Prisioneros de las tarjetas: Estudio de la Fundación Juan Bosch y la UASD revela: menos ingresos, más deudas con tarjetas de crédito

Victor Herasme | 23 septiembre 2026

Por Víctor Herasme

Cuando el salario no alcanza para llegar a fin de mes, la tarjeta de crédito puede convertirse en una salida inmediata para comprar alimentos, pagar transporte, cubrir gastos de salud, educación o incluso atender necesidades de vivienda.

Pero detrás de ese alivio momentáneo se consolida una realidad más profunda: para miles de trabajadores dominicanos, el crédito dejó de ser una herramienta ocasional y pasó a funcionar como una extensión del salario.

A esta conclusión llegó la investigación “La rentabilización de la insuficiencia salarial: endeudamiento y acumulación financiera mediante tarjetas de crédito en República Dominicana”, realizada por la Fundación Juan Bosch y la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

El estudio coloca el endeudamiento de los hogares en el centro de una discusión que va más allá del uso responsable de las tarjetas, mostrando que la expansión de este instrumento financiero ocurre mayormente entre trabajadores con ingresos insuficientes para cubrir el costo de vida.

A junio de 2025, el salario cotizable promedio de los trabajadores formales era de RD$37,525 mensuales, mientras que el costo promedio de la canasta familiar alcanzaba RD$48,542, muy por debajo del costo promedio de vida.

La situación es más marcada entre trabajadores de menores ingresos. De los 2,393,422 trabajadores cotizantes registrados a junio de 2025, 1,281,999 percibían entre RD$15,000 y RD$30,000 mensuales. A ellos se sumaban 130,351 trabajadores con ingresos entre RD$10,000 y RD$15,000 y 80,949 con ingresos inferiores a RD$10,000.

En conjunto, el 62.4% de los trabajadores formales percibía menos de RD$30,000 mensuales, según los datos de la investigación.

En ese escenario, la tarjeta de crédito aparece como una especie de puente entre un salario insuficiente y las necesidades cotidianas.

Un negocio que crece rápidamente

El estudio establece que la cartera total de tarjetas de crédito pasó de RD$42,800 millones en 2016 a RD$129,911 millones en 2025, un crecimiento superior al 200 % en menos de una década.

El cambio se aceleró después de la pandemia. Entre 2016 y 2019, la cartera aumentó de RD$42,800 millones a RD$56,128 millones, para un crecimiento acumulado de 31.1%.

Sin embargo, entre 2022 y 2025 el saldo pasó de RD$62,154 millones a RD$129,911 millones, un incremento de 108.9% en apenas tres años.

Los aumentos anuales fueron de 25.8% en 2023, 39.8% en 2024 y 18.8% en 2025, en un período marcado por el aumento del costo de vida y las dificultades de amplios sectores para sostener su consumo exclusivamente con sus ingresos laborales.

Menos dinero, más tarjetas

De los 648,210 nuevos créditos otorgados durante el período acumulado a junio de 2025, el 63.09% correspondió a personas con ingresos inferiores a RD$32,500 mensuales.

El segmento de RD$12,501 a RD$32,500 concentró el 47.32% de las nuevas colocaciones, mientras que quienes percibían hasta RD$12,500 representaron otro 15.77%.

En conjunto, ambos grupos concentraron prácticamente dos terceras partes de las nuevas tarjetas.

En contraste, los trabajadores con ingresos entre RD$32,501 y RD$65,000 representaron el 24.17%, mientras que los segmentos con ingresos superiores a RD$65,000 acumularon apenas 12.73%.

La investigación plantea que esta distribución resulta significativa porque, en otras modalidades de crédito, los hogares de menores ingresos suelen enfrentar mayores restricciones debido a su capacidad de pago.

Deudas triplican el salario

En junio de 2025, los trabajadores con ingresos de hasta RD$12,500 tenían una deuda promedio en tarjetas equivalente a 4.8 veces su ingreso formal.

Para quienes ganaban entre RD$12,501 y RD$32,500, la relación era de 1.0 vez; para el rango de RD$32,501 a RD$65,000 era de 0.5 veces, mientras que entre quienes percibían más de RD$100,000 alcanzaba apenas 0.3 veces.

Además, entre 2019 y 2025 la relación para el grupo de menores ingresos aumentó de 3.9 a 4.8 veces su salario.

El límite de crédito también muestra una evolución llamativa. Para quienes ganaban hasta RD$12,500, el límite promedio pasó de representar 13.9 veces su ingreso en junio de 2019 a 17.5 veces en junio de 2025.

En términos prácticos, un trabajador que recibe RD$12,500 mensuales podía disponer de una línea de crédito equivalente a más de diecisiete veces su ingreso mensual.

La investigación advierte que esta expansión de los límites no necesariamente representa una mejora de la capacidad económica de las familias, sino, una ampliación de su capacidad para endeudarse.

El peligro del pago mínimo

Este es otro de los datos relevantes del estudio. El 47.5% de los usuarios con ingresos de hasta RD$12,500 financia regularmente sus consumos mediante el pago mínimo. La proporción es de 47.1% entre quienes perciben RD$12,501 a RD$32,500.

Incluso entre los tarjetahabientes con ingresos superiores a RD$100,000, el porcentaje alcanza 38.4%.

El pago mínimo permite mantener la tarjeta activa y evitar un incumplimiento inmediato, pero también puede prolongar durante meses o años el saldo pendiente y generar nuevos intereses sobre la deuda financiada.

La banca concentra los beneficios del negocio

El Banco Popular encabeza el mercado con un saldo adeudado de RD$33,121 millones, seguido por Banreservas, con RD$24,989 millones, y BHD, con RD$19,388 millones.

Estas tres instituciones concentran cerca del 60% del saldo total de tarjetas de crédito del sistema financiero.

Más que educación financiera

Uno de los planteamientos centrales de la investigación es que el problema no puede explicarse exclusivamente como una falta de disciplina financiera.

Si una parte importante de los trabajadores recibe ingresos inferiores al costo de vida, enseñarles únicamente a administrar mejor sus tarjetas no elimina la brecha entre salario y necesidades.

Por eso, el estudio plantea que la discusión debe incluir la estructura salarial, el costo de vida, la calidad de los servicios públicos y la regulación del crédito.

Entre sus propuestas se encuentran políticas destinadas a mejorar los salarios, la productividad y la capacidad adquisitiva; medidas para proteger el poder de compra frente al aumento del costo de vida; servicios públicos suficientes que reduzcan la necesidad de financiar privadamente necesidades como salud y educación; y una mayor regulación de las tasas de interés y del mecanismo de pago mínimo.

También destaca la necesidad de establecer alertas tempranas para usuarios con niveles elevados de endeudamiento, financiamiento continuo o morosidad recurrente, así como mecanismos de reestructuración antes de que la deuda alcance niveles difíciles de revertir.

En resumen, el estudio plantea que el mayor desafío no consiste únicamente en enseñar a los trabajadores a endeudarse mejor, sino en construir las condiciones económicas para que puedan vivir dignamente sin tener que convertir una parte de su futuro salario en el precio de sobrevivir en el presente.