días antes de finalizar el tratamiento. Intentaron tramitar una visa humanitaria respaldada por su historial médico, pero en mayo de 2024 fue denegada. Incluso le cancelaron su visa vigente hasta 2033 por haberse excedido solo cinco días en su estadía

Ante la imposibilidad de continuar el tratamiento en Boston, los médicos decidieron seguir monitoreando su salud desde allá, pero pidieron que Sebastián fuera ingresado en un centro médico en la República Dominicana. Sin embargo, ya era tarde: el cáncer regresó, y esta vez, más agresivo.

La batalla actual

Hoy, Sebastián sigue dando la pelea desde la Plaza de la Salud. Recibe un tratamiento intensivo de 18 días, en el que debe colocarse un suero diario que cuesta RD$214,000. Solo este ciclo tiene un costo de RD$3,852,000, y el primero superó los cinco millones de pesos.

A pesar del elevado costo, la familia no ha recibido apoyo de instituciones públicas, aunque han tocado puertas. Han sobrevivido gracias a colaboraciones de amigos, la iglesia y personas de buen corazón.

Un hijo muy esperado

En medio del dolor, su madre recuerda con lágrimas en los ojos la infancia de Sebastián. “Fue un niño feliz, inteligente, inquieto, y sobre todo, un regalo de Dios. Yo no podía tener hijos, y se lo pedí a Dios a gritos. En menos de un año, llegó Sebastián”.

Hoy, ese niño convertido en joven sigue siendo su milagro, aunque ahora lucha por mantenerse en pie ante uno de los desafíos más duros de su vida.

Palabras que inspiran

Sebastián, con una madurez y fe que conmueven, le dijo un día a su padre:

“Papi, yo no veo mi proceso como una prueba. Lo veo como una oportunidad para que se manifieste la gloria de Dios”.

Esas palabras han sido ancla para su familia en los momentos más oscuros.

El mensaje de la familia Campiz

Con la voz entrecortada pero firme, la familia Campiz envía un mensaje a quienes enfrentan situaciones similares:

“Permitan que Dios sea el eje central. Amen a su familia cada día, disfruten cada momento, porque la vida es muy frágil”.

Cómo ayudar

Si usted leyó esta historia y desea colaborar con los gastos médicos de Sebastián o apoyar en la reactivación de su visa para continuar su tratamiento en Estados Unidos, puede comunicarse con su padre, Thomas Campiz, al 849-515-1967.