“Nuestras playas nos pertenecen a todos, pero nos las han robado poco a poco, y un reglamento olvidado en un cajón podría ser la llave para recuperarlas”

ElAvance | 24 agosto 2026

Rolando Espinal.
En exclusiva para El Avance.

Observación del problema

Si usted es dominicano o dominicana, seguro ha vivido esta escena: llega un fin de semana, carga la neverita, los niños, la sombrilla, y se dirige a la playa que siempre ha frecuentado. Pero al llegar, se encuentra con un portón, un cartel que dice "acceso solo para huéspedes", o un vigilante que le impide el paso. O quizás logra entrar, pero la orilla está llena de tumbonas de un hotel que ocupan toda la arena, y no hay un solo metro libre donde pueda tender su toalla sin que un empleado lo mire con mala cara.

Eso que usted ha sentido en el estómago, esa mezcla de impotencia y rabia, no es imaginación suya. Es la constatación de un hecho: nuestras playas, que por mandato constitucional son de todos, han sido secuestradas de facto por intereses privados. No es una conspiración, es la acumulación silenciosa de décadas de abandono estatal, de leyes que no se cumplen y de una ciudadanía que ha ido resignando sus derechos sin saber que aún los tiene.

Pero aquí viene la buena noticia: existe un documento, preparado por un dominicano de carrera, que plantea la solución más completa y sensata que he visto en años. Se llama "Reglamento Nacional para el Uso Público Sostenible de las Playas y del Dominio Público Marítimo-Terrestre", y su autor es el Dr. René Ledesma, PhD en Medio Ambiente y Recursos Naturales, un tipo con más de treinta años de experiencia que fue nada menos que Subsecretario de Gestión Ambiental en el gobierno del presidente Hipólito Mejía. Este señor, que tiene una Maestría en Manejo de Recursos Naturales de la University of Florida y un postgrado en Colombia, fue el responsable de establecer el primer Sistema de Gestión Ambiental de la República Dominicana. En otras palabras, no es un improvisado ni un soñador. Es un técnico que conoce los vericuetos del Estado y ha puesto ese conocimiento al servicio de la gente.

Planteamiento de la hipótesis

Mi hipótesis, que quiero compartir con ustedes, es la siguiente: si este reglamento se aprobara y se implementara con voluntad política, el dominicano de a pie podría recuperar el acceso real, gratuito y digno a todas las playas del país, sin necesidad de enfrentarse a guardias privados ni a carteles engañosos.

Pero hay un pero, y es grande: la hipótesis solo se convierte en tesis si nosotros, los ciudadanos, dejamos de ser espectadores y nos convertimos en actores. Porque los derechos no se defienden solos; se defienden cuando la gente los exige.

Marco teórico: lo que dice la ley

Antes de pasar a la acción, conviene saber de dónde venimos y qué tenemos a nuestro favor. La Constitución dominicana es clarísima en su artículo 15: las playas y costas nacionales pertenecen al dominio público y son de libre acceso. Eso no es una declaración retórica, es un mandato constitucional. Además, el artículo 67 consagra el derecho a un medio ambiente sano, y los artículos 39, 46 y 50 garantizan la igualdad, la libertad de tránsito y la libertad de empresa, pero siempre dentro del marco de lo público.

El reglamento de Ledesma no inventa nada nuevo en materia de derechos. Lo que hace, y esto es fundamental, es organizar y hacer operativo lo que ya está en las leyes. Por ejemplo, la Ley 305-68 establece que hay una franja marítima de protección de sesenta metros desde la línea de pleamar hacia tierra adentro. La Ley 64-00 declara que los bienes de dominio público son inalienables, imprescriptibles e inembargables. La Ley 368-22 exige definir las vías de acceso al dominio público costero. Y la sentencia TC/0751/23 del Tribunal Constitucional sentenció que el libre acceso a las playas es un derecho fundamental y que los propietarios colindantes no pueden obstaculizarlo.

Todo eso ya existe. El problema es que ha sido letra muerta. El reglamento viene a darle vida, a ponerle dientes y músculo a lo que ya está escrito.

Experimentación: ¿qué propone concretamente el reglamento?

Vamos a lo práctico. Si este reglamento se aplica, esto es lo que cambiaría en su vida de playa:

Primero: acceso libre y gratuito garantizado. El artículo 7 dice que toda persona, sea nacional o extranjera, tiene derecho a acceder, transitar, bañarse y recrearse en las playas. El artículo 8 prohíbe cobrar por ingresar o condicionar el acceso al consumo. Eso significa que ningún hotel, ningún club, ningún particular puede exigirle que compre algo para poder llegar al mar.

Segundo: servidumbres de tránsito y acceso. Los artículos 10 y 11 crean dos figuras clave: la servidumbre de tránsito litoral, que es una franja peatonal permanente paralela a la costa, y la servidumbre de acceso público al mar, que son vías transversales que conectan las calles con la playa. Esto asegura que usted pueda caminar por toda la orilla sin interrupciones, y que haya puntos de entrada claros y señalizados.

Tercero: adiós a los obstáculos. El artículo 12 prohíbe verjas, muros, portones, cadenas, y cualquier señal que diga "playa privada" o "acceso reservado". Si ve un cartel así, sepa que es ilegal.

