Se trazó la raya de Pizarro para el 2028

ElAvance | 24 junio 2026

Orlando Jorge Villegas

La política dominicana ha entrado, en las últimas semanas, en una fase de clara aceleración. Lo que antes parecía un proceso lejano ha adquirido una intensidad que ya dibuja polos definidos dentro y fuera del oficialismo. Y como suele ocurrir, el mayor ruido lo genera el partido de gobierno, donde se concentra la atención pública y mediática.

En el PRM, el panorama luce cada vez más definido. Cuatro proyectos han logrado consolidarse como los ejes reales de competencia, desplazando a aspiraciones sin viabilidad. Cada uno ha dado sus primeros brados de batalla, ocupando terreno político, mediático y territorial. Sin embargo, la percepción de división interna no se corresponde con la realidad. Más que fractura, lo que existe es una competencia organizada dentro de un mismo ecosistema de poder.

De cara al proceso convencional del 4 de agosto, lo que se está produciendo es una reconfiguración del liderazgo partidario. Los acuerdos no se tejen en bloques cerrados ni en alianzas binarias. Por el contrario, hay una dinámica más compleja, donde los cuatro principales proyectos negocian y construyen entendimientos de manera simultánea. Es un proceso de equilibrio, no de ruptura.

Este momento, sin embargo, exige definición. Quien no haya tomado posición dentro de uno de los equipos debe hacerlo. La lógica interna de este proceso es distinta a la del 2020 y 2024; se asemeja más a la del 2016, con la diferencia de que el partido está en el poder. Eso cambia los incentivos y reduce el espacio para la ambigüedad.

En la oposición, los movimientos también han sido relevantes. La salida de Gonzalo Castillo ha tenido un efecto de recomposición interna, facilitando que sectores importantes comiencen a reagruparse en torno a su figura. Todo indica que es cuestión de tiempo para que esa candidatura se formalice.

En otro frente opositor, las recientes renuncias evidencian una realidad incómoda: el control del poder interno sigue concentrado en una sola figura, el expresidente. Esas salidas pudieron haberse evitado, de lado y lado… Pero como solía repetir mi padre, citando una gran frase del estudio del derecho: “el interés es la medida de la acción”.

Sobre los outsiders y las candidaturas independientes, el tema queda abierto. Existe un cansancio creciente frente a la política tradicional y la tibieza de ciertos liderazgos. Sin embargo, transformar ese descontento en estructura electoral sigue siendo el gran desafío.

La línea ya está marcada. Se trazó la raya de Pizarro para el 2028: quien no se integre a tiempo a un equipo, se quedará en las gradas.