Santo Domingo 2026: deporte, pasión y legado

ElAvance | 11 agosto 2026

Orlando Jorge Villegas

Santo Domingo 2026 quedará inscrito como una celebración de ambición, eficiencia y emoción. Los Juegos Centroamericanos y del Caribe mostraron capacidad dominicana para recibir al continente: proyectaron una nación hospitalaria y orgullosa de su talento. El resultado fue una fiesta competitiva que elevó el estándar regional y dejó imágenes destinadas a perdurar en la memoria.

Detrás de esa exhibición hubo una maquinaria excepcional. El Comité Organizador, encabezado por José Monegro, articuló una operación compleja con disciplina, creatividad y sentido de país. La alcaldesa Carolina Mejía aportó una ciudad preparada y cercana al visitante; don Felipe Vicini sumó su compromiso con el deporte. Junto a ellos, Luisin Mejía, presidente de Centro Caribe Sports; Kelvin Cruz, ministro de Deportes; Garibaldi Bautista, presidente del Comité Olímpico Dominicano; Ito Bisonó, ministro de Vivienda, Hábitat y Edificaciones; Leonardo Aguilera, presidente ejecutivo del Banreservas; y Alberto Rodríguez, director del INEFI, fueron piezas fundamentales. Hay que agradecer también a Samuel Pereyra, Francisco Camacho y Carlos Bonilla porque, desde sus respectivas funciones en el Banreservas, Deportes y el MIVHED, iniciaron el proceso rumbo a esta proeza.

El reconocimiento debe extenderse a cada funcionario, empresario, voluntario, técnico, patrocinador y trabajador que participó en el montaje, la organización y la competencia. Su esfuerzo convirtió logística, infraestructura y servicio en una experiencia de nivel internacional. Pero nada habría alcanzado esta dimensión sin la visión y el respaldo del presidente Luis Abinader, cuya apuesta por el deporte, la inversión pública y la proyección nacional hizo posible este gran acontecimiento.

En la pista, las canchas y los escenarios, México alcanzó resultados históricos: lideró con 167 oros y 407 preseas, confirmando la profundidad de su sistema deportivo y su capacidad para competir con excelencia en múltiples disciplinas. También la República Dominicana firmó una actuación histórica: sus 150 medallas, con 46 oros, 37 platas y 67 bronces, fortalecieron la confianza de sus atletas y encendieron el orgullo de una afición entregada.

Las Reinas del Caribe volvieron a representar carácter, calidad y perseverancia, mientras la selección femenina de softball se convirtió en uno de los fenómenos más virales de las redes sociales. El baloncesto dominicano regaló noches de intensidad y comunión nacional. Marileidy Paulino, por su parte, paralizó al país durante tres días consecutivos: su presencia trascendió el cronómetro y confirmó su condición de símbolo nacional.

Hubo, además, nombres propios que engrandecieron el medallero y la narrativa de los Juegos. Los hermanos Pigozzi ofrecieron actuaciones memorables; Nick Hardt conquistó el oro en tenis; Liranyi Alonso se llevó el oro en los 200 metros femeninos. Cada victoria expresó preparación, valentía y una nueva generación decidida a competir sin complejos.

Santo Domingo 2026 fue, en definitiva, mucho más que un torneo. Fue una demostración de organización, visión y grandeza compartida: los juegos más espectaculares que ha vivido nuestra región.