Cuarto: nada de playas exclusivas para huéspedes. El artículo 14 es contundente: en playas frente a hoteles, el dominio público sigue siendo público. No pueden reservar áreas para uso exclusivo de sus clientes. El mobiliario que pongan en la arena está autorizado, pero no genera derecho de exclusión.

Quinto: playas accesibles para todos. El artículo 17 exige que las playas de uso intensivo tengan itinerarios accesibles, sillas anfibias, sanitarios y vestidores para personas con discapacidad. Las playas son de todos, y todos incluye a quienes tienen movilidad reducida.

Sexto: límite a la ocupación. El artículo 54 establece que la ocupación por mobiliario de playa no puede exceder el treinta por ciento de la arena seca en playas de uso intensivo. Eso significa que siempre habrá espacio libre para quien llegue con su sombrilla y su toalla.

Séptimo: estructuras desmontables. El artículo 55 prohíbe construcciones fijas en la playa. Todo debe ser desmontable, sin cimentación, para no dañar el perfil de la costa.

Octavo: protección ambiental. Los artículos 38 al 41 protegen dunas, manglares, arrecifes, praderas marinas y áreas de anidamiento de tortugas. Y el artículo 43 crea un monitoreo permanente de la calidad del agua, con resultados publicados en 72 horas. Si el agua está contaminada, usted lo sabrá.

Noveno: sanciones claras. El artículo 86 faculta a Medio Ambiente para multar con hasta tres mil salarios mínimos a quienes obstruyan el acceso o dañen el ecosistema. Y el artículo 87 obliga al infractor a restaurar el daño.

Décimo: un canal de denuncia. El artículo 91 permite que cualquier persona denuncie violaciones sin necesidad de abogado ni de interés directo. Hay un canal único, con respuesta en quince días hábiles.

Análisis de resultados: ¿qué significa esto para usted?

Si este reglamento se implementa, usted, señor ciudadano, podrá hacer lo siguiente:

· Ir a cualquier playa sin que le pidan identificación, sin que le cobren, sin que le condicionen el acceso.

· Caminar por toda la orilla, de un extremo a otro, sin toparte con una verja.

· Exigir que se retiren los carteles de "playa privada" y los obstáculos.

· Denunciar a cualquier hotel que intente acaparar la arena.

· Exigir que las playas tengan accesos para personas con discapacidad.

· Consultar en línea la calidad del agua y saber si es seguro bañarse.

· Participar en los comités locales de gestión de playa y hacer oír su voz.

Pero hay algo que el reglamento no puede hacer por usted: aplicarse solo. La ley existe, pero necesita quien la exija. Y ahí entramos nosotros.

Conclusión: la tesis

Mi tesis es esta: este reglamento es la herramienta más poderosa que tenemos para recuperar nuestras playas, pero solo funcionará si la ciudadanía se organiza, denuncia, vigila y presiona para que se cumpla.

No se trata de un documento mágico que caerá del cielo y resolverá todo. Se trata de un instrumento que el Estado ha puesto a disposición, y que nosotros debemos exigir que se active. Los plazos están claros: noventa días para remover obstáculos, veinticuatro meses para los planes de uso público, sesenta meses para el deslinde de toda la costa. Pero esos plazos no se cumplirán si no hay presión.

¿Qué puede hacer usted concretamente?

  1. Informarse. Lea el reglamento, entienda sus derechos. Comparta esta información con vecinos, con su comunidad, con sus redes sociales.
  2. Denunciar. Si ve un obstáculo, un cartel engañoso, un hotel que acapara la playa, use el canal de denuncia del Ministerio de Medio Ambiente. No se quede callado.
  3. Organizarse. Exija que se constituyan los comités locales de gestión de playa en su municipio. Participe en las consultas públicas de los Planes de Uso Público. Su voz tiene que ser escuchada.
  4. Exigir cumplimiento. Pregunte a sus autoridades: ¿ya se removieron los obstáculos? ¿ya se hizo el inventario de accesos? ¿ya se publicaron los estudios de calidad del agua? No se conforme con respuestas evasivas.
  5. No permitir retrocesos. Si alguien intenta derogar o debilitar el reglamento, movilícese. Esto no es un favor que nos hacen, es un derecho que nos asiste.

Reflexión final

Nuestras playas, esas que nos vieron crecer, que guardan los recuerdos de infancia, los primeros pasos en la arena, los atardeceres con la familia, han sido arrebatadas silenciosamente. Pero el silencio es cómplice del despojo. Hablar, denunciar, organizarse, son los antídotos.

El Dr. René Ledesma ha hecho su parte: ha puesto en papel la solución más completa, técnica y constitucionalmente sólida que existe. Ahora nos toca a nosotros. No es una pelea de unos contra otros; es una lucha por un bien común que nos pertenece a todos. Es la recuperación de un patrimonio que no puede ni debe ser privatizado.

Vamos a recuperar nuestras costas. No con violencia, sino con la fuerza de la ley y la organización ciudadana. El reglamento es el mapa; nosotros somos los caminantes. Y el destino es claro: playas libres, gratuitas y accesibles para todos los dominicanos y para todos los que nos visitan, porque el mar no entiende de fronteras ni de clases sociales. El mar es de quien lo ama, y todos lo amamos.

Rolando Espinal es empresario, formador y autor del libro “De las pequeñas ventas a los grandes sueños”. Sus reflexiones semanales están disponibles en www.RolandoEspinal.com.