Nostalgia de los 90 

ElAvance | 10 marzo 2026

La serie “Love Story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessette” no solo rescata una historia de amor trágica y glamorosa; también reactiva un imaginario colectivo sobre los años 90 que hoy fascina a millennials y la Gen Z por igual. La figura de John F. Kennedy Jr., más que el heredero de un apellido histórico, un ícono de estilo, carisma, y el magnetismo mediático de la época, funciona como puerta de entrada a una década que muchos recuerdan –o descubren– como el último gran momento analógo antes del salto definitivo a lo digital. 

Para quienes pertenecemos a la generación millenial, esa nostalgia tiene un matiz distinto. Nací en 1991, y crecí justo en el corazón de la transición que marcó esa década. Mis padres, jóvenes en pleno auge noventero, vivían intensamente el espíritu de esa época. En mi casa sonaban las canciones que dominaban la radio y la televisión, y el estilo noventero formaba parte natural del ambiente. 

La televisión era el epicentro de la cultura popular. Series como Baywatch, Full House o The Fresh Prince of Bel-Air no eran simplemente programas de televisión: eran referencias culturales compartidas que daban forma a nuestro sentido del humor, a nuestras aspiraciones y hasta a nuestra idea de familia.

En ese ecosistema, MTV fue más que un canal: fue una escuela de identidad. Por eso me gusta pensar que los millennials fuimos, en cierto sentido, la generación MTV. Ese canal fue el gran transmisor de la cultura popular de los noventa. Desde los videoclips que definían nuestros gustos musicales hasta la estética que influía en la forma de vestir o de hablar, MTV funcionaba como un gran escenario global. Incluso el “tigueraje” caribeño de la época encontraba eco en esa mezcla irreverente de música, actitud y estilo. MTV dictaba tendencias globales en un mundo que aún no tenía redes sociales; lo que salía en su pantalla se volvía referencia inmediata y casi universal. 

En esa década no existía el chateo permanente, ni la hiperconectividad. La interacción era directa, cara a cara. Si querías hablar con alguien, llamabas por teléfono o tocabas su puerta. El contacto humano tenía un peso distinto. 

“Love Story” se inserta en este espíritu de nostalgia y lo potencia. Para millennials, la serie funciona como espejo emocional: nos devuelve una época que asociamos con estabilidad relativa y menos saturada de pantallas. Para la generación Z, despierta fascinación por una vida que todavía conservaba algo de simpleza, justo antes de que el mundo digital lo transformara todo. Para quienes crecimos allí es un recuerdo vivo. Y para muchos otros, un tiempo al que también quisieran haber pertenecido.