Ramona Carrasco: La reina del mercado que no le teme al trabajo forzado

Martin Severino | 22 julio 2025

Más de 20 años de trabajo en el mercado le permitieron criar a sus ocho hijos por el camino correcto.

Santo Domingo. – Para Ramona Francisca Carrasco, la madre de ocho hijos, que lleva más de 20 años con un puesto de venta de productos agrícolas en el Mercado Municipal de El Almirante en Santo Domingo Este, realizar labores que tradicionalmente en esos espacios realizan los hombres no ha sido obstáculo en su vida para echar hacia delante y avanzar contra todo pronóstico.

La mujer de 58 años de edad, oriunda de la ciudad de Azua, desde muy pequeña conoció lo que era el trabajo, dado que distintas situaciones en la vida la llevaron a tener que trabajar por el bien de los suyos y un mejor futuro para sí misma.

En medio de todo tipo de víveres, frutas y puestos en el referido mercado, y claro que sí, entre los gritos de los vendedores ofertando sus productos destaca la noble señora, quien en compañía de su esposo y uno de sus hijos despachan a decenas de clientes que buscan productos frescos y un trato amable que es el que nunca falta en el puesto de Carrasco.

“Desde los 12 años yo trabajaba, pero con negocios para la frontera porque mi familia vive en Pedernales”, cuenta Doña Ramona, como también es llamada por muchos mientras iniciaba a contar cómo gracias a su trabajo en el mercado pudo echar hacia delante con sus hijos y convertirlos en hombres y mujeres de bien, llegando incluso una de ellos a graduarse de magisterio y llegar a las aulas a repartir el pan de la enseñanza y otro está a la espera de pasar a formar parte de la academia de cadetes de la Fuerza Aérea de República Dominicana.

Cuenta que la vida no siempre ha sido fácil y que, en principio, debió mantener sola, como madre soltera, a sus primeros cinco hijos, y que no fue hasta conocer a su actual esposo que encontró la ayuda idónea para continuar echando hacia delante.

Al ser cuestionada sobre cómo ha sido su vida trabajando en el mercado y como madre, de manera sincera y con firmeza en su mirada respondió: “Muy batalladora, varón, de verdad que sí. Batallando mucho, trabajando mucho en casa de familia durante mis hijos estuvieron chiquitos. Duré 17 años en eso hasta que me casé con este hombre”.

Manifiesta que hace 20 años, junto a su esposo, lograron conseguir un puesto en el mercado y que desde entonces es allí donde ha trabajado, y fruto de ese trabajo han logrado grandes conquistas familiares y conseguir el sueño de tener su propia casa, pero que no es nada fácil trabajar en el mercado, dado que las jornadas laborales inician a las 5:00 de la mañana y culminan pasadas las 7:00 de la noche, de lunes a domingo.

“Yo me levanto a las 5:00 de la mañana, mi esposo se levanta a las 4:00 porque sale primero a comprar los víveres, pero ya a las 6:00 yo estoy aquí y salgo a las 7 o 7:30 de aquí”, destaca Carrasco.

Pero, a pesar de la larga, extensa y pesada jornada de trabajo en el mercado donde diariamente atiende a decenas de clientes, al llegar a casa no se va a descansar, ya que estando allí inicia su labor como madre y cabeza de hogar y procede a hacer cena para la familia, limpia la casa y en ocasiones hasta lava cuando sus hijas están ocupadas en labores estudiantiles o laborales.

Dice no temer a realizar tareas que requieren de mucha fuerza, o que generalmente son ejecutadas por hombres, pero que en ocasiones se pregunta cómo es capaz de hacerlo, y más después de haber tenido ocho partos y la edad que actualmente tiene.

“Me dan dolores, sí, hasta de descansar a uno le dan dolores, pero no me siento cansada ni estresada porque yo trabajo. Yo llego a mi casa y sigo igualita, hago mi cena, limpio la casa, friego y hago de todo y si tengo que llegar a las dos de la mañana, llego y me levanto a las 4:00 igualita para salir para mi trabajo”.

A su juicio, el no sentir el cansancio en el cuerpo puede que esté ligado al hecho de que disfruta lo que hace y ama su trabajo, pero confesó que si tuviera la oportunidad de colocarse en una posición más cómoda lo hiciera y así estar mucho más tranquila.

