No estás enfermo, pero estás perdido 

ElAvance | 02 marzo 2026

ANALIA HENRIQUEZ CROSS

Durante años te hicieron creer que la pregunta importante era si estabas “bien” o “mal”. Parecía importar si tenías un diagnóstico o no, si estabas sano o enfermo. Una visión que simplifica las cosas pero que realmente es falsa. Un punto de vista que nos distrae de lo verdaderamente importante.

Lo importante no es si estás enfermo, es realmente cuánto te cuesta vivir como estás viviendo. Pues, hay personas con diagnóstico que aprendieron a manejar su mente y viven con más claridad que muchos que jamás han pisado un consultorio. Y hay personas “normales” que cumplen con todo lo esperado: trabajan, producen, sostienen relaciones, pero por dentro se sienten tensas, agotadas o desconectadas. Pueden no estar en crisis, pero funcionan en un modo que les cobra demasiado.

Muchas veces que nos pongan una etiqueta no es el problema, sino el precio de vivir nuestra vida. La mayoría vive en piloto automático, sin embargo, esto no necesariamente es una disfunción. Vivir así nos permite tener una vida compleja, tener un trabajo, familia, compromisos, rutina, responsabilidades, todo al mismo tiempo, más o menos estable. Porque si tuvieras que decidir conscientemente cada pensamiento y emoción, probablemente te desbordes. Esto nos ayuda a reducir la carga. 

Este tipo de ‘precio’ que pagamos no se siente dramático. A veces se siente como una irritación constante, una ansiedad permanente, digamos que baja o moderada. Dificultad para disfrutar tus logros. Una sensación de estar cumpliendo sin estar presente, tu vida no se cae exactamente, pero digamos que no despega. Lo más preocupante, es que no sabes que estás en automático, es la poca consciencia de la situación en la que estás. No estás lo suficientemente despierto como para intervenir en tu propia vida. 

No tomas el control porque, honestamente, no sabes que puedes hacerlo. No sabes que puedes revisar tus pensamientos y tus emociones, que puedes cambiar criterios y redefinir lo que estás dispuesto a tolerar. No sabes que este desgaste que sientes es inevitable. Tomar este control es una decisión que significa dejar de reaccionar por inercia y empezar a elegir. Esto puede cansar porque exige atención, pero la vida en automático, sin darnos cuenta, cansa mucho más. Eliges el cansancio de la consciencia y la elección para luego descansar. 

Es que estar en automático parece ser cómodo a corto plazo, pero el costo se acumula. Es como pagar el mínimo de una tarjeta de crédito. Puede que no duela demasiado este mes ni el mes que viene, pero van a ir creciendo los intereses. A largo plazo terminará costando más. 

Aquí entramos en terreno de mejoria: aprender a adaptarnos mejor cuesta mucho. Exige confrontarnos a nosotros mismos. Exige admitir que dicho desgaste no viene necesariamente de afuera, sino de la forma en que hemos estado respondiendo al mundo. Para eso, hay que renunciar a la excusa que nos hemos estado diciendo. Lo interesante es que esa pesadez de estar despierto es temporal, porque cuando te adaptas mejor no solo te sientes mejor, cambia tu norte. 

Cuando descubres que puedes intervenir en tu manera de funcionar, dejas de estar en modo ‘sobrevivir’ y comienzas a preguntarte “¿hacia dónde voy en la vida?”. Cambian tus estándares, tus criterios y lo que consideras aceptable. Y cuando ese nuevo norte se alinea con tus valores reales, la presión que llevabas años normalizando se reduce. 

Aquí ya comenzamos a hablar de libertad. Libertad porque comenzamos a tener dominio sobre nosotros mismos y elegir nuestra dirección y el precio que pagamos por las cosas. Somos libres porque estamos despiertos con respecto a nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestras reacciones y la vida no nos lleva en ‘automático’. 

Entonces lo importante no es si estás enfermo, es si estás dispuesto a dejar de pagar una vida que te sale más cara de lo necesario. Porque mientras sigas diciendo que estás “bien”, pero cada día te cueste más de lo que debería, no importa qué etiqueta tengas.