Pese a haber alcanzado grandes sueños en su vida, doña Ramona valora como el logro más importante el haber dado una formación en valores a sus hijos, ya que para ella la familia es el órgano donde se forman de manera correcta los hombres y mujeres que aportan positivamente a la sociedad.

“Cuando tenía mis primeros cinco hijos no me era fácil mantenerlos sola y guiarlos por el buen camino, pero al empezar a trabajar aquí y ver chele diario, uno se ayuda”, respondió así al expresar que gracias a las ganancias del mercado pudo brindar a sus hijos una buena educación.

“Trabajar en el mercado es un trabajo cansón, tiene que ser una gente muy fajadora que resista porque eso no es fácil”, dijo cuando explicaba sobre el dinamismo del mercado y cómo sobrellevar las situaciones que se dan en el día a día.

Agradeció a Dios el hecho de contar con su bendición y diariamente poder tener buenas ventas por la preferencia de sus clientes, quienes gracias a su fino y amable trato reciben más que víveres para cenar y frutas para deliciosos, y parten de sus negocios con la satisfacción de haber recibido un excelente servicio.

“Aquí vienen 80 mil gentes y de esas 80 mil, a mí me tocan 75 porque todo el mundo a Ramona es que quiere, que Ramona lo atienda, y en verdad no me quejo de Dios”.

Declaró que si tuviera la oportunidad de hacer algo diferente no es que no lo hiciera, pero que todo depende de qué se trate. Sin embargo, manifestó que cuando tiene que tomarse unos días en casa no duda en hacerlo para sentirse más descansada.

“Esto no puede ser para toda la vida. La edad va dándole a uno chin a chin”, cuenta Carrasco, quien con optimismo se visualiza en un futuro en el que no tenga que dedicarse a tareas tan pesadas como las que realiza en el mercado.

Asegura que desde ya está mirando hacia el futuro para tratar de continuar en la actividad laboral, pero no en tareas que requieran de tantos compromisos y tantas largas jornadas, porque no es nada fácil.

La mercadera de dos décadas recomienda a todas aquellas personas que van tras el dinero fácil y que no quieren “sudar la frente” para conseguir las cosas, aprender a realizar algún tipo de tarea de la cual puedan vivir, ya que muchos piensan de ese modo porque por lo general cuentan con los padres que les facilitan vivienda, vestimenta y techo.

Calificó de erróneo ese pensar ya que el “mundo da muchas vueltas” y los padres ni son eternos ni duran para toda la vida. Exhortación que hace poniendo de ejemplo su caso, dado que después que salió de su hogar tuvo que atravesar un sin número de situaciones que hoy en día forman parte de la experiencia con la que cuenta para ofrecerle a sus hijos y a sus seres queridos.

“Uno quiere que sus hijos se preparen para que no pasen tanto trabajo como uno”, afirmó y posteriormente indicó que, en busca de darle lo mejor a sus hijos, tuvo que abandonar sus estudios como enfermera para dedicarse a la crianza de estos, luego de entender que era imposible trabajar, criar y estudiar.

Doña Ramona no lamenta el hecho de haber tenido que abandonar sus estudios para cuidar y criar a sus hijos, y señala que nunca se rindió cuando tuvo el primero a los 18 años ni cuando alumbró al último a sus 40 años.

La mujer que tiene décadas trabajando le recomienda a la juventud que no necesariamente se debe tener un título universitario para trabajar dignamente, debido a que también en los trabajos informales se logran adquirir grandes cosas y al mismo tiempo disfrutar de lo que se hace con amor y respeto por los clientes.

La historia de Doña Ramona nos recuerda que la dedicación, el esfuerzo y la constancia son claves para salir adelante, incluso en las circunstancias más difíciles. Su ejemplo demuestra que el trabajo digno, sea cual sea, merece respeto. Se recomienda a la juventud valorar el esfuerzo, aprender un oficio y no depender de facilidades pasajeras, pues el verdadero progreso nace del sacrificio y la perseverancia, factores que son los que permiten avanzar contra todo pronóstico.